Juan Albarracín: ‘El instinto debía ser un thriller que ahogara cada vez más y más al espectador’

Entrevistamos al guionista y director de cine murciano Juan Albarracín, sobre su ópera prima ‘El instinto’, protagonizada por Fernando Cayo y Javier Pereira.

Por Angelo Nero | 18/06/2026

El ser humano posee los mismos instintos que los animales: supervivencia, reproducción, miedo ante el peligro, impulso de defensa, pero, lo que nos diferencia es la capacidad de reprimir esos instintos, de razonarlos o modificarlos a través del aprendizaje, la cultura y las reglas de convivencia que nos imponemos. También hay animales que, a nuestra semejanza, son capaces de moldear esos instintos, en base a una educación, son los animales que llamamos domesticados, como los caballos o los perros, un proceso que no está exento de coacción, de temor, de violencia. ¿Que sucedería si ese método de aprendizaje que empleamos con los animales, para domesticar su lado salvaje, fuera utilizado para hacer el camino inverso con los humanos, para que aflorase esa naturaleza salvaje? Ese es el punto de partida de El instinto, la primera película del director y guionista murciano Juan Albarracín, un adrenalínico y asfixiante thriller, en el que nos presenta un impresionante tête-à-tête interpretativo entre Fernando Cayo (El orfanato, Mataharis, The Counselor, La casa de papel), y Javier Pereira (Stockholm, Días azules, Que Dios nos perdone, Cuéntame). De los pormenores de este excelente film hablamos con su director.

‘El instinto’ nace de tu trabajo de fin de grado de tus estudios de Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid. ¿Cómo surge la idea de convertir ese guión en tu primer largometraje y como fue el proceso de poner en marcha el proyecto? ¿con qué dificultades te encontraste para financiar la película?

Cuando llegué a Madrid en 2017 empecé a trabajar con Dany Campos. Tuvo la infinita generosidad de ofrecerse a producir mis primeros proyectos. Cortometrajes de escuela que escribía y dirigía bajo una misma premisa: rodar guerrilla buscando calidad y estilo. Un guión potente era siempre el punto de partida. Luego, contar con buenos actores que lo pusieran en pie. Y por último, planificar con personalidad y carácter.

Esta misma línea fue la que seguimos cuando, en 202o, me propuso escribir mi primer largometraje. En aquel momento estaba cerca la entrega de mi trabajo fin de grado, y pensé que sería un buen ejercicio. Plantear un guión cuya producción fuera asumible para nosotros, y que además tuviera valor académico y teórico. El guión lo entregué en junio de 2021 y en septiembre empezamos a financiar la película. Productoras y distribuidoras veían el potencial en el concepto, pero a todo el mundo le costaba apostar por ella. La película es oscura y transita por lugares arriesgados. Pero finalmente tuvimos la suerte de que Twin Freaks Studio, Horizon Media y Trilita Films entraran. Y gracias a la financiación de la Región de Murcia y el resto de agentes públicos y privados pudimos llevarla a cabo en mayo de 2023.

Fernando Cayo es un actor consolidado que ha trabajado, entre otros, a las ordenes de Juan Antonio Bayona, Daniel Calparsoro, Gracia Querejeta, Pedro Amodóvar, Rodrigo Cortés o Ridley Scott. ¿Ha sido muy difícil conseguir que se involucrara en una película de un autor novel, y se metiera en la piel de José, el adiestrador de perros que quiere reeducar a su vecino?

Fernando entró al proyecto enseguida. Contactamos con él a través de Juana Martínez, la directora de casting. Fue una prueba de legitimidad muy importante para nosotros. Sin conocernos ni haber trabajo previamente con nadie del equipo, vio la oportunidad de construir un personaje singular, al que no había podido enfrentarse antes. Si tuvo dudas no las manifestó, pero sí noté cómo su nivel de implicación se multiplicaba conforme empezamos a trabajar en los ensayos. Creo que nació una relación muy especial entre nosotros, basada en la confianza mutua y la entrega libre y sin prejuicios al proceso de creación artístico. Estoy muy orgulloso del trabajo que hicimos. Es, sin duda, uno de los mayores hitos de la película.

El otro protagonista, Javier Pereira, aunque es más joven, también tiene una dilatada carrera en televisión, cine y teatro, sin embargo en pocos papeles le hemos visto llegar al nivel interpretativo como en el personaje de Abel, el arquitecto que sufre de agorafobia. ¿Cómo encaró, tanto a nivel físico como a nivel mental, un reto de estas dimensiones?

Con Javier el proceso fue algo distinto. Entró al proyecto bastante antes y conversamos mucho sobre la dirección que debíamos darle al protagonista. En guión, Abel era un personaje más naif. Ambos creímos que le faltaba oscuridad y crudeza. Y bajo esta premisa, Javier empezó a investigar cómo aportar esta dimensión más compleja al personaje. Se reunió con personas que padecen agorafobia, estuvo documentándose durante varias semanas y aportó capas al personaje que no estaban en el papel. En este sentido, consiguió llevarlo a un extremo que no teníamos planteado al principio, y que también le dio más profundidad a la película.

Ese trastorno de ansiedad caracterizado por el miedo a los espacios abiertos, se nos antoja difícil de entender después de haber sufrido el confinamiento de la pandemia, sin embargo no tardamos de compartir la angustia del protagonista, atrapado en su casa y a merced de su peculiar vecino. ¿Cómo fue la tarea de documentación para fabricar este personaje? ¿tuviste alguna referencia cinematográfica o Abel surgió de alguna experiencia cercana?

El confinamiento de la pandemia tuvo mucho que ver en el nacimiento de esta historia. Si bien puede parecer contradictorio ya que la mayoría necesitábamos salir desesperadamente de nuestras casas, hubo otra gran parte de la población que percibía el mundo exterior como un espacio hostil. Yo mismo pasé por ambas fases. Por eso, cuando íbamos recuperando poco a poco la normalidad, entendí que mi mente había convertido la calle en un espacio peligroso. Recordaba mi casa como un lugar seguro. Y fue en este proceso de recuperación psicológica donde nació la idea de contar la historia de un personaje agorafóbico. Luego, la documentación médica y fílmica construyeron la base de la película.

‘Me han tratado como un perro’, es más que una frase hecha, es la constatación del maltrato que han sufrido muchos animales domesticados, que hasta la promulgación de la Ley de Bienestar Animal, en 2023, ni tan siquiera era un delito. ¿Poner a una persona en ese rol, es también una forma de reflexionar sobre el trato que le damos a nuestros animales?

Sin lugar a dudas.

También parece que hay en ‘El instinto’ una cierta reflexión sobre esa gente que abandona la ciudad para irse al campo, pero que le cuesta relacionarse con el mundo rural, sin embargo la película está muy lejos de ese cine rural que parece tan de moda ahora. ¿Querías incidir en esto también?

El beatus ille es un tópico literario que nos acompaña desde hace siglos. En España, de hecho, miles de autores clásicos y contemporáneos han buscado en el rural aquello que no encontraban en la ciudad para dar sentido a sus historias. Porque de alguna manera, ese trauma campesino siempre ha estado presente en nuestro imaginario y grabado a fuego en el ADN nacional. Sergio del Molino lo explica genial en La España vacía y en Contra la España vacía.

Aunque es cierto que en los últimos diez años hemos vivido una reminiscencia constante del rural contemporáneo en el cine Español, en El Instinto no había una voluntad manifiesta de hablar sobre esto. La historia se ubica allí por dos motivos: una necesidad argumental y un arraigo indisociable de mi experiencia vital al campo murciano. Si hubiera nacido en Madrid, quizás el personaje agorafóbico no habría podido salir de su apartamento en Chamberí o en el Barrio Salamanca. Pero me críe en Tiata, una pedanía de Lorca, en Murcia. Y cuando estableces el espacio en el que se va a desarrollar la trama, es inevitable que aparezcan dinámicas que conoces de cerca y que deben estar allí por rigor narrativo. Como es, en este caso, el choque entre el nómada digital y la cara más cruda del rural.

La película está estructurada en tres partes, como si fuese el adiestramiento de un perro, pero nada hace adivinar como se va a resolver la situación, y nos mantiene en vilo hasta los últimos fotogramas. ¿La clave de ‘El instinto’ además del peso interpretativo de los tres protagonistas, es ese ritmo de thriller, que te mantiene pegado a la butaca?

Me alegro de que lo hayas sentido así. Como bien dices, la película se sostiene principalmente sobre esos dos pilares. Debía ser un thriller que ahogara cada vez más y más al espectador. Y fueron también clave, en este sentido, el trabajo de puesta de cámara, el montaje y la música para construir ese desasosiego tan particular.

Otro punto fuerte de la película es la elección de la tercera protagonista, que interpreta a Sonia, la socia y ex pareja de Abel, a la que da vida, Eva Llorach, habitual en la filmografía de Carlos Vermut, y que también ha trabajado con directores como Daniel Calparsoro o Leonardo Brzezicki. ¿Qué importancia le dabas en el guión a su personaje, que tiene un papel determinante en la historia?

Sonia detona la trama, es el punto de anclaje del protagonista a la vida real. Define la relación que tiene Abel con el mundo, con José, y con su propia madre. Esta fue quien marcó su vida, y cuyo recuerdo ni siquiera es capaz de evocar sin que aparezcan los episodios de maltrato de su padre. Tuvimos la suerte de que Eva Llorach lo entendiera y confiara en nosotros. Sin este personaje y esta actriz, la película sería muchísimo más pobre en todo su conjunto.

La música de la película ha sido creada por Pablo Serrano, conocido como PBSR, un músico, compositor y productor musical murciano, que crea inquietantes paisajes sonoros con los que acentuar la dramatización de varias escenas. ¿Por qué te decantaste por una banda sonora tan vanguardista y cómo fue la colaboración de la brillante canción de Arde Bogotá que sale en los créditos?

Conocí a Pablo en 2019, cuando trabajamos en un cortometraje titulado Volver al sur. Es una persona excepcional y un músico con una capacidad extraordinaria. Desde aquella primera colaboración deseé que no fuera la última. Las atmósferas que construye Pablo son diferentes, expansivas y con un punto emocional y personal muy importante. Su música es experimental pero va directa al corazón. Como te digo, verle trabajar es impresionante. Tenía claro que la música de El Instinto debía tener un punto diferenciador, algo que la desmarcarse de una composición más clásica. Y para conseguirlo, solo fue cuestión de darle libertad a Pablo. Porque no se le pueden poner vallas al campo y su talento es inabarcable.

En cuanto a la canción final, la idea partió de Juan Poveda, el productor. Él propuso añadir un tema ya compuesto para los créditos finales. Preferiblemente de un grupo murciano. Yo pensé en Arde Bogotá y en Los Perros casi al instante. En aquel momento la canción era conocida pero no se había convertido en el hit que luego fue. Hablamos del verano de 2023. El resto es historia, claro.

No se puede dejar de mencionar al director de fotografía, Iván Emery, que atrapa unas texturas formidables, y del trabajo de esa cámara que a veces parece mirar desde un escondite, y que continuamente se está moviendo, acentuando la inquietud del público. ¿Cómo trabajaste ese lenguaje dinámico de la cámara y cómo fue la elección del formato más recortado de la pantalla?

Como en el caso de Pablo, la capacidad, la generosidad y el talento de Iván también son impresionantes. Estuvimos hablando del proyecto a lo largo de un año, mucho antes de tener luz verde para rodar. Cruzando ideas y posibilidades. Iván y yo compartimos una mirada muy concreta sobre qué es el cine y cómo debe hacerse. Ponemos el foco en el mismo sitio y nos entendimos desde el primer momento.

La propuesta de cámara es agresiva, excesiva incluso. Pero, de nuevo, sentimos que debíamos apostar. Diferenciar la película a nivel estilístico. No debía ser bonita, sino cruda y sucia. Incómoda y desagradable. Y quisimos llevar la propuesta al límite. En cuanto al formato, fue de las primeras cosas que apareció. Me atrevería a decir que casi sobre guión. El formato era extraño para una película de ficción . Estrecho pero con una ligera sensación panorámica.

Por último, ¿qué recorrido ha tenido la película tanto en salas como en festivales, cuál es el ‘feedback’ que te ha llegado, y dónde puede verse actualmente?

La película se estrenó en 41 salas de toda España y hemos tenido la inmensa suerte de acompañarla por todo el mundo en su viaje por festivales. Desde España hasta Brasil, pasando por Argentina, México, Estonia, Suiza, Noruega, Suecia… El feedback del público ha sido extraordinario. La película genera entusiasmo y rechazo a partes iguales. Esto es, en realidad, el objetivo último que perseguíamos. Generar reacciones genuinas, sinceras. No queríamos que dejara indiferente. Y en este sentido, sentimos que lo hemos conseguido. Ahora está disponible en Filmin, Movistar Plus (Ficción total), FlixOlé y Shadowz.

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