Hacia el 8M: El Trabajo Doméstico, de cuidados y del hogar, ES TRABAJO

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Por Laura Isabel Gómez García

Estamos a unos días del 8 de marzo y es de justicia dedicar atención, y tiempo a un tipo de trabajo que durante toda la Historia de la Humanidad ha sido ninguneado e infravalorado tan injustamente que resulta sonrojante. 

Todos y todas en algún momento hemos dicho eso de… Mi madre no trabaja, es ama de casa”. Pero vamos a ir por partes. Dentro del trabajo doméstico podríamos diferenciar dos grandes grupos: las trabajadoras que perciben salario y las que no. Simplemente, hago esta diferenciación para visibilizar mejor la situación de todas las mujeres y poder darles a cada una su sitio dentro del sector cuidados y del hogar, con el fin de que quede clara como es la cosa de avergonzante e injusta para todas ellas; primero como sociedad en su conjunto y segundo pero no menos responsable la del “sistema” político, social y económico que siguen sin hacer nada para solucionar esto. 

Vamos a empezar por hablar del empleo doméstico, de los cuidados y del hogar que sí está remunerado, pero no por estarlo está en mejor situación.

Según un informe del sindicato UGT del año 2019, el 44% de empleadas de hogar percibe menos de 717 euros/mes, un suelo 59% más bajo que el salario medio de otros sectores, y cuyo perfil es el de una mujer extranjera. 

No estoy desvelando ningún gran misterio si digo que la precariedad laboral tiene rostro de mujer, y ésta se vuelve aun peor si la mujer es una mujer inmigrante que trabaja en el sector del trabajo doméstico y de los cuidados. 

El citado informe de UGT arroja una serie de datos muy reveladores. Para no perder ni una coma del mismo, lo cito literalmente: “un sector muy feminizado en España y donde más del 42% del total de afiliadas al Sistema Especial de Empleados de Hogar son mujeres de nacionalidad extranjera. Un estudio con dos conclusiones demoledoras: El salario que perciben los trabajadores de este sector es un 59% inferior al salario medio bruto total y el importe medio de las pensiones es también el más bajo de todo el Sistema de la Seguridad Social”.

En cuanto a la brecha salarial, los datos tampoco son baladí, el informe, según datos de 2017, en este sector el salario bruto medio total en el empleo doméstico, es un 59% inferior al salario medio de todas los otros sectores de actividad. Pero eso no es todo, cuando hablamos de una jornada completa, estas empleadas reciben un 46,5% MENOS, y si la jornada es a tiempo parcial, hablamos de un 42% MENOS del salario bruto de lo que se percibe en otros sectores.

Si hablamos de las pensiones dentro del sistema especial de empleados/empleadas del hogar, sector cuidados y empleo doméstico, hablamos del más bajo de todo el sistema, donde el 70% de todas las/los pensionistas por jubilación precisan de complementos para poder cobrar la pensión mínima. 

Por tanto, urge, que el Gobierno de España ratifique ya, sin más demora, el Convenio 189 de la OIT sobre las trabajadoras y trabajadores domésticos. Resulta incomprensible que España no lo haya ratificado pues que somos el segundo de la Unión Europa personas trabajando en este sector de actividad.

La desprotección a la que se enfrentan estas trabajadoras es total y carecen de derechos que son fundamentales para cualquier persona que trabaja. España necesita abordar sin más demora, todas estas carencias de derechos que las trabajadoras sufren a diario. 

Entre las principales medidas a abordar se encuentra: prevención de riesgos laborales, un sistema de protección por desempleo, ingreso por cotización, que sea el empleador el encargado del alta en la Seguridad Social, eliminar la intermediación laboral por parte de las agencias de colocación, entre otras muchas medidas más. 

La sociedad debe de entender de una vez por todas que las empleadas del hogar están TRABAJANDO, aunque el centro de trabajo se las 4 paredes de una casa familiar. 

El Sistema Patriarcal en el que vivimos divide la vida en dos esferas, la pública y la privada. La pública llena de reconocimiento y de participación social, y la privada relegada al interior de las casas. Está claro a quienes pertenecen cada una en su mayoría. La pública está en gran medida reservada a los varones, mientras que la privada en su inmensa mayoría es para las mujeres. La pública representada por el trabajo remunerado y reconocido, y la privada a la que no se da ningún tipo de valor ni reconocimiento puesto que no se percibe sueldo alguno, digamos que es un trabajo que las mujeres llevan desempeñando desde el alba de los tiempos porque por mandato patriarcal es el que se les ha asignado, como si las mujeres naciéramos con “el gen del cuidado y limpieza” de serie, o al menos eso se han encargado de decirnos, que el hombre tiene el rol del ”proveedor”, y la mujer el rol de la “cuidadora de la prole”. Pues no, aprendemos esos roles desde la más tierna infancia, pero no me voy a detener en esto porque sería desviarnos demasiado, y a lo que vamos es ¿Por qué el trabajo que ocurre dentro de una casa, ya sea limpiando, cuidando y gestionando todo lo que ello implica, no está considerado trabajo ni está valorado, y aun cuando éste es remunerado, como en el caso de las empleadas del hogar y los cuidados, no se paga con justicia y es ninguneado, invisibilizado e infravalorado? La respuesta es simple. La alianza Patriarcado- Capital que oprime a todos y todas en general, y a las mujeres en especial. Decía Flora Tristán “Hay alguien todavía más oprimido que el obrero, y es la mujer del obrero”.

Actualmente en España hay 3.719.000 personas en el paro, pero si a esa cifra sumamos las 3.704.600 que están “inactivas” por dedicarse a cuidados del hogar entonces la cifra ascendería a 7.423.600 personas.

Pero paradójicamente toda esta carga de trabajo feminizado no remunerado ni reconocido como tal, por el contrario, genera gran cantidad de riqueza que es despreciada por la Macroeconomía cuando en realidad el trabajo doméstico, de los cuidados y del hogar representaría un 40,77% del PIB.

El trabajo que realizan las mujeres en la esfera privada de los hogares, ya sean remunerados en el caso de las trabajadoras domésticas, como el de las “amas de casa”, son unas tareas esenciales para que el funcionamiento de la sociedad pueda seguir su curso de forma óptima, y que sin los cuales la vida diaria, no sería posible; trabajo que en gran medida recae sobre las espaldas de las mujeres. Este trabajo sistemáticamente se subestima, así como el valor real de la producción económica que genera, como hemos mencionado anteriormente (el 40,77% del PIB), pues “el sistema” considera las tareas del hogar y los cuidados como “inactividad”, haciendo así que un trabajo que es realizado por millones de mujeres permanezca invisible y ninguneado.

Derivada de esta situación, nos encontramos con la razón por la que las mujeres ocupan el mayor porcentaje de los contratos parciales y temporales con la consiguiente precariedad, y es que la carga de los cuidados y del hogar las obliga a sub-emplearse en este tipo de empleos, con contratos precarios y que acaba por llevarlas al paro para poder dedicarse en exclusiva a los cuidados de la casa y la familia. Ya sabéis, aquello de “claro, de los dos, él es el que más gana, por eso hemos decidido que ella se quede en casa para cuidar a los hijos/as, familiares dependientes, etc.”

Por todo esto, en España, la vida laboral de las mujeres es sinónimo de precariedad, y no lo digo yo, lo dicen los datos: en términos de temporalidad y de parcialidad el mayor número de contratos lo concentran las mujeres. Según las cifras, los trabajos a tiempo parcial representan un 25% del total del empleo de las mujeres, mientras que para los hombres suponen apenas un 7% del total de sus contratos.

¿Cómo solucionar esta situación? 

En dos vertientes, una a largo plazo y otra a corto. A largo plazo como no puede ser de otra manera, mediante la EDUCACIÓN en IGUALDAD. La casa y las tareas/faenas/actividades/trabajo derivada de ella han de ser compartidas por toda la unidad familiar, y no solo por las mujeres. Hace más de 150 años que las mujeres fueron saliendo de la esfera privada del hogar y se fueron incorporando a la vida pública, ocupando cada vez más trabajos y espacios que son compartidos por mujeres y hombres, pero en cambio, la entrada de los varones en la esfera privada del hogar y la familia, no acaba de producirse. Es cierto que hay muchos hombres que sí se corresponsabilizan del cuidado de los hijos e hijas, y del hogar, pero aún no lo suficiente como para poder decir que hemos alcanzado la corresponsabilidad real. Para ello, desde la infancia hay que educar en la igualdad, la corresponsabilidad, la cooperación y el trabajo en equipo que es una familia; solo de este modo a las mujeres se las dejará de penalizar con la precariedad y la pobreza por querer trabajar fuera del hogar. Aun hoy las mujeres se enfrentan a la disyuntiva de ¿Trabajo o familia?, porque seamos realistas ¿cuántos hombres tienen ese dilema, ser padre o ser un buen profesional?

Por otro lado, a corto plazo, necesitamos medidas YA. La primera, la consideración por parte del Estado de esta actividad como generadora de riqueza, con las consiguientes medidas que corrijan toda la situación actual de desigualdad.

El Gobierno español tiene que implementar políticas públicas que garanticen de una vez por todas la corresponsabilidad real. Medidas concretas que desde el Feminismo llevamos reclamando desde hace décadas: la creación de una red de escuelas públicas infantiles para menores de 0 a 3 años, y un sistema de servicios públicos para los cuidados correctamente dotado económicamente; la equiparación de las pensiones, también las no contributivas, normalmente ocupadas por mujeres, a un mínimo de suficiencia vital para que mujeres que han dedicado su vida al cuidado del hogar y la familia, tengan una vida digna en la vejez.

En cuanto a las empleadas del hogar, cuyo perfil además es el de una mujer migrante, uno de los primeros compromisos que debe adquirir el Gobierno español es la lucha contra la economía sumergida que lleva a la exclusión a colectivos precarios y feminizados como el de las trabajadoras domésticas y que necesitan de una regularización inmediata de la situación administrativa de aquellas personas migrantes que trabajen en servicios de cuidados  y ocupaciones declarados esenciales, y equiparar el sistema especial de empleadas de hogar con el Régimen General para que, además de tener derecho al desempleo, adecúen las cotizaciones a sus ingresos reales para una mejor protección en la etapa pensionista; así como la Ratificación del Convenio OIT 189.

Desde el Feminismo, demandamos que se refuercen de forma adecuada todos los servicios públicos sociales, sanitarios, educativos y de cuidados, algo que a día de hoy no se está dando ya que éstos servicios públicos se encuentran en gran medida en manos de empresas privadas como EULEN, CLECE, etc. quienes priorizan beneficios económicos para su empresa y cuyo mal funcionamiento y  la mala financiación pública trae consecuencias que recaen sobre las mujeres, puesto que somos nosotras quienes desempeñamos en la inmensa mayoría el trabajo de cuidadoras y a la vez somos la mayor parte de las trabajadoras contratadas en estos servicios, algo que no solo repercute en nuestra economía sino que también lo hace en nuestra salud  que desde la pandemia del COVID19 se ha visto aún más agravada por la doble y hasta triple jornada laboral cuando hablamos de mujeres que teletrabajan.

En junio de 2018, dos años antes de la pandemia, la OIT ya pedía a los Estados implementar medidas de carácter urgente y duplicar inversiones en la economía del cuidado para prevenir la inminente crisis mundial de los cuidados que se cernía, ya que las políticas públicas existentes eran insuficientes para dar respuesta a una creciente demanda y la consecuente carga extra de cuidados que recae sobre las mujeres.

En aquel momento la OIT pedía cambios drásticos y radicales en las políticas públicas para poder abordar la creciente necesidad de cuidados, y acabar de una vez por todas con la abismal diferencia entre mujeres y hombres en cuanto a la corresponsabilidad en el cuidado de familiares y del hogar, pues según la OIT, las cifras de ese año mostraban que las mujeres dedicaban más de tres cuartas partes de su tiempo en el trabajo del cuidado no remunerado dentro del hogar y la familia.

La OIT, afirmaba que unos 270 millones de empleos nuevos podrían crearse si los Estados multiplicaran por dos sus inversiones en salud, trabajo social y educación, para el año 2030. 

La principal autora del informe “El trabajo de cuidados y los trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente” de la OIT de 2018, Laura Addati, declaró:

“La prevalencia mundial de familias nucleares y hogares monoparentales, así como el crecimiento del empleo de las mujeres en ciertos países, incrementan la demanda de cuidadores. Si no se abordan de manera adecuada los déficits actuales en la prestación de cuidados y en su calidad, se generará una crisis del cuidado global insostenible y aumentarán aún más las desigualdades de género en el mundo del trabajo”.

Las 2/3 partes de la población mundial activa, emplean 16.400 millones de horas/año en el trabajo de cuidado no remunerado, lo cual equivale a 2.000 millones de personas trabajando 8 horas/día sin recibir remuneración alguna. Si estos servicios fuesen valorados sobre la base del salario mínimo por hora, hablaríamos del 9% del PIB mundial, es decir 11 billones de dólares.

Hemos hablado de España, pero a nivel mundial, las mujeres también se llevan la peor parte, obviamente, porque son las que se llevan la mayor carga de trabajo, como así reveló el informe del que estamos hablando: las mujeres tienen a su cargo 76,2% de todas las horas del trabajo de cuidado no remunerado, lo que representa más de 3 veces del tiempo que dedican los hombres; aunque en las últimas dos décadas, en algunos países, el tiempo de dedicación a los cuidados y del hogar ha aumentado ligeramente, por el contrario en otros 23 países de los que se tienen datos, la desigualdad de género en el ámbito doméstico, tan solo disminuyó en 7 minutos al día. A lo que Shauna Olney, Jefa del Servicio de Género, Igualdad y Diversidad, de la OIT, dijo al respecto:

“A este ritmo, serán necesarios 210 años para acabar con las diferencias entre ambos sexos en la prestación de cuidados en estos países. El ritmo extremadamente lento de estos cambios cuestiona la efectividad de las políticas pasadas y actuales para hacer frente a la extensión y distribución del trabajo de cuidado no remunerado a lo largo de las dos últimas décadas”.

Cuando he expuesto la situación en España respecto a los cuidados, he citado el hecho de que las mujeres tienen el mayor número de contratos temporales y parciales, algo que las pone en una situación de vulnerabilidad laboral/social, de pobreza y de precariedad, dado que son los contratos más inestables y peor remunerados, lo que en muchos casos acaban por llevarlas al paro, bien por despido o porque resulta “más apropiado” a la economía familiar que sean ellas quienes se queden en casa. Pues bien, a nivel global, según el Informe de 2018 de la OIT señala exactamente lo mismo:

“El trabajo de cuidado no remunerado es el principal obstáculo que impide a las mujeres incorporarse, permanecer y progresar en la fuerza de trabajo. En 2018, 606 millones de mujeres en edad de trabajar declararon que no habían podido hacerlo a causa del trabajo de cuidado no remunerado. Apenas 41 millones de hombres dijeron que no formaban parte de la población activa por el mismo motivo.”

Se hace así visible que tanto a nivel global como a nivel de nuestro país existe una crisis de los cuidados, agravada ahora por la pandemia, y que pone en relieve la urgente necesidad de trabajar por conseguir que los Estados se comprometan a crear e implementar políticas públicas en materia de conciliación y corresponsabilidad reales, de manera que las mujeres puedan incorporarse al mercado laboral, con unos contratos mejores, y que por otro lado procuren la igualdad entre sexos, de modo que los hombres se incorporen al ámbito privado del cuidado de la familia y el hogar. De hecho, el “Informe Gallup 2017”, también de la OIT, constató que, a nivel global, la inmensa mayoría de las mujeres prefieren trabajar en empleos remunerados y que son precisamente las escasas o nulas oportunidades de poder conciliar lo que les impedía hacerlo. En esa línea la principal autora del informe, Laura Addati, expresó:

Una ruta más fácil para la prestación de cuidados significa reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidado no remunerado y alcanzar el trabajo decente para las cuidadoras, incluidos las trabajadoras domésticas y migrantes.»

Ese mismo informe propone un camino para el trabajo de los cuidados y del hogar que haría que un total de 269 millones de empleos adicionales fueran creados de aquí al 2030 para lo que es necesario una inversión de dinero pública y privado de 18.4 billones de dólares, y que permitiría a los países alcanzar muchas de las metas de los ODS. 

Otras conclusiones importantes que se encuentran en el “Informe Gallup 2017”:

 

  • Las madres de niños menores de 6 años tienen una tasa de desempleo del 47,6%, además los datos reflejan que, con menores de esta edad, pierden alrededor de una hora de trabajo remunerado para poder dedicarlo al cuidado, lo cual merma significativamente la calidad de sus empleos. Mientras que para los hombres paradójicamente tienen un beneficio de 18 minutos más semanales de empleo remunerado

 

  • Las mujeres con carga de trabajo de cuidados y del hogar, ocupan en su mayoría empleos autónomos, de economía sumergida y tienen muchas menos oportunidades de poder aportar a la Seguridad Social, con lo que repercute en las pensiones de jubilación en el futuro y, por consiguiente, esto explica el por qué la mayoría de las pensiones más bajas y no contributivas están en manos de las mujeres también

 

  • Sólo el 42% de 184 países, de los que existen datos, respetan las normas mínimas establecidas en el Convenio nº183 sobre la protección de la maternidad de la OIT”; y el 39% de esos 184 países no tenían ninguna ley que estableciese el permiso de paternidad

 

  • A nivel mundial, la tasa de matriculación en los servicios para niños menores de 3 años es de sólo 18,3%, y apenas del 57% por ciento para los niños de entre 3 a 6 años
  • En la mayoría de los países de África, América Latina y Asia, carecen de cualquier tipo de servicio y/o recursos del cuidado

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