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La dimisión de Joe Kent, Director del Centro Nacional Antiterrorista, supone una fisura visible en la cúpula de la administración Trump.
Por Fernando Ariza | 17/03/2026
La dimisión de Joe Kent como Director del Centro Nacional Antiterrorista (National Counterterrorism Center, NCTC) ha sacudido Washington este 17 de marzo, convirtiéndose en el primer alto funcionario de la administración Trump en renunciar públicamente por desacuerdos con la agresión contra Irán.
Kent, un veterano del Ejército con experiencia en operaciones especiales y exmiembro de la CIA, fue confirmado en el cargo en julio de 2025 tras una nominación controvertida del presidente Donald Trump. Su designación generó críticas por sus posturas previas y vínculos políticos, pero fue respaldado por una mayoría republicana en el Senado. Durante su breve mandato, Kent testificó en audiencias sobre amenazas globales y defendió las políticas antiterroristas de la administración.
En un mensaje publicado en la red social X esta mañana, Kent anunció su renuncia con efecto inmediato y expuso sin rodeos las razones de su decisión:
Tras mucha reflexión, he decidido renunciar a mi cargo como Director del Centro Nacional Antiterrorista, con efecto inmediato.
No puedo, en conciencia, apoyar la guerra en Irán. Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y es evidente que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense.
Ha sido un honor servir bajo el mandato del Presidente y la Directora de Defensa Nacional, y liderar al equipo de profesionales del NCTC.
Que Dios bendiga a Estados Unidos.
El texto ha generado una inmediata ola de reacciones. Medios como NBC News, Politico, Axios y la AP destacaron la gravedad de las acusaciones: Kent no solo cuestiona la justificación de la intervención militar (al afirmar que no existía «amenaza inminente»), sino que apunta directamente a la influencia israelí y al lobby sionista en Estados Unidos como detonante del conflicto.
La agresión imperialista contra Irán escaló drásticamente a finales de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron operaciones coordinadas contra instalaciones nucleares, bases militares y altos mandos iraníes. La administración Trump describió estas acciones como necesarias para eliminar «una amenaza nuclear inminente» y prevenir que Teherán obtuviera armas atómicas. Israel, por su parte, las presentó como defensa existencial contra un gobierno que considera terrorista.
Sin embargo, la renuncia de Kent llega en un momento delicado: tras semanas de bombardeos mutuos, misiles iraníes contra Israel y respuestas estadounidenses, el conflicto se ha extendido por Oriente Medio.
La salida de un alto funcionario de inteligencia antiterrorista podría erosionar la confianza interna en la estrategia de la Casa Blanca, especialmente entre sectores que apoyaron a Trump bajo la promesa de evitar «guerras interminables».
La declaración de Kent también ha avivado el debate político. Algunos republicanos sionistas han respondido con dureza, calificando sus palabras de irresponsables o antisemitas implícitas. Otros, incluidos voces del sector «America First», ven en su postura una defensa coherente del aislacionismo y una crítica a intervenciones extranjeras impulsadas por intereses externos.
Por ahora, la Casa Blanca no ha emitido un comentario oficial detallado sobre la renuncia ni sobre la sucesión en el NCTC. Lo que está claro es que la dimisión de Joe Kent no es solo un cambio de personal: representa una fisura visible en la cúpula de la administración ante el costo humano, económico y estratégico de una guerra que, según sus propias palabras, no tenía base de amenaza directa contra Estados Unidos.
El episodio deja abierta una pregunta central: ¿cuántos más altos funcionarios cuestionarán en privado —o en público— la decisión de entrar en conflicto con Irán? En un año electoral de medio término, la respuesta podría tener consecuencias profundas.
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