¿Hasta qué punto los hombres son responsables de la violencia machista? Una reflexión feminista

Los hombres que no ejercen violencia machista no son culpables de los crímenes, pero sí son parte del sistema que hace posibles esos crímenes cuando mantienen sus privilegios sin cuestionarlos

Por Isabel María Durán Báez | 27/11/2025

Hablar de violencia machista no es hablar solo de los agresores. El feminismo viene advirtiendo desde hace décadas que la violencia contra las mujeres no es un fenómeno puntual, individual ni producto de “hombres crueles”, sino la expresión más extrema de un sistema patriarcal que otorga privilegios al género masculino y coloca a las mujeres en una posición de subordinación.

Por eso, el debate no puede centrarse únicamente en el homicida, el violador o el maltratador. La pregunta incómoda es otra: ¿qué papel juegan los hombres que no ejercen violencia en la perpetuación de ese sistema?

La pasividad también sostiene la violencia

La mayoría de los hombres no golpea, no viola y no mata. Pero muchos callan cuando un amigo humilla a su pareja, ríen ante la broma machista en el trabajo, consumen pornografía que cosifica a las mujeres o consideran “exageración” que una mujer denuncie el acoso.

Esa pasividad y ese silencio son la red de apoyo invisible de la violencia.

No es necesario empuñar un arma para sostener el patriarcado. Basta con no cuestionar los privilegios.

Privilegios masculinos: el pilar oculto

Los privilegios masculinos operan en lo cotidiano:

  • Mayor credibilidad y autoridad social.
  • Menor exposición a agresiones sexuales.
  • Expectativas culturales que sitúan su bienestar por encima del de las mujeres.
  • Normalización del cuidado y el trabajo doméstico como responsabilidad femenina.

Mientras estos privilegios existan y sean asumidos como “naturales”, la violencia machista siempre encontrará un terreno fértil para brotar.

Responsabilidad colectiva, no culpabilidad individual

No se trata de señalar a cada hombre como agresor, sino de señalar a todos como responsables de transformar el sistema que los beneficia.

Querer los privilegios, blindarlos, justificarlos o ignorarlos es, de forma indirecta, contribuir al mismo contexto que permite que algunos hombres ejerzan violencia extrema.

Romper con el beneficio personal

La verdadera posición aliada no es declarativa, sino incómoda:

  • Cuestionar a otros hombres.
  • Renunciar a privilegios.
  • Responsabilizarse de la educación afectivo-sexual de las nuevas generaciones.
  • Dejar de esperar aplausos por no ser machistas.

El cambio exige algo más que buena voluntad: exige pérdida de poder.

Conclusión

Los hombres que no ejercen violencia machista no son culpables de los crímenes, pero sí son parte del sistema que hace posibles esos crímenes cuando mantienen sus privilegios sin cuestionarlos.

Mientras no asuman su responsabilidad colectiva en la transformación del patriarcado, las mujeres seguirán luchando solas contra una violencia que nos mata, nos explota y nos condiciona.

La pregunta ya no es si los hombres “son o no son” violentos.

La pregunta es: ¿están dispuestos a renunciar a sus privilegios para que la violencia desaparezca?

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