Plantear la existencia simultánea de Rusia y China como agresores y enemigos a batir es un escenario sin precedentes para la política estadounidense, que ni siquiera los estrategas más audaces como Henry Kissinger sugirieron.
Una mayor cooperación entre Estados Unidos y su aliado, Filipinas, ambos separados por 8.000 kilómetros de distancia, fortalecerá la presencia militar estadounidense en el este de Asia.
Durante su reciente conversación telefónica con el presidente estadounidense, Joe Biden, el presidente chino, Xi Jinping, afirmó que la cuestión de Taiwán es la primera línea roja que no debe ser cruzada en las relaciones entre China y Estados Unidos.
A la vista del resultado, las autoridades chinas se enfrentan al reto de repensar su enfoque de la política hacia Taiwán, en gran medida sustentado en conceptos ideados hace varias décadas y en un contexto netamente diferente al actual.