Involución

Por Iria Bouzas

Una vez que Napoleón fue derrotado, los Estados vencedores se reunieron en el Congreso de Viena para conseguir una paz duradera y volver a los principios del absolutismo monárquico del Antiguo Régimen.

A lo largo de la historia existen muchísimos ejemplos de cómo  las crisis sociales, políticas o económicas provocan inmediatamente una respuesta involucionista en la sociedad.

El miedo y la inseguridad producen en los seres humanos una necesidad de volver a lo conocido, de volver al refugio en el que encontrarse rodeados por una sensación de seguridad que aunque en la mayoría de los casos es falsa, supone un ancla muy tranquilizadora desde el punto de vista psicológico.

Es ahí cuando los valores tradicionales se presentan como la salvación ante la incertidumbre y el miedo. En momentos así, las posiciones conservadoras se revisten de un nuevo atractivo para muchas personas atribuladas ante tanta incertidumbre.

Y aunque estemos padeciendo una crisis de mediocridad e incultura de los poderes políticos actuales, esta realidad la conocen y no duden de que están actuando en consecuencia.

Llevamos más de una década con una crisis económica brutal. Crisis que por más que se empeñen en negar, sigue teniendo a una cuarta parte del país sumergido en la pobreza.

La generación con más fuerza y empuje, los jóvenes, se criaron en una burbuja de falsa abundancia económica y de golpe y porrazo, un día se vieron empujados a la precariedad laboral y a la falta de perspectivas de futuro.

El caldo de cultivo para la involución está preparado y si todavía no ha empezado hervir del todo es porque quizás le falta aún un poquito de temperatura.

Así que prepárense para los próximos acontecimientos. Me temo que nos vamos a hartar de ver situaciones que nos den mucho miedo. Vamos a ver a muchos líderes políticos recordándonos que tenemos que estar muy, pero que muy asustados.

Una vez que ese miedo nos haya calado hasta los huesos. Una vez que no seamos capaces de abrir un periódico o de encender el televisor sin sentir verdadero terror ante las noticias que vayamos a ver.  Una vez que nos levantemos y acostemos llenos de angustia pensando en el bienestar de los que queremos. Una vez que todo esto esté pasando, serán esos mismos líderes los que se nos presentarán como nuestros únicos y verdaderos salvadores. Entonces reclamarán de nosotros una sumisión total a sus decisiones, fe ciega en sus medidas y sobre todo, una renuncia voluntaria y fácil a muchos de nuestros derechos y de nuestras libertades.

Cierto es que parte de este proceso ya lo hemos vivido en los últimos años. Pero va a ser una broma comparado con lo que nos viene encima si no somos capaces de anticiparnos y de combatirlo.

La involución nunca trae seguridad. La involución no trae estabilidad ni paz. La involución siempre ha traído recortes de derechos, atraso social y económico y sobre todo la acumulación del poder en unas pocas manos que por defecto terminan abusando de él.

Hace años se decía que las guerras del Siglo XXI iban a ser guerras de guerrillas.

Se equivocaron, las guerras de este siglo son guerras de códigos binarios. Un grupo de tecnócratas en el corazón de Europa deciden modificar algunas variables macroeconómicas, aprietan la tecla de un botón e inmediatamente después algún país de la periferia está de rodillas con su población pasando miserias, el caos instalándose en las calles y el futuro de varias generaciones reducido a cenizas.

Con lo que no han contado estos aspirantes baratos a emperadores plenipotenciarios, es con la otra dirección de esa interconexión del mundo. Aquellos que no estamos dispuestos a someternos a los dictados de quienes van a tratar de robarnos nuestra  ya exigua libertad tenemos la misma capacidad de transmitir nuestros conocimientos, opiniones e ideas con la misma rapidez que ellos y llegar a los mismos sitios recónditos que llegan sus viles acciones.

Al final, como siempre, volverán a perder. La cuestión es ¿qué precio habrá que pagar si les dejamos mucho tiempo antes de actuar?

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