El dominio chino en publicaciones científicas apunta a la dimensión más profunda del conflicto: la soberanía tecnológica e intelectual. No se deben de tener en cuenta sólo las tierras raras, también las patentes, los procesos y el conocimiento para usarlas.
Los resultados de las votaciones del pasado jueves, arrojan un vuelco electoral, con el desplome de la coalición de gobierno y la victoria de la derecha del Partido Popular-Autogobierno Radical (Fólkaflokkurin), partidario de la independencia del archipiélago.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, en el cargo desde 2109, ha vuelto a ganar las elecciones al frente de los Socialdemócratas, aunque se note el desgaste del gobierno, y baja del 27,5% a menos del 22%, y pasa de 50 a 38 escaños.
El debate sobre Groenlandia va más allá de Donald Trump. Refleja un cambio profundo en la política internacional donde la geografía vuelve a ocupar un lugar central.
El peligro no reside en la irrupción de la modernidad, sino en la llegada, sin transición, de una modernidad sin interioridad, que opera en tierras habitadas como si fueran vírgenes, repitiendo, cinco siglos después, la historia colonial de América.
Solo en el año que lleva su segundo mandato, Trump ha convulsionado al extremo las relaciones internacionales, dándole la extremaunción al derecho internacional, herido de muerte en Gaza y hostigando a todos con su poder comercial y militar.