FRAN LORES (HOGAR SÍ): «Cuando todo esto acabe, será el momento de dejar de ver el sinhogarismo como un problema a gestionar y entenderlo como un fenómeno estructural a solucionar».

La crisis actual, que sin duda no es meramente una cuestión vírica, ha traído a primera plana las costuras de un sistema inhumano. Los parches han sido el recurso recurrente para maquillar modelos de gestión fallidos sobre problemáticas diversas. Todo aquello que no ha sido rentable ha sido visto de reojo, y ahora nos llevamos las manos a la cabeza ante el desastre de aquello que habíamos presupuesto como normal. Con estas perspectivas de una realidad degenerada llegó la pandemia y se agravó la situación.

Uno de estos grupos de población que ahora acusan, más aún, una situación de vulnerabilidad extrema, es el de las personas en situación de sinhogarismo.

Como explica Fran Lores (Técnico de Comunicación e Incidencia de HOGAR SÍ), esta situación de inseguridad ante el virus se debe por diversos motivos, «por una parte, en términos generales, tienen una salud bastante deteriorada lo que las convierte en personas de riesgo en el caso de verse infectadas. Por otro, y quizás más evidente, las personas en situación de sinhogarismo no tienen un hogar, que es lo que ahora mismo está protegiendo a la mayoría de la población. Esta situación de sinhogarismo hace mucho más complicado que estas personas cumplan con las medidas de confinamiento y seguridad marcadas por las autoridades».

Según Fran Lores, en este sentido la organización ha contabilizado «en torno unas 4000 nuevas plazas de alojamiento», pero «de esas nuevas 4000 plazas, unas 3500 son en alojamientos colectivos, en los que garantizar las condiciones de distanciamiento social, seguridad e higiene se hace mucho más complejo».

Pero, «¿Cómo haces frente a una enfermedad sin un hogar donde recuperarte y cuidarte?». Para ello desde HOGAR SÍ creen que «es urgente impulsar proyectos, como nuestras viviendas para la recuperación de la salud, que garanticen los derechos de las personas en situación de sinhogarismo».

Por lo tanto, dice Lores, que antes de que sea demasiado tarde «es momento de pensar intuitivamente, y replantearse si lo más adecuado son alojamientos colectivos». Ya que «hasta ahora, muy pocos municipios han puesto en marcha plazas en hoteles, hostales o pensiones como si se están poniendo en marcha, de manera muy acertada, para otros colectivos. Mientras, para las personas en situación de sinhogarismo se sigue optando por el alojamiento colectivo. Necesitamos dar una respuesta basada en el acceso a la vivienda que como se ha demostrado se ha convertido en el mejor escudo para nuestra seguridad y cuidado«.

Es bien cierto, que aún y así, la organización reconoce favorablemente la «respuesta rápida de las administraciones, que tuvo en cuenta la situación de las personas en situación de sinhogarismo desde el primer momento. Aunque este tipo de acciones no encaja con nuestra filosofía de trabajo, entendimos la urgencia y gravedad de la situación y acogimos positivamente estas medidas».

Una de las exigencias requeridas en los centros de alojamiento de emergencia, como expone Lores, es «que se tenga cierta prioridad a la hora de realizar test rápidos, de la manera más eficiente posible, para que, en caso de que fuera necesario, se puedan producir aislamientos. En alojamientos de 70, 100 y hasta 150 plazas, si no realizamos una detección rápida y eficiente de los casos pueden acabar convirtiéndose en espacios que en lugar de ofrecer seguridad se conviertan en espacios de mayor vulnerabilidad«.

También «el acceso a EPIs es fundamental. Somos conscientes de que hay un problema con dicho acceso, que no solo se da en los servicios de atención al sinhogarismo, también sucede en los servicios sanitarios o en la atención a las personas mayores. Por ello, estamos trabajando para que se da prioridad también a los recursos de atención a personas sin hogar para que podamos acceder a estos equipos de protección tanto para las personas atendidas como para los y las profesionales con el objetivo de no se conviertan en un foco de contagio».

Además, como bien advierte Lores, otro de los problemas es que según los datos que desde HOGAR SÍ se manejaban, previamente a esta situación presente, «decían que en nuestro país hay entre 8000 y 10000 personas que viven de manera permanente en la calle (33000 en situación de sinhogarismo). Así pues, con estos datos, lo que vemos es que e habrían cubierto menos del 50% de las necesidades».

En este sentido, añade Lores, «desde el Observatorio HATEnto hemos lanzado, en colaboración con Unijepol, una serie de recomendaciones para las intervenciones policiales con personas en situación de sinhogarismo que están en la calle durante el estado de alarma. Lo que señalamos en dichas recomendaciones es que hay que ser conscientes de que las personas en situación de sinhogarismo no incumplen el confinamiento porque quieren, si no porque no tienen hogar; que los derechos fundamentales, especialmente el derecho a la dignidad, siguen vigentes y que es necesario evitar medidas coercitivas. Además, que si no es posible convencer a una persona para que se traslade voluntariamente a un centro o no quedan plazas en los recursos habilitados se debe anotar su localización, indicar a la persona que limite su deambulación y trasladar a los servicios sociales la información para que hagan un seguimiento diario de su estado de salud y le provean de un kit de higiene y alimentación».

Otro de los debates que se pone en juego es que esta situación de actual emergencia ¿Qué perspectivas de futuro tiene? ¿Cómo se plasmará en la sociedad venidera?

Fran Lores tiene claro que «cuando todo esto acabe, será el momento de dejar de ver el sinhogarismo como un problema a gestionar y entenderlo, por fin, como un fenómeno estructural a solucionar. Creemos que las posturas que venimos defendiendo en HOGAR SÍ desde hace mucho tiempo van a salir reforzadas. Es decir, que lo que más protege a una persona es la vivienda. Llevamos mucho tiempo indicando que el sistema de atención al sinhogarismo no está dando respuesta al problema existente que tenemos que apostar por soluciones eficaces y eficientes basadas en el acceso a la vivienda, como por ejemplo, el modelo Housing First. En HOGAR SÍ llevamos trabajando con la metodología Housing First desde hace 5 años y desde entonces 363 personas han dejado de vivir en la calle. Actualmente contamos con 303 viviendas en 22 municipios de toda España».

Este, el derecho a la vivienda, es uno de los tres elementos sobre los que gira el trabajo de HOGAR SÍ, además del derecho al empleo y el derecho a la salud. Aunque ha quedado patente que la salud es que es intrínseco y está inexorablemente relacionado con el derecho a la vivienda. Como afirma Fran Lores, «el derecho a la vivienda es fundamental para garantizar el derecho a la salud».

En cuanto al derecho al empleo, sin duda, «es una de las mejores herramientas de prevenir el sinhogarismo. Creemos que todas las personas pueden trabajar siempre que cuenten con un empleo adaptado y los apoyos necesarios. Desarrollamos programas para ello y además, hemos puesto en marcha dos empresas de economía social«.

Sobre estos tres ejes deberá reivindicarse un cambio social, que si antes era tenido como necesidad, a partir de ahora se refleja como asunto de extrema urgencia por y para la dignidad humana.


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