Frente a la globalidad patriarcal, emancipación feminista

La brecha entre los sexos y el ejercicio de la violencia sobre las niñas y mujeres en todo el planeta, sobre todo la sexual y reproductiva, lejos de estrecharse y disminuir, está aumentando.

Por Fórum de Política Feminista | 3/03/2026

El día 8 de Marzo no es un día de fiesta, es un día internacional de lucha y reivindicación de los derechos de las mujeres basados en el sexo, porque nuestra realidad sexual diferente a la del hombre, aún se encuentra presa, y de manera totalmente inaceptable en sociedades que presumen de su avanzado progreso científico y técnico. De una desigualdad estructural que cercena el libre desarrollo de nuestra personalidad y capacidades por la natural circunstancia humana de ser mujeres, de una desigualdad estructural que cercena la formación y atención sanitaria diferencial a nuestra biología femenina, de una desigualdad estructural que cercena la consecución de un proyecto de vida libre de opresión y subsidiariedad imposible de llevar a cabo bajo la execrable tiranía del género, de una desigualdad estructural que cercena las posibilidades del desarrollo laboral y del periodo posterior de jubilación en situación de Igualdad Efectiva entre trabajadoras y trabajadores, de una desigualdad estructural que cercena la emancipación socioeconómica de las mujeres travestida de una tramposa “libre elección”, y, finalmente, de una desigualdad estructural que es el eterno semillero de la nefanda violencia machista que envuelve la vida de toda mujer, independientemente de su edad, nacionalidad, etnia, credo religioso, orientación sexual, situación socioeconómica, y situación de autonomía personal.

Por eso cada 8 de Marzo la frase de una excelente periodista feminista, Carmen Sarmiento, toma plena conciencia: “Las mujeres son el Sur de todos los hombres”, y por eso afirmamos, haciendo nuestras otras 2 frases, esta vez de una extraordinaria filósofa feminista, la maestra de maestras Celia Amorós: “Feminismo sólo hay uno, el emancipatorio”, y, “El fenómeno de la misoginia como odio a las mujeres y el querer destruirlas hay que estudiarlo especialmente en la era global.”

Porque lo que los datos muestran en esta era global es un alarmante repunte de la impunidad misógina, extensamente documentada en momentos puntuales por los medios de comunicación en aquellos países donde adquiere la forma más extrema, como Afganistán e Irán, y convenientemente diluida en el incesante flujo diario de información, cuando se trata de países con modelos de gobierno que escenifican formatos democráticos.

Un claro ejemplo es el caso de EE.UU, donde apenas hay estados donde la compra venta de bebés no esté reconocida y legalizada. Pero también en el fraudulento “país de las libertades” se dan otras circunstancias.

En la mayoría de los estados el matrimonio infantil es legal, y son matrimonios en su inmensa mayoría de un hombre adulto con una menor; ha tenido un rapidísimo ascenso la desaparición del derecho de las mujeres a la interrupción voluntaria del embarazo en numerosos estados.

La prostitución es ilegal pero la demanda putera en este contexto de minusvaloración y dominación sobre las mujeres es enorme, a pesar de los numerosos estudios existentes en EE. UU., tanto académicos como médicos, que documentan graves problemas de salud física y mental en las mujeres prostituidas debido al comportamiento violento que ejercen sobre ellas tanto proxenetas como puteros, pero en la cuna de la hipocresía libertaria, a todo este calvario las mujeres prostituidas tienen que sumar persecución, detenciones y acoso policial.

La brecha socioeconómica entre los sexos en 2024 fue del 74’7%; y la incidencia que tiene todo este supremacismo sexista tanto en los delitos contra la libertad sexual como en los asesinatos es brutal: durante 2025 se reportaron más de 200,000 delitos sexuales en EE.UU, lo que equivale a un incidente reportado aproximadamente cada 2.57 minutos, respecto a los feminicidios entre 1.500 y 1.800 mujeres estadounidenses son asesinadas cada año por sus parejas o ex parejas.

Otro claro ejemplo es China, una superpotencia económica y poblacional que ni siquiera necesita aparentar el formato democrático, y que evidencia una clara similitud con EE.UU en su ordenación jerárquica y asimétrica entre los sexos. Aunque la compraventa de bebés está estrictamente prohibida en el país, hay una creciente demanda canalizada fuera, coincidente con la reclamación por parte del partido único gobernante del aumento de la natalidad, señalada como “obligación patriótica”, pasando ahora de la imposición gubernamental del hijo único a la presión por el tercer hijo, y dejando claro que en China las mujeres continúan expropiadas de su derecho a decidir sobre su maternidad.

En China la prostitución es ilegal, pero en lugar de castigar a los puteros por mantener un comportamiento dañino para la salud de las mujeres y contrario a sus derechos, la sanción también la reciben ellas, y de forma más extrema, hecho sin duda relacionado con la enorme violencia que los integrantes de las tríadas ejercen sobre las mujeres y menores chinas con las que trafican con fines de explotación sexual en el extranjero.

En 2013 entró en vigor la Ley china de Protección de los Derechos e Intereses de los Ancianos que obliga al cuidado de los progenitores a su descendencia independientemente del sexo, pero en la práctica su aplicación no es tan independiente del sexo, ya que la cuidadora primaria es la hija política, es decir, la nuera, porque el matrimonio para las mujeres chinas, especialmente las del ámbito rural, conlleva la separación de la familia propia y la incorporación a la familia del esposo.

Tres años después, en 2016, entró en vigor la Ley Contra la Violencia Doméstica, y un dato significativo es el aumento en las órdenes de protección que del 52% del 2016 pasaron al 77’6% en 2022, aunque otro dato significativo es que no incluye la posibilidad delincuencial de la violación marital; la dificultad de las mujeres chinas para divorciarse siendo víctimas de violencia doméstica también es significativa, porque la mayoría de sus peticiones de divorcio, a pesar de estar bien documentadas fueron denegadas, y entre las pocas que fueron aprobadas, casi ninguna fue concedida sobre la base de violencia doméstica.

Datos oficiales públicos sobre asesinatos machistas no aparecen, y los datos oficiales sobre delitos contra la libertad sexual ofrecen muchas dudas sobre su exactitud, pero están registradas unas 40.000 denuncias por violación en 2025, y fueron procesadas más de 131.000 personas (que suelen ser hombres en su inmensa mayoría) por violación, abuso y otros delitos sexuales contra menores.

De forma similar a lo que ocurre en EE.UU, teniendo en cuenta todo este supremacismo sexista, obviamente existe brecha socioeconómica entre los sexos, y en 2024 fue del 68’4%.

EE.UU y China estarían rivalizando por ocupar la primera posición en el ranking de “dueños del mundo”, pero, independientemente de quien salga vencedor, las mujeres de todo el planeta seremos las auténticas perdedoras, porque el modelo cultural y socioeconómico que recrean y proyectan hunde sus raíces en el mismo fango patriarcal.

Y las consecuencias son que la brecha entre los sexos y el ejercicio de la violencia sobre las niñas y mujeres en todo el planeta, sobre todo la sexual y reproductiva, lejos de estrecharse y disminuir, está aumentando.

Por eso una de las características de la ideología Feminista es su carácter internacionalista, y su potente y documentada crítica a las “bondades” del multiculturalismo, tal y como afirma la excelente filósofa Feminista Amelia Valcárcel:

“La igualdad entre los sexos es principio constitucional de la mayor envergadura. No se tolerará la discriminación contra las mujeres aunque su religión, su cultura, y ellas mismas, estén de acuerdo. (…) La libertad individual no es ni puede ser el fundamento para una conducta que se tuvo que abandonar a fin de construirla; es un flagrante anacronismo. En nuestro caso, es decir, para las mujeres, la libertad ha sido la consecuencia del rechazo y derribo de ese injusto y arcaico orden.”

Fragmento de “Ahora, Feminismo. Cuestiones candentes y frentes abiertos” (2019).

Y respecto a la detección, señalamiento y deslegitimación de ese “injusto y arcaico orden”, es la Teoría Política Feminista la que ha profundizado más que ninguna otra teoría política en la ancestral desigualdad estructural impuesta a la relación entre mujeres y hombres, desarrollada a través de usos, costumbres, religiones y leyes, y determinante en la ordenación social establecida patriarcalmente a través de la jerarquización asimétrica entre los sexos.

China y EE.UU, consideradas superpotencias que lideran el progreso técnico y compiten por estar en lo más alto, también chapotean juntas en lo más bajo, en la ciénaga patriarcal de la minusvaloración y el desprecio por parte de hombres de todas las edades hacia sus compañeras, a las que siguen sin identificar como iguales, tal y como en este Manifiesto hemos mostrado.

Y el resto de países son un calco a pequeña escala, tal y como denuncia otra extraordinaria pensadora Feminista, la filósofa Ana de Miguel:

“La desigualdad no es sólo una realidad sangrante, es también una idea, un sentimiento, y tiene también que aprenderse e interiorizarse. La desigualdad entre mujeres y hombres es la primera que se aprende y legitima desde los inicios de la crianza.”

Fragmento de “Ética para Celia. Contra la doble verdad.” (2021)

Y tiene consecuencias devastadoras en el proyecto de vida de las mujeres, tal y como por ejemplo se denuncia en un informe que documenta el impacto de las violencias sexuales en el sector audiovisual español, presentado por la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), en el que se pone al descubierto una cultura estructural de silencio e impunidad, sostenida por el miedo a represalias, la falta de confianza en las instituciones y la ausencia de mecanismos eficaces de protección:

El 60,3% de las mujeres del sector encuestadas ha sufrido violencia sexual.

Altos niveles de impunidad: El 92% de los casos no se ha denunciado.

Las violencias ocurren en todas las fases del trabajo, desde castings hasta festivales.

El impacto en la salud mental y la carrera profesional es profundo y devastador.

Aunque esa “cultura estructural de silencio e impunidad, sostenida por el miedo a represalias, la falta de confianza en las instituciones y la ausencia de mecanismos eficaces de protección”, también podríamos señalarlas en la serie de denuncias sobre acoso y/o agresión sexual a políticos; a catedráticos, profesores universitarios y a científicos integrantes del CSIC; o al cargo de mayor rango en la Policía Nacional.

Y es imposible no mencionar el sangriento inicio de año, 16 mujeres asesinadas y 3 menores asesinados, sus asesinos han sido hombres.

Por eso nuevamente, en la conmemoración del 8M, desde el Fórum de Política Feminista proclamamos que “Frente a la globalización patriarcal, emancipación Feminista”.

La igualdad de derechos, oportunidades y responsabilidades entre los sexos es el objetivo, y para conseguirla necesitamos revocar hasta los cimientos el modelo de socialización patriarcal que ha determinado proyectos de vida excluyentes y jerarquizados asimétricamente según el sexo, valiéndose para ello de la construcción del género, que es “La interpretación cultural que ha hecho el Patriarcado con los elementos biológicos”, según lo define Margarita Sánchez Romero, arqueóloga feminista y catedrática de Prehistoria.

Las mujeres con ideología feminista mantenemos la unidad del 8M sabiendo que sólo nuestra determinación y rebeldía feminista harán que la igualdad efectiva de mujeres y hombres sea una realidad.

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