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‘Heltzear’ es un cortometraje de movimientos ágiles y pensamientos pesados, un viaje desde la oscuridad hacia la luz, donde no solo la escalada deja marcas en el cuerpo.
Por Angelo Nero | 5/01/2026
“En euskera, el verbo “heldu” tiene un significado polisémico. Puede significar llegar, agarrar o madurar. En su forma conjugada, “Heltzear” quiere decir ‘a punto de’ todas esas cosas.
Heltzear es un cortometraje de ficción. Nos sitúa en el año 2000, en Donostia. La protagonista es Sara, una escaladora de 15 años que escribe una carta a su hermano ausente mientras se prepara para la ascensión más difícil de su vida, en dinámicas de entrenamiento intensas y repetitivas.”
Así presentaba el director donostiarra Mikel Gurrea su cuarto cortometraje, rodado en 2021, antes de dar el salto, al año siguiente, al largo con la excelente “Suro”, protagonizada por Vicky Luengo y Pol López. “Heltzear”, el primer corto rodado en euskera proyectado en el Festival de Venecia, fue producido por Irusoin, responsables de “Loreak” y “La trinchera infinita”, y está protagonizada por la escaladora Haizea Oses en el papel de Sara, y por Mikel Arruti y Oier de Santiago.
Fue rodado en Donostia, Andoain y en la cueva de Baltzola, en Dima, donde se encuentra “White Zombie”, el primer 8c a vista en la historia de la escalada. Lo consiguió Yuji Hirayama el 5 de octubre de 2004. Es una de las vías más populares de Baltzola y hoy en día sigue siendo objeto de deseo para muchos escaladores y escaladoras.
En palabras de Mikel Gurrea: “En este cortometraje quería combinar tres capas que forman parte de mi biografía, para generar una ficción. Lo que se cuenta en Heltzear no son vivencias propias, pero parte de tres capas que pertenecen a mi memoria. En primer lugar, estaba el contexto socio-político del año 2000 en Donostia. Atravesado por el conflicto vasco, que ejercía una presión sobre todas las personas y sobre los y las jóvenes de una forma específica. Junto con ese clima de conflicto, los adolescentes también teníamos experiencias vitales plenas. Por paradójico que resulte, para mí, el conflicto y la vida iban ligados de la mano. De ahí salió la segunda capa: la adolescencia, como época universal de cambio, de descubrimiento, de prueba y de pérdida de la inocencia. Yo tenía 15 años en la Donostia del año 2000. Como última capa, estaba la escalada deportiva. De los 15 a los 18 años yo vivía en la escalada: entrenaba cinco días a las semana y los fines de semana me iba a competir o a escalar en roca. En Heltzear quería poner esas tres capas en juego, para ver qué relaciones se establecían, sin buscar significados cerrados ni respuestas, sino ofrecer a los y las espectadoras una propuesta con la que relacionarse, desde la experiencia de cada cual.”
“Heltzear”, en cierto modo, también apela, aunque en una intensidad variable, a mi propia biografía, marcada también por esas tres capas, que me siguen buscando a través de libros, películas y revistas de escalada. Mientras Sara entrena concienzudamente para encadenar la icónica “White Zombie” -finalmente Haizea se caería un par de veces- mientras escribe una carta mentalmente a su hermano preso, con el que hace inventario de sus miedos y comenta la actualidad del conflicto. El resultado es un cortometraje de movimientos ágiles y pensamientos pesados, un viaje desde la oscuridad hacia la luz, donde no solo la escalada deja marcas en el cuerpo.
“He querido hacer una película con una narrativa muy fina: Sara echa de menos a su hermano Beñat, pero el recuerdo de ese hermano le genera contradicciones. Intuimos que Beñat ha podido tener una vinculación más directa con el conflicto, pero no llegamos a definirla del todo. Lo que sí es tangible es que ella le echa de menos y que esa ausencia y la figura del hermano le provoca una zozobra.En esta película quería generar un contraste entre el lenguaje físico propio de la escalada y la voz reflexiva de esa carta que Sara escribe a Beñat. Así, en ese contraste, está la respiración de la película, que sigue una corriente interna, la de Sara. Buscaba que esta fuese una película muy física y, por ello, decidí que los protagonistas tenían que ser no-actores. La escalada deja un rastro físico, se imprime en el cuerpo y en el movimiento. Eso es algo que la cámara capta y que en esta película era crucial. Siguiendo esta idea, rodamos el cortometraje en Super 16mm porque, de alguna forma, pensarla para un formato fílmico, tangible, es algo que no solo aporta textura, sino que nos obligaba a trabajar de una forma concreta. Teníamos que estar con Sara, teníamos que vivir la película con ella, desde su mirada, que es subjetiva y empática. Con esa respiración y esa mirada de Sara, desde su voz, he intentado que Heltzear proponga al espectador un pequeño viaje, que va de una cierta oscuridad a la luz, desde un ritmo más opresivo a uno más calmado y pacífico.” Señalaba el director de “Suro”, presentando su cuarto cortometraje.
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