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El álbum ‘Jailbreak’ era el sexto de la banda irlandesa de hard rock Thin Lizzy, publicado en 1976, que fue también el más vendido en la historia del grupo liderado por el carismático Phil Lynott.
Por Angelo Nero | 20/04/2025
El primer disco, al menos en mi generación, marcaba tanto como el primer beso. En mi caso fue un amor a primera vista, impulsivo e inconsciente, ya que, entonces, como mucho, habías escuchado uno o dos temas en la radio, antes de decidirte. A mi lo primero que me decidió a hacerme con mi primer vinilo, allá por mis tiernos 13 años, fue la portada, obra del artista dublinés Jim Fitzpatrick, y que recreaba la estética del universo Marvel -en aquel tiempo era un insaciable devorador de tebeos- y del mundo celta. El álbum “Jailbreak” era el sexto de la banda irlandesa de hard rock Thin Lizzy, publicado en 1976, que fue también el más vendido en la historia del grupo liderado por el carismático Phil Lynott.
Thin Lizzy se había formado diez años antes, en 1969, con el batería Brian Downey y el propio Lynott al bajo, a los que se sumaron el guitarrista Eric Bell y el organista de Belfast Eric Wrixon, para completar el cuarteto oficial, aunque su paso por la banda fue más bien fugaz. El nombre de la banda fue tomado de un robot de la historieta británica The Dand y llamado Tin Lizzie. Tras varios cambios en la formación -entre ellas el paso de Gary Moore-, Lynott y Downey realizaron varias audiciones de guitarras y se decidieron por el escocés Brian «Robbo» Robertson y al californiano Scott Gorham con quienes grabaron “Jailbreak”, entre diciembre de 1975 y enero de 1976, en un estudio de Buckinghamshire y los Ramport Studios de Londres.
Tras finalizar una gira junto a Status Quo, y con la sombra del fracaso de sus dos álbumes anteriores, “Nightlife” (1974) y “Fighting” (1975), su sello, Vertigo Records, les dio una última oportunidad, que el grupo irlandés supo aprovechar, bajo la producción de John Alcock.
El duelo de las twin guitars de Robertson y Gorham es arrollador desde el primer corte, “Jailbreak”, una frenética avalancha de riffs que moldearían el sonido de la banda, y un Phil Lynott narrando con su voz hipnótica e inimitable la fuga de una prisión, “Tonight there′s gonna be a jailbreak / Somewhere in this town / See me and the boys we don’t like it / So we′re getting up and going down”, y en la mitad de esta delirante fuga, ese Breakout, con el solo de Brian Roberson, en medio de las sirenas de la policía. Lynott se revelaría en este disco como un letrista excepcional, como reconocerían músicos de la talla de Bob Dylan o Bruce Springsteen.
El segundo corte del disco, “Angel from the coast”, cuya autoría comparten Lynott y Roberson, viene a confirmar que aquí no hay ningún tema de relleno. La base rítmica de Brian Downey es arrolladora y por veces tiene un toque funky, y las guitarras de Robbo y Scott dibujan un duelo melódico -con otro solo memorable de Gorham- sobre el que el vocalista irlandés (aunque realmente nació en West Bromwich, Inglaterra) narra otra de sus historias urbanas tiznadas de magia para ser escuchadas frente al fuego, “The cops they came like lightning / The bullets flew astray / The noise it was frightening / The crook he got away”. Un tema que habría podido firmar Led Zeppelin.
Phil Lynott no era solo un buen compositor de letras, sino también un creador extraordinario de melodías, como “Running Back”, que hacen que se te muevan los pies al escucharlas. Aunque la letra de esta canción también es realmente brillante, por muy sencilla y repetida que sea la historia que cuente “I’m a fool now that it’s over / Can you guess my name? / I make my money singing songs about you / It’s my claim to fame / When they say it’s over / It’s not all over, there’s still the pain”, no todo ha terminado, todavía está el dolor… y ese lamento de “I’d come running back to you again”, Vendría corriendo de vuelta a ti otra vez… El productor John Alcock y Phil Lynott decidieron sumar a varios músicos de estudios, como Tim Hinkley -que grabaría también con Whitesnake, Dr. Feelgood o Roger Daltrey-, al teclado, y una línea de saxo, a pesar de la disconformidad de Brian Roberson, que quería mantener la versión original, más blusera, que lo incluyera tocando el piano y la guitarra bottleneck, y que grabó, finalmente, su propia en su álbum de 2011 “Diamonds and Dirt”.
El disco no baja de intensidad, y en el cuarto corte nos regala con “Romeo and the Lonely Girl”, con un protagonismo de la percusión de Brian Downey y un estrabillo pegadizo “Oh poor Romeo / Sitting all on his own-ee-o”. Y a mitad del tema otro solo memorable de Scott Gorham, que interrumpe la narración de Lynoot sobre los desamores de Romeo y la chica solitaria, “For all his good looks there were scars that he took / And a lesson to be learned / Never judge lovers by a good looking covers / The story might be spurned.”
La cara A del disco termina con el precioso “Warrior”, que comienza con un minuto de oro instrumental, donde las guitarras de Robertson y Gorham -este último coautor del tema- dibujan un arabesco de cuerdas, para dar entrada al fraseo de Lynott, “I am the warrior / I serve the death machine / Losers or conquerors / All flash past on my silver screen”, una visión algo apocaliptica de un futuro que, precisamente, no es bonito, y que puede que ya esté aquí. Un solo de guitarra de los que hacen escuela y un solo de batería en los que Brian Downey suma seguidores a su legión, y para completar un hábil duelo de cuerdas entre Robbo y Scott, y ese coro final que ya puede anunciar al ángel exterminador. Un puto temazo, que te deja noqueado como un boxeador al que le han alcanzado con un contundente hook.
«Cuando escribí Warriors», comentó el líder y compositor Phil Lynott en 1976, «la única forma en que podía dar una idea de los grandes drogadictos era describiéndolos como guerreros; que realmente salen y lo hacen. Gente como Hendrix y Duane Allman eran perfectamente conscientes de la posición en la que se estaban metiendo. No se enganchaban lentamente. Fue una decisión consciente salir y llevar la cosa lo más lejos posible «. Diez años más tarde el propio Lynott moría a consecuencias de una sobredosis de heroína.
La cara B del vinilo se abría con el mayor éxito de la banda irlandesa, “The boys are back in town”, que llegó a ser número uno en las listas no solo de Irlanda, sino también de Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. La línea dibujada por el bajo de Lynott es perfecta, y sobre ella cabalgan las guitarras de Robertson y Gorham, mientras el cantante mulato narra otra historia callejera de rebeldes sin causa, “Guess who just got back today? / Them wild-eyed boys that had been away / Haven’t changed, haven’t much to say / But man, I still think them cats are great”. Los chicos estaban otra vez en la ciudad, y habían venido para quedarse. Este tema también contribuyó a que recibieran el disco de oro en UK y EEUU, donde ese año se fueron de gira con Aerosmith. El solo de guitarras gemelas y ese estribillo machacón que lanza Lynott y replica, como un eco, Gorham, son las claves de éxito del tema.
El tema más tranquilo del álbum, «Fight or Fail«, empieza con melodías sedosas de las cuerdas, con la sección rítmica pausada, con un toque de jazz, y Phil Lynott, cantando para si mismo, “Brothers, here I stand / Spread my wings and take command / The sky he justly planned / The boy become a man”, una de las melodías más dulces del disco y de las letras más inspiradas, “Brothers fight or fall / It’s man for man and one for all / No more can we crawl / Brothers, brothers heed the call”. El solo de guitarra contenido, y una atmósfera funky hacia el final, con Lynott llamando a sus hermanos “Brother, brother” y arengando a la lucha hasta el final “What you want? / Brothers we gotta fight for one another! / Fight!”.
El penúltimo tema de esta joya musical, “Cowboy Song”, fue compuesto por Lynott y Downey, y comienza con un toque genuinamente country, como si el mulato se hubiese transformado en el Ricky Nelson de Rio Bravo y cantase frente a la hoguera, dibujando una línea de bajo que, con la transición de la batería, se pone a cabalgar al ritmo de las guitarras: “I am just a cowboy lonesome on the trail / A starry night, a campfire light / The coyote call, the howling winds wail / So I ride out to the old sundown / I am just a cowboy lonesome on the trail / Lord, I’m just thinking about a certain female 7 The nights we spent together riding on the range / Looking back it seems so strange”. El californiano Scott Gorham rasga las cuerdas y la hace aullar como un coyote en otro de los solos memorables del disco, mientras que los vaqueros irlandeses cabalgan sobre el fraseo de Phil Lynott, para acabar en un duelo… de guitarras.
Y para cerrar el disco, con un broche de oro, “Emerald” un tema épico de genuino hard rock, que señala la línea que Thin Lizzy continuaría en su siguiente álbum, otro de sus imprescindibles, “Black Rose”, lleno de referencias a Eire, la isla esmeralda, y a su historia: “Down from the glen came the marching men / With their shields and their swords / To fight the fight they believed to be right / Overthrow the overlords / To the town where there was plenty / They brought plunder, swords and flame / When they left the town was empty / Children would never play again”. Al principio se marca el ritmo de los que van a la batalla, hasta que estalla un sólo de guitarra, de esos que despiertan de sus tumbas a los caídos, otro par de estrofas y ese duelo de guitarras que tuvieron tantos imitadores, con la percusión disparando a ráfagas y un final apoteósico, de esos, cuando a finales de los setenta y principios de los ochenta nos indicaba que se había terminado la audición del disco, solo admitía un comentario: “Pon esa música de nuevo”.
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