Sería de necios desvincular la victoria de Teherán del renovado impulso de los hutíes. Esto les ha llevado a arrebatarles a las fuerzas “oficiales” de Yemen, financiadas por Riad, todo el margen yemení del mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb.
Arabia Saudí parece estar inerte frente al avance de los hutíes, que no solo han golpeado refinerías; el oleoducto Este-Oeste, que le permitía a Riad sacar petróleo por el mar Rojo, ya que Ormuz se ha convertido en un pasaje intransitable
Desde noviembre del 2023, con la fase final del genocidio en Gaza, a manos de la entidad sionista, los hutíes fueron los únicos que operaron contra naves que tuvieran intereses en común con los judíos, desde entonces y hasta el año pasado.
El mensaje pakistaní a Teherán, de frenar a los houthies, se estaría arriesgando a convertir a la región en un panaché de múltiples frentes donde cada beligerante, en el que podrían llegar a participar hasta India y Afganistán, defendería posiciones muy distintas.
Estamos presenciando, y no es una exageración, el acta de defunción del monopolio de seguridad estadounidense en Oriente Medio. No murió de un golpe. Murió de irrelevancia después de los ataques iraníes.
Lejos de ser una víctima indefensa atrapada en el fuego cruzado, los Emiratos Árabes Unidos han desempeñado un papel crucial del lado de los agresores de Estados Unidos e Israel.
¿Por qué la FIFA ha extendido hasta tal punto la alfombra roja a Arabia Saudí, utilizando maniobras políticas de un cinismo y un populismo atroces? Sencillamente, el deporte ha pasado a un segundo plano frente a los intereses personales de Riad, y de Mohamed bin Salmán en particular.