God’s Creatures, ¿el amor de una madre lo puede todo?

El criadero de ostras, la factoría de pescado y el pub son los tres escenarios principales de este pueblo azotado por el viento y temeroso de las mareas, que alberga a una sociedad patriarcal infectada por los silencios

Por Angelo Nero | 5/09/2026

God’s Creatures, dirigida por Saela Davis y Anne Rose Holmer es un drama rural irlandés, que nos cuenta la historia de Aileen O’Hara (a la que interpreta de forma soberbia Emily Watson), una trabajadora de una factoría de procesado de pescado en un pequeño pueblo de la costa noroeste de Irlanda (en realidad se filmó en varios pueblos del condado de Donegal), cuyo hijo, Brian (al que da vida Paul Mescal, nominado al Oscar 2023 por Afertsun), regresa por sorpresa, en medio de un funeral por un joven ahogado, después de una larga ausencia en Australia y de no tener ninguna comunicación con su familia.

El amor maternal de Aileen está por encima de cualquier reproche, de cualquier duda, y celebra el regreso del hijo prodigo brindándole un medio de ganarse la vida: el cultivo de ostras, gracias a que ha seguido pagando la licencia de la concesión para esta lucrativa actividad con la que se ganaban la vida su marido, Con O’Hara (Declan Conlon) y su suegro, Paddy O’Hara (Lalor Roddy). El retorno de Brian abre viejas heridas con su padre, con su hermana Erin (Toni O’Rourke), pero sobretodo con su antigua novia Sarah Murphy (Aisling Franciosi), que trabaja con su madre en la factoría, y sufre maltrato por parte de su marido.

En la primera parte de la película, mientras asistimos a la estrecha relación entre Brian y Aileen, nos introducen en el duro trabajo del cultivo de ostras, una labor artesanal que es retratada de una forma poética, casi documental, con una gran fuerza dramática, donde cobra especial importancia el trabajo del director de fotografía, Chayse Irvin . Parece que, finalmente, Brian ha madurado y ha decidido enderezar su vida, aunque a veces tenga que recurrir a la pesca furtiva para compensar la falta de ingresos de la cría de ostras, pero todo cambia cuando es acusado de agredir sexualmente a Sarah. Aileen se tiene que enfrentar a un dilema: mentir para proporcionarle una coartada a su hijo, sin saber si es culpable o no, o dejar que sobre él caiga el peso de la ley, mientras el pueblo también se divide entre los que creen al acusado, como los parroquianos asiduos al pub, o a la víctima.

Emily Watson, a la que descubrimos en 1996 en su brutal interpretación en Breaking the Waves, de Lars Von Trier, y que nos siguió atrapando con su talento dramático en películas como The Boxer, de Jim Sheridan; Angela’s Ashes, de Alan Parker; o Punch-Drunk Love, de Paul Thomas Anderson; en sus comienzos en el mundo del celuloide, sigue demostrando que con su sola presencia es capaz de levantar una historia como esta, en la que los personajes secundarios parecen orbitar alrededor de ella, de sus sentimientos y de sus movimientos.

El criadero de ostras, la factoría de pescado y el pub son los tres escenarios principales de este pueblo azotado por el viento y temeroso de las mareas, que alberga a una sociedad patriarcal infectada por los silencios, donde los crímenes de los hombres se tapan, y donde las mujeres que no encuentran refugio entre ellas mismas, se ven abocadas al ostracismo o a la huida.

 

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