La abdicación del Rey Juan Carlos fue diseñada en secreto por cinco personas

Xan Pereira

Conspiración, secretismo, manipulación y uso de las instituciones han sido la seña de identidad del reinado del Rey Juan Carlos y, como no, también durante los preparativos de su abdicación.

El Rey Juan Carlos se dirigió a la nación hace 5 años a través de la televisión pública para explicar los motivos de su renuncia: «Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías y con una nueva forma de enfrentar la realidad». «Quiero lo mejor para España», ha recalcado, para añadir que el Príncipe Felipe «encarna la estabilidad, que es seña de identidad para asegurar esa estabilidad».

En abril de 2013, el Rey Juan Carlos encargó a José María Aznar un informe sobre cómo afrontar una abdicación. Aznar confío el asunto a dos colaboradores: Javier Zarzalejos (una visión política) e Ignacio Astarloa (una más jurídica). A principios de verano, entregaron a Zarzuela el informe. El objetivo era cerrar la puerta a que se abriera un debate sobre la Monarquía y que la ciudadanía tuviese la oportunidad de opinar. Casi un año después del encargo que le hicieron, se aprobó la Ley Orgánica 3/2014, de 18 de junio, por la que se hizo efectiva la abdicación y pudieron ponerse a trabajar en ella.

Cinco personas se reunieron en el despacho del jefe de la Casa del Rey en el Palacio de la Zarzuela durante dos meses, abril y mayo de 2014, para preparar la abdicación del que pasó a ser el Rey Emérito. Fueron Javier Ayuso, director de Comunicación de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, jefe de la Casa Real; Alfonso Sanz Portolés, secretario general; Domingo Martínez Palomo, jefe de gabinete; y Jaime Alfonsín, jefe de la secretaría del entonces Príncipe de Asturias. También estaban al corriente Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, presidente del Gobierno y jefe de la oposición.

«El trabajo que cada uno hacía durante el día lo guardábamos en un pendrive, cada uno el suyo. No podíamos grabarlo en el disco duro de los ordenadores», recuerda Javier Ayuso a el diario El Mundo. «A la hora de la reunión, imprimíamos el material del día y al terminarla lo destruíamos todo». La consigna era no dejar rastro alguno.

«El peor momento fue el fin de semana anterior a la abdicación. El temor a que se filtrara». A primera hora del 2 de junio, la noticia estaba ya en algunos medios de comunicación. Mariano Rajoy lo hizo público a las 10.30 horas. El Rey Juan Carlos compareció después, a las 13.00 horas, desde el Palacio de la Zarzuela.

La abdicación se fraguó con tal secretismo que la mayoría de los responsables de las principales instituciones del Estado no la conocían. Sólo el Poder Ejecutivo estaba al tanto, no así el Legislativo y el Judicial. A la Reina Sofía y el Príncipe Felipe, Don Juan Carlos se lo comunicó en enero.

Conspiración, secretismo, manipulación y uso de las instituciones para otro tipo de acciones que no tienen que ver con el bien común ha sido la seña del reinado del Rey Juan Carlos y, como no, también durante los preparativos de su abdicación. El resultado de ello fue que los ciudadanos, como hace 40 años, no pudimos opinar sobre que sistema representativo era el indicado para nuestra democracia.


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