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La privatización de la línea Marsella-Niza no es solo un cambio administrativo, sino un paso hacia la transformación del ferrocarril francés de un servicio público a un negocio privado.
Por Sergio Meneses | 3/07/2025
El 29 de junio debería ser recordado como una jornada negra en la historia del ferrocarril francés. La empresa privada Transdev asumió el control de la línea TER Marsella-Niza, convirtiéndose en la primera operadora privada en sustituir a la estatal Société Nationale des Chemins de fer Français (SNCF) en una línea regional. Este hecho, que puede parecer un simple cambio operativo, es en realidad un paso significativo en el proceso de privatización del sector ferroviario francés, impulsado por las directivas de la Unión Europea (UE).
La privatización del ferrocarril en Francia se enmarca en las políticas de la UE que, bajo el argumento de fomentar la «modernización» y la «competencia», obligan a los países miembros a abrir sus mercados ferroviarios a operadores privados.
Estas directivas, implementadas a través de los denominados «paquetes ferroviarios», buscan romper el monopolio de las empresas estatales, como la SNCF, para dar entrada al capital privado. Sin embargo, esta liberalización ha generado un intenso debate sobre sus verdaderas consecuencias para los usuarios, los trabajadores y el servicio público.
En el caso de la línea Marsella-Niza, Transdev, una multinacional especializada en transporte, ha obtenido un contrato por el que recibirá 50 millones de euros anuales de fondos públicos durante una década. Esto significa que, aunque el servicio seguirá financiado con el dinero de los contribuyentes franceses, los beneficios generados por la explotación de la línea irán a parar a manos privadas. Este modelo pone en cuestión el carácter público del ferrocarril, transformando un servicio esencial en un negocio orientado a la maximización de beneficios.
Desmantelamiento progresivo de la SNCF
La cesión de la línea Marsella-Niza a Transdev no es un hecho aislado, sino el inicio de una estrategia más amplia que busca liberalizar progresivamente el sector ferroviario francés. El gobierno francés, alineado con las directivas de la UE, está facilitando la entrada de operadores privados, lo que pone en peligro la integridad de la SNCF como empresa pública.
Organizaciones como el Pôle de Renaissance Communiste en France (PRCF) han denunciado que esta privatización amenaza con desmembrar la red ferroviaria francesa, fragmentándola en un mosaico de operadores privados que priorizarán los beneficios por encima de la calidad del servicio y las condiciones laborales. El PRCF advierte que la liberalización podría llevar a una precarización del servicio, con menos frecuencias, peores condiciones para los pasajeros y un deterioro de los derechos de los trabajadores del sector. Además, critican que este proceso no responde a las necesidades reales de los ciudadanos, sino a los intereses de grandes corporaciones que buscan lucrarse con un servicio históricamente público.
El precedente británico: un aviso de los riesgos
Un ejemplo paradigmático de los peligros de la privatización del ferrocarril se encuentra en el Reino Unido, donde la liberalización iniciada en los años 90 llevó a un deterioro generalizado del servicio.
Las empresas privadas, enfocadas en maximizar beneficios, recortaron inversiones en infraestructura, redujeron personal y aumentaron los precios de los billetes, lo que resultó en un servicio ineficiente, retrasos constantes y una experiencia deficiente para los usuarios.
Tras décadas de críticas y un sistema ferroviario al borde del colapso, el gobierno británico se vio obligado a renacionalizar varias líneas para intentar recuperar la calidad del servicio. Este precedente sirve como advertencia para Francia, donde los opositores a la privatización temen que se repita un escenario similar. La línea Marsella-Niza, ahora en manos de Transdev, se convierte así en un laboratorio experimental para las políticas liberalizadoras que podrían extenderse al resto del país.
La entrada de operadores privados en el sector ferroviario plantea varias preocupaciones. En primer lugar, está el riesgo de que los servicios se orienten más hacia las líneas rentables, dejando desatendidas las rutas menos lucrativas pero esenciales para conectar regiones rurales o menos pobladas. Esto podría agravar las desigualdades territoriales en Francia, donde el ferrocarril ha sido históricamente un pilar para la cohesión social y territorial.
En segundo lugar, los trabajadores del sector enfrentan la amenaza de una precarización de sus condiciones laborales. Los operadores privados, en su búsqueda de reducir costes, suelen recurrir a contratos más flexibles, salarios más bajos y una menor protección laboral, lo que podría afectar a la calidad del servicio y a la seguridad de los pasajeros.
Un laboratorio liberal
La privatización de la línea Marsella-Niza no es solo un cambio administrativo, sino un paso hacia la transformación del ferrocarril francés de un servicio público a un negocio privado. Bajo el pretexto de la modernización y la competencia, las directivas de la UE están impulsando un modelo que prioriza los beneficios económicos sobre el bienestar de los ciudadanos y los trabajadores. El caso británico demuestra que la liberalización no siempre trae consigo mejoras, y los franceses podrían enfrentarse a un futuro de servicios más caros, menos fiables y menos equitativos.
Organizaciones como el PRCF llaman a la resistencia frente a este proceso, abogando por la defensa de la SNCF como pilar de un servicio público accesible y de calidad.
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