¿Heterodoxos o herejes? Simplemente, economistas

Esteban Cruz Hidalgo
Presidente de Red MMT España
Ilustración de Manel VIZOSO

Si ponemos en una balanza qué ha pesado más para el progreso de la ciencia económica, ¿se decantaría del lado que representa una mejor comprensión del mundo o se inclinaría del lado de las implicaciones políticas que de sus análisis se prescriben? No es una pregunta fácil de responder.

El análisis científico en Economía, por su propia naturaleza, es siempre vulnerable a la corrupción y la captura ideológica. Ninguna cantidad de progreso intelectual jamás podrá eliminar las diferencias cualitativas entre las ciencias sociales y las ciencias naturales. Pero, ¿es solo la conveniencia política lo que hace a particulares posiciones ser aceptadas? A veces una idea puede descartarse debido a sus inconvenientes para un momento específico; o también la economía puede descarrillarse no solo por la política, sino por los cambios en los movimientos filosóficos. Seguramente, una mezcla de las tres causas apuntadas influye, y en cada momento histórico siempre hay una de ellas que predomina más intensamente.

Es muy característico en los académicos tomar aquella posición de que el progreso de la teoría económica es acumulativo, y que por tanto no merece la pena enseñarles a los estudiantes aquello que no ha sido incluido en el último manual de Economía. Solo lo que se mantiene es útil; lo que no sirve ya ha sido desechado. No merece la pena perder el tiempo con ello. La ingenuidad con la que se acepta este planteamiento en Economía es sorprendente. Pero la explicación de la ingenuidad es muy débil, debe haber algo más. ¿Acaso no es el mercado de las ideas un mercado eficiente donde las mejores ideas son elegidas y las malas desechadas? La cuestión es que si algún estudiante no es tan ingenuo como para aceptar acríticamente el estado de cosas de la disciplina, los incentivos existentes dentro del circuito académico para publicar en las mejores revistas y poder encontrar hueco en la carrera académica se encargarán de corregir su actitud o bien, de eliminarlo del circuito. De hecho, es muy probable que buena parte de las últimas generaciones de economistas no se hayan llegado a preguntar nada sobre la forma en la que hacen Economía. La competencia en el circuito académico absorbe todo el tiempo, y el coste de oportunidad de pararte a pensar sobre qué es lo que realmente estás analizando es demasiado elevado. El economista es producto de un entorno social determinado y de su ubicación particular en este entorno, lo que le condiciona a ver ciertas cosas en lugar de otras, y a verlas desde una cierta luz. La cultura de publicación o muerte es el mecanismo que asegura la captura ideológica. El monocultivo de una visión del mundo específica prevalece en nuestra disciplina de este modo. La alienación es tal que buena parte de los participantes de este círculo vicioso creen incluso operar como técnicos meramente neutrales. Los individuos no nacen como economistas. Se moldean a través de la formación formal. Esta capacitación configura la forma en que abordan los problemas, procesan la información y llevan a cabo investigaciones, lo que a su vez influye en las políticas que favorecen y el papel que desempeñan en la sociedad.

El análisis económico no es un proceso lógicamente consistente que comienza con algunas nociones primitivas a las que luego van añadiéndose una serie de ideas en línea recta. El desarrollo de técnicos hábiles que saben cómo usar ciertos programas informáticos, ejecutar correlaciones y regresiones masivas, pero que son increíblemente ignorantes de los detalles de las instituciones económicas es un planteamiento ahistórico destinado al fracaso de la comprensión de las relaciones humanas. Cuando las mentalidades se vuelven tan fijas en los modelos formales que los individuos no pueden tratar con ideas fuera de estos modelos, puede decirse con claridad que la Economía como disciplina ha perdido su orientación.

Pensemos por ejemplo en el dinero: ¿Qué lugar ocupa el dinero en los modelos de la escuela neoclásica? ¿De dónde surge? ¿Cuál es su papel y naturaleza? ¿Qué es y por qué es aceptado? ¿Cómo y por qué ha evolucionado? ¿Cómo influye sobre las variables reales? Las instituciones no pueden ser modeladas de forma clara y por lo tanto, los investigadores que trabajan en el enfoque dominante ni siquiera llegan a plantearse tales preguntas directamente, como lo hacen por ejemplo paradigmas como la Teoría Monetaria Moderna. Las necesidades de la expresión formalista superan las necesidades del sentido común, y la claridad de los modelos interfiere en la claridad del significado. El conocimiento tiene profundidad multidimensional y amplitud, y algunas de las dimensiones del conocimiento económico incluyen análisis, datos, historia, instituciones y cuestiones de política y poder. La precisión es útil para extraer el 30% final del conocimiento que se puede extraer de un conjunto de datos y para publicar en revistas, pero, la observación simple, el estudios de casos, conocer las instituciones, o leer la literatura existente a menudo le dan primero el 70% de lo que puede saber sobre un problema. Pasar a un modelo econométrico preciso antes de haber utilizado estas otras técnicas imprecisas es una forma ineficaz de entender un problema. Parece que estamos comprometidos en descubrir más y más números, y lo que significan cada vez menos.

Es apropiado traer en este momento a la mente del lector de este artículo la imagen de un telescopio que se usa para magnificar, en una dirección, aquellos aspectos en los que el economista ha elegido concentrarse; así como para reducir, en la dirección opuesta, aquellos aspectos que van a desempeñar un papel secundario. La cuestión es, ¿quién va a elegir los aspectos que se van a magnificar y los que se van a reducir? Esta es una pregunta preocupante. Las características particulares del proceso de simplificación plantean un problema en la etapa de aplicabilidad y utilización; y esto es relevante para la sociedad en su conjunto. ¿Cómo va a prestar atención la sociedad a las recomendaciones que emanan de las teorías dominantes de cada momento, cuando existen teorías alternativas que usan métodos legítimos y que se oponen? Y lo más importante: ¿hasta qué punto debería fomentarse o desalentarse el desarrollo de teorías alternativas? Estas preguntas no son simplemente académicas. La única solución posible que veo es ampliar la clase de hechos elegibles o clase de observaciones que uno está dispuesto a tener en cuenta.


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