¿Hacia una nueva carrera armamentística? (I)

Por Manuel H. Lorca


Un tema del que poco se habla en los medios de comunicación y de vital importancia para la estabilidad geopolítica del planeta. ¿Se está produciendo una nueva carrera armamentística entre los países enfrentados económica, militar y políticamente? Si es así, ¿es consecuencia de este nuevo orden multipolar al que estamos asistiendo? ¿Será una de las causas la caída, lenta pero progresiva, de EEUU como fuerza económica principal ante el auge de China y de Rusia, entre otros? Si bien resulta complicado responder a todas estas preguntas con un sí o un no, se puede atisbar que los momentos geopolíticos y la estabilidad de las relaciones internacionales no hacen que seamos nada halagüeños precisamente. Intentado responder a la primera cuestión de si nos encontramos de lleno en una nueva carrera armamentística, daremos cuenta de la importancia de una serie de acontecimientos en materia de relaciones internacionales extremadamente relevantes y a los que no se está prestando la suficiente atención. Entre algunas de esas variables se encuentran:

  • Fin de factores limitantes: la suspensión de diversos acuerdos internacionales como el INF, ABM, FACE o la posibilidad de no renovación del START III.
  • Aumento de factores desarrollistas: el incremento del gasto militar, el aumento de los contingentes desplazados por diversos países, la intencionalidad de expansión de la OTAN.
  • Aumento de tensiones geopolíticas: conflictos en Siria, Irán y Oriente Medio, Ucrania, Corea del Norte, Venezuela y Latinoamérica, Rusia y China.
  • Influencia de factores externos: crisis económica, crisis migratoria y crisis climática.

FIN DE FACTORES LIMITANTES

Existen una serie de tratados (bilaterales en su gran mayoría) que se cerraron buena parte de ellos durante la Guerra Fría y la posterior caída de la Unión soviética, que están siendo puestos en entredicho, cuando no liquidados. Estos acuerdos limitaban la producción, almacenamiento y uso de armas convencionales y no convencionales (con capacidad nuclear generalmente, pero no solo) por parte de las superpotencias de entonces; Estados Unidos y la Unión Soviética.

La última información que se tiene de la salida de uno de estos tratados es sobre el Tratado INF (Intermediate-Range Nuclear Forces). El histórico acuerdo fue firmado el 7 de diciembre de 1987 por el entonces presidente de EEUU, Ronald Reagan, y su homólogo soviético Mijail Gorbachov. Su objetivo era establecer un límite y eliminar los misiles balísticos y de crucero, convencionales y con capacidad nuclear de corto y medio alcance, es decir, aquellos que tuvieran un rango operativo de entre 500 y 5.500 km lanzados desde tierra (quedaron excluidos los lanzados en plataformas de aire o mar, donde EEUU tenía bastante superioridad). Estos misiles permanecían en las bases militares de los países aliados de EEUU y la OTAN en Europa Occidental y en los países de la esfera soviética de Europa Oriental. A comienzos de este año 2019 el Presidente Donald Trump avisaba de su intención de retirarse de este tratado después de ‘’las repetidas violaciones del Tratado INF por parte de la actual Rusia’’ según la OTAN y EUU (ya en el año 2014, el entonces Presidente Barack Obama acusaba a Rusia de saltarse el tratado). Algo que niega categóricamente la Federación Rusa. El anuncio de Trump se produjo el 1 de febrero de este año y anunciaba que quedaría en suspensión para un tiempo de 6 meses, periodo en el cual, si no se solucionaba el conflicto suscitado a través nuevas negociaciones, quedaría permanentemente roto como tratado. Al día siguiente la Federación Rusa hizo lo propio anunciando que también dejaría en suspenso el tratado en las mismas condiciones enunciadas por Trump. Según el Presidente Putin existen otros acontecimientos que harían a EEUU el principal incumplidor de este tratado, como la producción de misiles balísticos Hera, diseñados para Sistemas de Defensa como el THAAD (un sistema de defensa frente a misiles balísticos), además de los drones de combate capaces de lanzar misiles de crucero.

Finalmente, el 2 de agosto de 2019  y en virtud de que no se había llegado a ningún acuerdo, el Tratado INF quedó definitivamente roto. Ese mismo día el Pentágono anunciaba que comenzaría  a desarrollar los misiles que antes estaban prohibidos por el Tratado INF. Prueba de ello es que a finales de agosto de este año, se conocía la noticia de un lanzamiento a modo de prueba de uno de estos misiles que superaban los 500km de alcance, hecho condenado por Rusia.

Este acuerdo, de vital importancia y que suponía un freno a la capacidad de producción y uso de armas nucleares especialmente controvertidas durante la Guerra Fría, entró en vigor a comienzos del año 1988. Un acuerdo clave para la distensión de ambas potencias nucleares. En apenas poco más de tres años, para 1991, se estima según la estadounidense Asociación para el Control de Armas que se habrían eliminado más de 2.500 de este tipo de misiles entre ambas potencias. Inicialmente este acuerdo solo contemplaba a EEUU y la URSS pero tras la desintegración de ésta, también se incluyeron a países que formaban parte de ella como Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania. Cabe destacar que aunque los demás países de ambos bloques no estaban dentro de ese pacto, hicieron lo propio para eliminar los misiles descritos por el Tratado INF; como Alemania, Hungría y la República Checa.  En 2002, el último país en posesión de misiles de corto y medio alcance en el este de Europa, Bulgaria, firmó un tratado con Estados Unidos para destruir todos sus misiles incluidos en el Tratado INF.

Hablaremos ahora del Tratado ABM (Anti-Ballistic Missile) firmado el 26 de mayo de 1972 por parte del Presidente estadounidense Richard Nixon y el Secretario General del Comité Central del Partido Comunista, Leonid Brézhnev.  Estuvo en vigor durante 30 años, hasta que en junio de 2002 y seis meses después de anunciarlo, los Estados Unidos con George W. Bush a la cabeza se retiraron del acuerdo. Este acuerdo, también de mucha trascendencia para la paz y seguridad internacional, limitaba el uso de sistema de misiles antibalísticos cuya principal función era defender lugares estratégicos del posible ataque con misiles con capacidad de carga nuclear. El Pentágono afirmaba que el ABM no suponía un impedimento para que EEUU pudiera realizar ensayos del escudo antimisiles aunque prohíba su construcción. EEUU abandonó finalmente y de forma unilateral el acuerdo debido a que la Federación de Rusia exigía notificaciones previas y acceso a información militar para cada ensayo.

Otra serie de acuerdos sobre limitación de la capacidad militar y nuclear fueron los SALT (Strategic Arms Limitation Talks) o Conversaciones sobre Limitación de Armas Estratégicas. Dentro de estas negociaciones en Viena y Helsinki en la década de los 70 se enmarcan los tratados que surgieron años después, como el acuerdo START I y START II. Debido a la situación que vivía la URSS en territorio afgano, el Senado de EEUU se negó a ratificar unos acuerdos de desarme en base a la actualización de las conversaciones (SALT II). La capacidad e intención para volver a rearmarse del entonces Presidente Reagan llevó al fin de los acuerdos SALT. En 1986 EEUU quedó desvinculado por completo de estos tratados. No fue un factor determinante, ya que apenas cinco años después se firmó el primer acuerdo START.

El START I (Strategic Arms Reduction Treaty) o Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, consistía en que ambos países, EEUU y la URSS, auto limitaran el número de misiles y cabezas nucleares que poseía cada superpotencia, así como algunos tipos de vehículos y plataformas de lanzamiento (marinas y submarinas). Fue firmado el 31 de julio de 1991 por George Bush padre y Mijaíl Gorbachov, cinco meses antes del colapso de la Unión Soviética aunque no llegó a estar operativo hasta 1994 afectando también a las repúblicas exsoviéticas de Ucrania, Bielorrusia y Kazajstán. Se renovó y actualizó con la firma del START II, firmado por Bush padre y Yeltsin en 1993 y que prohibía el uso de ICBM’s de cabeza múltiple, es decir, de misiles balísticos intercontinentales (más de 5.500 km de rango operativo). El Parlamento ruso lo tuvo bloqueado durante un tiempo debido a las incursiones de EEUU en Kosovo e Irak y también por la ampliación de la OTAN hacia el este. Debido a la salida de EEUU del anterior Tratad ABM, Rusia suspendió su participación en el START II. A pesar de ello, este acuerdo se superó con el SORT (Strategic Offensive Reductions Treaty) que limitaba el número de ojivas nucleares estratégicas a 1.700-2.000 entre EEUU y la Federación Rusa. Fue firmado en 2002 por Bush hijo y Vladimir Putin. La diferencia entre los tratados SORT y START es que el primero solo obligaba a las partes a desmantelar la carga y no a su destrucción propiamente.

El Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE) fue firmado al final de la Guerra Fría (1990) en París y se considera como uno de los pilares de la seguridad y defensa europea. Rubricado por los representantes de los entonces dieciséis Estados miembros de la OTAN y los miembros de la Organización del Pacto de Varsovia. Entró en vigor a finales de 1992 y ponía límites a la posibilidad de distribuir armas convencionales a lo largo de la línea de contacto entre los dos grandes bloques, queriendo evitar así la posibilidad de ataque sorpresa en Europa continental. La posterior adaptación del acuerdo solamente fue ratificado por cuatro países: Bielorrusia, Ucrania, Kazajstán y Rusia. Algunos miembros de la OTAN vincularon su aprobación y se negaron a ratificarlo hasta que Rusia retirase sus tropas de Georgia y la región de Transnistria. Rusia se negó a dicha condición calificándola de excusa para no ratificar la adaptación del tratado. Por todo esto, Putin firmó en 2007 el decreto de suspensión del Tratado de las FACE y partir de ese mismo año la Federación rusa cesó en su interés de dar información sobre el movimiento de sus tropas. Desde el 11 de marzo de 2015 Rusia ya no participa en las reuniones del Grupo Consultivo Conjunto del Tratado, poniendo fin a sus acciones en el marco del Tratado del FACE. Aun así, el Tratado sigue vivo entre otros países firmantes en origen.

Otro acuerdo mucho más reciente, el START III, fue firmado en 2010 (Praga) por Barack Obama y el Presidente ruso Dmitri Medvédev y ratificado por ambos en 2010 y 2011. Con este tratado se superaron los acuerdos estratégicos START I – START II y las partes se comprometieron a reducir su arsenal atómico sobrante en dos tercios, dejando muy menguado el arsenal con capacidad nuclear en comparación con finales del siglo pasado (a pesar de que no fue tan ambicioso como los primeros acuerdos START). Además, este tratado también acordaba limitar otro tipo de armas o plataformas para lanzamientos balísticos nucleares que aún existían.

La fecha en la que concluye este acuerdo es 2021 (existe una posibilidad de prórroga hasta el 2026). Con las tensiones actuales entre Rusia y Estados Unidos, además de la reciente salida del Tratado INF, cabría considerar la posibilidad de que no se alcance otro acuerdo superador del anterior START III e incluso que no se renueve. Tampoco invita al optimismo las recientes declaraciones del Asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, ‘’dudando de que se pueda alargar el Nuevo START por ser un tratado defectuoso’’. Además, Rusia declaró que EEUU podría estar viendo la forma (como ha hecho con el INF) de retirarse del Tratado CTBT o Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. Fue iniciado en 1996 y adoptado hoy por 184 países, aunque aún quedan países por ratificarlo, entre ellos EEUU y China. Todo ello supondría otro ataque encaminado al derribo de la arquitectura de acuerdos internacionales en materia de no proliferación y control de armamentos, dejando de nuevo a los grandes países sin una mínima limitación acerca de qué armas, cuántas y cómo se pueden emplear.


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