Invertir en educación, invertir en nación: el desafío de la RASD

En este momento, es fundamental plantearnos dos preguntas clave: ¿Estamos haciendo lo suficiente para mantener a esa gente formada dentro del país, o estamos formando personas con el propósito de emigrar?

Por Héctor Bujari Santorum  | 9/02/2025

El futuro de una nación está estrechamente ligado a la calidad de su educación. Si bien no es el único factor determinante, juega un papel fundamental en su desarrollo. A lo largo de los años, la RASD ha buscado ofrecer formación a sus jóvenes a través de acuerdos con países como Argelia, Cuba, Venezuela, la República Árabe Siria y la Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista, aunque estas dos últimas naciones desaparecieron debido a intervenciones extranjeras.

Muchos economistas han estudiado la relación entre educación y crecimiento económico. Cuando un país invierte en educación, su economía crece más rápido a largo plazo. Además, algunos estudios indican que la calidad de la educación también influye en la movilidad social.

En la década de 1980, la perspectiva sobre este tema cambió, ya que se comenzó a resaltar el impacto de la tecnología y la acumulación de capital humano, a través de la educación, en el crecimiento económico. Es importante señalar que los modelos de crecimiento de los años 50 y 60 se centraban en la acumulación de maquinaria y equipo, y sostenían que la disminución de la tasa de retorno del capital hacía que este tipo de inversión no fuera suficiente para promover el crecimiento económico a largo plazo.

Según un estudio realizado por Alvarado, Gordillo y Requelme (2017), el aumento en el gasto público en educación tiene una relación directa y positiva con el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Ecuador, en el periodo 2000-2017. Los autores encuentran que una mayor inversión en el sector educativo contribuye al desarrollo de las ciencias, nuevas tecnologías y productos, lo que impulsa el crecimiento económico del país.

Analizan datos del Banco Mundial entre 2000 y 2017 para entender cómo el gasto en educación impacta en la economía. Se utiliza un modelo matemático que compara el crecimiento del PIB con el dinero que el gobierno invierte en educación, considerando otras variables como el gasto en salud, la inversión en infraestructura y la producción agrícola.

Los resultados confirman que cuando los países invierten más en educación, su economía se fortalece y la población tiene más oportunidades de mejorar su calidad de vida.

Hay una relación positiva entre el crecimiento económico de un país (medido por el PIB) y el gasto público en diferentes áreas, como educación, salud, agricultura y otros.

La educación es especialmente importante, ya que el estudio revela que el gasto público en educación tiene un impacto muy fuerte en el crecimiento económico.

El crecimiento económico no debe considerarse un fin en sí mismo, sino como un factor importante que contribuye al bienestar o la calidad de vida de la población. Sin embargo, la calidad de vida no depende únicamente de la economía; también está influida por otros factores y, especialmente, por cómo se distribuyen los bienes y servicios en la sociedad.

Sin embargo, formar estudiantes sin adaptarlos a las necesidades del país ni integrarlos en un proyecto nacional concreto limita su impacto.

La educación debe estar alineada con las demandas del mercado laboral y los sectores clave para el desarrollo del país. De lo contrario, se corre el riesgo de generar una desconexión entre lo aprendido y lo que realmente necesita la RASD. Es fundamental que la formación académica no solo sea de calidad, sino que también prepare a los jóvenes para contribuir activamente en áreas como la infraestructura, la salud o la tecnología, adaptando el currículo a las necesidades.

Además, la educación técnica y vocacional juega un papel esencial. Aunque la formación universitaria es importante, no todos los jóvenes deben seguir este camino. Ofrecer formación especializada en sectores estratégicos podría facilitar la integración de los egresados en la estructura estatal y en proyectos nacionales, maximizando su potencial.

Finalmente, formar a los estudiantes es solo el primer paso. También es crucial garantizar condiciones laborales adecuadas. Sin un entorno donde puedan aplicar sus conocimientos, muchos jóvenes se verán obligados a emigrar o no encontrarán oportunidades dentro del país, lo que afectará el desarrollo de la RASD.

Este es el caso actual, donde, a pesar de la formación recibida, muchos jóvenes abandonan el país debido a la falta de opciones laborales dentro de la estructura estatal y el proyecto nacional.

En este momento, es fundamental plantearnos dos preguntas clave: ¿Estamos haciendo lo suficiente para mantener a esa gente formada dentro del país, o estamos formando personas con el propósito de emigrar?

La juventud debe desempeñar un papel central en el movimiento revolucionario. Es esencial que su formación no se limite a lo técnico, sino que también aborde su formación política. Si no contamos con un respaldo firme de los valores fundacionales de sacrificio, corremos el riesgo de perder un aspecto crucial: el relevo generacional. Entiendo el relevo no como un simple cambio de figuras, sino como la renovación de ideas, la toma de iniciativas y el trabajo proactivo en beneficio de nuestra patria.

El consumismo occidental ha hecho una fuerte incursión en los campamentos de refugiados saharauis, impulsado por la globalización. El programa «Vacaciones en Paz» ha sido uno de los factores que ha contribuido a este cambio de mentalidad. Además, la instalación de internet ha acelerado aún más este proceso, exponiendo a los jóvenes saharauis a nuevas influencias.

La gente busca vivir mejor, mejorar su calidad de vida. El voluntarismo fue efectivo en los primeros años de trabajo en los campamentos, con cooperativas emergentes, maestros voluntarios y agricultores. Sin embargo, hoy en día, solo quedan vestigios de ese trabajo solidario. El siguiente paso hacia la liberación nacional no puede ser otro que la obtención de una soberanía económica y una independencia de la ayuda internacional.

Podemos contar con patriotas trabajando en sectores como la sanidad y la educación, a través de ONGs, durante sus períodos de vacaciones, pero la realidad es que el sistema educativo presenta claros desafíos. En las aulas, los profesores están insuficientemente formados, los materiales educativos son escasos, y la falta de recursos ha provocado un progresivo vaciamiento de las clases que antes estaban llenas de estudiantes. ¿A dónde van esos estudiantes?

Muchos se incorporan al trabajo junto a sus padres o se dirigen a la escuela coránica. ¿Por qué la escuela coránica? Porque al menos allí se garantiza la enseñanza del árabe clásico, así como la lectura y escritura de esta lengua. En la mayoría de los casos, las familias combinan la educación tradicional con la formación en la escuela coránica, buscando una alternativa que asegure la formación básica de sus hijos.

Ante esta realidad, surge una pregunta crucial: ¿Están las instituciones saharauis controlando adecuadamente la formación que reciben los jóvenes en las escuelas coránicas?

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