Fast food literario

Por María Sánchez Arias

Las grandes librerías de nuestro país muestran un panorama peculiar. Las estanterías nos ofrecen los últimos Best Sellers internacionales y diversas novelas nacionales que han gozado de un éxito sin igual. A veces, estas resultan ser obras con una calidad literaria aceptable, si bien no suele ser lo normal. Del mismo modo, encontramos riestras de novelas, poemarios y experimentos literarios de periodistas, comentaristas, youtubers, influencers y demás personas del mundo televisivo o mediático.

Ciertamente, hay autores interesantes que, además de escritores, son periodistas, pero como ya se señaló antes no suele ser lo normal. Los escritores, digamos, profesionales suelen encontrarse en las largas estanterías temáticas que no acostumbran a estar bien ordenadas y clasificadas. Además, si no está en la tienda física, siempre podremos encargarlo. De igual modo, los famosos monopolios también han llegado al mundo editorial y probablemente la mayoría de sellos que vemos en las tiendas pertenezcan a los dos grandes grupos editoriales: Planeta y Bertelsmann SE & Co (Penguin Random House en España). Parece que ya no se trata de literatura o de libros, sino de productos, sí, literarios, pero ante todo productos.

Hoy, la literatura se ha convertido en una esclava más del promiscuo harén de los grandes grupos mediáticos

Rafael Chirbes ya nos avisaba en El novelista perplejo de estos procesos: «[…] Hoy, la literatura, y en concreto la novela, se ha convertido en una esclava más del promiscuo harén de los que se conocen como grandes grupos mediáticos […] los propios novelistas acaban convirtiéndose en trabajadores, en felices obreros, asalariados de esos grandes grupos […] En las reuniones de los consejos de administración salen a relucir títulos de novelas y nombres de autores en relación con grandes empresas económicas» (pp. 18-19). Asimismo, los escritores se crean mediante la televisión y las redes sociales: un comentarista o un personaje público famoso, una buena campaña de marketing y ya tendríamos a un autor que venderá bastante más que el novelista antes mencionado. Planeta es un experto en este tipo de mecanismos, además de en la compra y absorción de pequeñas y medianas editoriales.

Recordemos, de igual modo, el Premio Planeta y sus últimos ganadores: un tal Boris Izaguirre, por ejemplo. También, se decantan por personajes famosos, como Frank Blanco, Macarena Gea o Samanta Villar. Su catálogo es muy variado y hay libros de autoayuda, de Coelho y cómo no de los grandes éxitos juveniles: Blue Jeans y Federico Moccia. Simplemente dinero, ya no es literatura, es economía. Parece que su selección se debe más a la pregunta ¿cuánto puedo ganar? que a ¿esta obra merece ser publicada por su contenido y estilo? El capitalismo también ha acabado con la literatura y el mundo editorial.

En conclusión, la literatura es, para la mayoría de las editoriales, secundaria. Interesa el rédito económico, que no incomode en su línea ideológica, ya que, además de editar libros, son dueños de periódicos y medios de comunicación. Como ya se dijo es un mero producto a consumir, no aporta nada, quizá distracción, ociosidad, pues el conocimiento y el fomento del pensamiento crítico ya no sirve. Al igual que la sociedad, los libros dejan de importar, se convierten en algo extraño que solo sirve para distraer, para reconducir el pensamiento a aquellos lugares que el poder y el capitalismo desea.

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