Fuegos de confeti

Por Jesús Ausín

Durante años, en Sorroval, para cruzar el río, solo ha habido dos formas de hacerlo. Una en barca, desde el muelle situado detrás de la catedral de San Aurelio, y otra, por un endeble puente de madera construido sobre pilares de piedra que acaban cediendo bajo la presión del agua y llevando a la muerte a todo aquel que en ese momento se encuentre encima.

La barca tiene el inconveniente de que en ella solo caben seres humanos y no muchos. Hubo un intento de tirar una maroma entre las dos orillas y asirla a una barcaza en la que navegaran a salvo hombres, carretas y animales. Pero la fuerza del río, que en esa parte en la que se sitúa Sorroval es mucha, en el tercer, viaje, el segundo de ida, rompió la maroma y engulló al barquero, la barcaza, los animales, las dos carretas cargadas de lana, y los diez aldeanos que cruzaban en ese momento el cauce.

El cantero real, un tipo ennegrecido por las horas de intenso trabajo al sol tallando piedras, es muy bueno en lo suyo. Es capaz de asegurar sin error que el corte de una piedra va a ser limpio o si se va a romper por un determinado sitio. O de sacar varias losas de una pulgada de una roca de cuarzo, alabastro o granito sin destrozar el resto de la pieza. Pero el cantero no sabe de puentes. No es capaz de asimilar que la corriente genera fricción y roce con los pilares que sostienen la estructura de madera y que con el tiempo, el agua acaba socavando por debajo de ellos hasta derribarlos o los acaba haciendo tan débiles que no soportan el peso de la estructura y el puente se viene abajo.

El conde de Sorroval no necesita cruzar todos los días el cauce. Él vive en la orilla en la que todo el mundo del condado quisiera vivir y a la que acuden los que no, asiduamente. Tampoco se ha parado a pensar que cuando se cae el puente, durante los meses que dura la nueva construcción, su ciudad pierde gran parte de las visitas y del negocio que el puente y el mercado genera. Además de los gastos que supone la construcción de un nuevo puente.

La divina providencia ha querido que, durante un viaje del Conde de Sorroval al condado vecino, donde su hermana pequeña contraía matrimonio con el Conde de Larrival , el río acabara su trabajo y el puente, de nuevo, se viniera abajo matando seis caballos, diez labriegos y tres soldados y mandando río abajo, diez arrobas de tela de lana recién confeccionada.

La providencia también quiso que un maestro constructor de la ciudad de Utrique se encontrara en ese momento dentro del recinto amurallado de Sorroval. El Canciller Mayor del conde, a cargo de todo mientras el conde estaba fuera, le comentó que era la cuarta vez en treinta años que el puente se derrumbaba. El maestro de Utrique quiso ver los planos y le enseñó dónde estaban los errores. Para evitar que el agua horadara debajo de los pilares, debían construir una especie de cercado de madera hermético que ocupara, cada uno de ellos, un cuadrado de diez pasos, donde irían asentados todos los pilares. Los cajones una vez clavados en el lecho, había que vaciarlos de agua y de lodo y llenarlos de sillares, a ser posible de granito. Además cada uno de los pilares del puente, en lugar de cuadrados como acostumbraban, debían acabar en punta en contra de la dirección del agua, para que el tajamar rompa la corriente y evite la erosión de estos pilares. Y ya que el cantero mayor sabía de arcos, en lugar de madera, el puente sería totalmente de piedra. Esta construcción, haría que el puente fuera eterno aunque cinco veces más caro que los que acababan derruidos bajo la presión del río.

El cantero mayor, no quiso asumir el reto, por ignorancia y miedo. Si lo que decía el desconocido, que no estaría más allá de dos meses en Sorroval,  acababa no siendo cierto, su cabeza sería la primera en pasar por el garrote. Uno de sus jóvenes ayudantes, le dijo al Canciller que él asumía el proyecto si el maestro constructor de Utrique le explicaba los pormenores. Y así fue.

Construidos los cercados de madera e instalados en el lecho del río, cuando iban a comenzar los trabajos de vaciado, llegó el Conde a su ciudad. Cuando le explicaron el proyecto, no le pareció mal, hasta que le comunicaron lo que costaría. Entonces amenazó con colgar a todos los que habían trabajado en el puente, incluidos el Canciller Mayor y el aprendiz de maestro constructor, si al puente le fallaba una sola piedra.

El Canciller Mayor y el aprendiz de maestro hablaron y, para calmar los ánimos del conde y rebajar un poco el precio, acordaron que solo vaciarían los cajones de agua pero no del cieno. En lugar de sillares de granito, rellenarían el espacio con cantos rodados y piedras. Los sillares de los tajamares se reducirían a la altura del cauce habitual del río. Por encima, los harían con mampostería: Cal, arena y trozos de roca. Los pilares serían huecos para ahorrar costes. Y dejarían los cajones en el lecho del río hasta que se pudrieran. Acordaron no decirle nada al Conde hasta que todo estuviera acabado. Seguro que les recompensaría.

Tardaron dos años en finalizar la obra. Acabaron el día se San Aurelio, patrón de la ciudad. El día de San Rosendo, llovió como nunca lo había hecho. El río subió tres metros, y arrancó los cajones de madera de los cimientos. A las siete de la tarde, recién anochecido, un tremendo ruido se escuchó en toda la ciudad. El puente había cedido ante la presión del agua.

Dos días después, las cabezas del Canciller, del aprendiz y del cantero real, colgaban de picas en la entrada a Sorroval.

El nuevo puente, fue construido, de nuevo, a la vieja usanza y de madera.

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Fuegos de Confeti

Sé que es complicado que, en un país donde toda la prensa en papel y todas las televisiones y radios nacionales pertenecen a la «contrademocracia», algún político tenga la decencia de acabar actuando conforme a su programa electoral cumpliendo los deseos de la gente que les han votado (que por cierto, los deseos de los votantes también son variopintos y en muchas ocasiones, contradictorios).

Es aún más complicado que, estando en minoría en una coalición con uno de los partidos del régimen, responsable directo de que España sea un país de camareros al haberse cepillado la mayor parte del tejido industrial del país, al que le dieron el eufemístico nombre de “reconversión Industrial”, responsable de la miseria laboral que padecemos al haber introducido las ETTs, y al haber abierto el melón de las reformas laborales para quitar derechos a los trabajadores, esa minoría pueda imponerse para cumplir lo prometido en su programa electoral.

Quizá por eso, siempre he sido contrario a entrar en un gobierno con uno de los dos partidos que engañaron a todos los españoles haciéndoles creer que se acababa el régimen del dictador cuando en realidad lo que hicieron fue un pacto, no para el cambio de régimen, sino para conservarlo en una operación de cambio de cromos. Ahí están las miles de asesinadas y asesinados por el sátrapa eunuco todavía en las cunetas, en las tapias de los cementerios o en Cuelgamuros. Ahí están los policías fascistas, acusados de torturas, que hicieron el trabajo sucio durante el Franquismo y la transmutación y que fueron condecorados por este partido que dice en su nombre que es socialista cuando en realidad es un partido de centro derecha de marcada tendencia al hijoputismo que llaman liberalismo.

Sé que es difícil llevar hacia políticas sociales de verdad (acostumbrados como están a medidas rimbombantes que pregonan como sociales cuando en realidad no son más que leyes habituales en el resto de Europa) a quiénes, durante los últimos cuarenta años, han estado legislando contra los trabajadores, a favor de la CEOE, de la iglesia y de los poderosos. Es imposible hacer entender que un estado que de verdad es democrático no puede tener en la cabeza a una persona que lo es por herencia y que está ligado al Franquismo por ser el eunuco sátrapa el que designó al sucesor, a quiénes durante años han impedido y siguen impidiendo que se investiguen las presuntas actuaciones irregulares del rey demérito.

Pero con todas esas consideraciones, lo que no me parece justificable es que se nos venda el arreglo del desconchado del depósito de la moto como si se hubiera arreglado la moto entera. Está bien que hayan derogado el artículo 52 d) del Estatuto de los Trabajadores que amparaba el despido por ausencias justificadas. Pero en lugar de sacar pecho, mejor nos iría a todos si actuaran con ahínco para cumplir lo prometido y derogar todo el RD 3/2012 de 10 de febrero que afecta negativamente a los derechos laborales, que ha creado cientos de pobres y una precariedad brutal que ha hecho que, por primera vez en casi dos siglos, el salario por tu trabajo no sirva para poder cubrir las necesidades vitales.

Como tampoco me parece justificable sacar pecho, como hizo el otro día el Ministro de Consumo, por las promesas de sacar adelante ciertas demandas que han sido amoldadas y reducidas casi a la nada para no crear problemas con los poderosos.  Reducir la demanda de la prohibición de las casas de apuestas a que no puedan usar el reclamo de los bonos y de las caras de los famosos, y venderlo como un éxito, a mí me indigna. Y si en esto que es casi una bagatela se han bajado los pantalones, ¿cómo van a lograr reparar los estragos del mercado eléctrico o de las confiscatorias comisiones de los bancos? Tragarse el sapo de que Bankia, el peor banco de todos los que pululan en este país, sea “regalado” a otra entidad en lugar de hacer con él una banca pública, mientras además es muy posible que se le regale una licencia de banco al El Corte Inglés, a mí me encoleriza.

Vender igualdad y empoderamiento femenino, cuando aún no has hecho absolutamente nada en materia de legislación para que las mujeres logren tener plena potestad, para que no se sientan acosadas o para que no les pase nada cuando van de noche solas, es pura demagogia. Y esto es algo que vengo observando con demasiada habitualidad en la ministra Montero.

Decía Javier Gallego Crudo en este artículo “Estamos acostumbrados a que el PSOE nos dé gato por liebre porque es un partido de orden, reformista pero no transformador. Unidas Podemos puede caer en la trampa de conformarse con avances coyunturales renunciando a cambios estructurales”. Y esa es la cuestión. El quid de todo. La piedra roseta que desenmaraña la coyuntura.

Podemos debe de ejercer el papel de renovar y cambiar las estructuras del estado. Hay que cambiar los órganos de gobierno de los jueces y eso no se consigue repartiéndose los miembros del CGPJ, sino estableciendo una reforma que impida que tanto los partidos como los órganos de los jueces, mayoritariamente franquistas, elijan a sus dirigentes impidiendo que ejerzan como una Tercera Cámara. Hay que someter a referéndum la forma de estado para que el pueblo pueda decidir sobre una república democrática y eso no se consigue pregonando que eres republicano mientras aplaudes con rabia los discursos excluyentes de la monarquía y tapando las investigaciones sobre presuntos actos punibles del primer titular de la casa real. Hay que cambiar la ley electoral para que la provincia deje de ser circunscripción. Los diputados ya no representan a sus circunscripciones, sino a los intereses de partido, como muestran el exdiputado por Cantabria Barcenas o el actual senador por Segovia, Alonso. Hay que acabar con las cloacas de estado y convertir a España en un estado humanitario. Y eso no se consigue votando en contra de comisiones de investigación ni subiendo las vallas de Melilla, ni apoyando a un Ministro del Interior que tiene un historial de custodios y torturas por los que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado a España hasta en cinco ocasiones

Si Podemos se asienta en la placidez del sistema, para no molestar a los de siempre, acabarán como el maestro cantero y el Canciller de la historia que ilustra este artículo. La pica será la indiferencia de los votantes y el puente será el sistema. Perderemos quizá la última ocasión de hacer que las gentes que pueblan este país, sean mejores, más igualitarias y sobre todo, mucho más felices.

Salud, feminismo, república y más escuelas (públicas y laicas)


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1 Comment

  1. Parece ser que UP no va a poder poner el cascabel al gato. A lo más solamente un pequeño collar, sin cascabel, claro. Pero, es que no vislumbro en este momento, ni siquiera con la luz larga dada, soluciones más cercanas realistas a nuestra situación, realistas. Por favor, alternativas no teóricas, que ya nos ha tocado bastantes años escuchar a nuestros representantes de izquierda y luego marcharnos a dormir hasta la siguiente disertación y así sucesivamente.

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