Fascismo, el arma de los niños bien

Esta situación no es fruto de la casualidad, sino que es el resultado inevitable de las contradicciones inherentes al capitalismo. La acumulación de capital en Europa se ha basado históricamente en la explotación colonial y neocolonial del sur global.

Por Dani Seixo | 23/06/2024

«Liberamos a Europa del fascismo, pero nunca nos perdonarán por ello».

Georgi Zhúkov, Mariscal del Ejército Rojo.

Europa se encamina inexorablemente a su decadencia definitiva. Esto es algo que debemos tener en cuenta antes de seguir leyendo las palabras que en este pequeño texto me dispongo a plasmar.

No es solo que hayamos perdido la razón e incluso el más mínimo sentido común, sino que en esta era de globalización capitalista, en la que la competencia despiadada ha superado todos los límites, los márgenes de beneficio y las tasas de ganancia de las burguesías europeas se evaporan a un ritmo endiablado. El sur global, anteriormente saqueado y explotado, se niega a entregar de nuevo el oro y la plata de las minas de Potosí, la mano de obra esclava que sustentó las plantaciones algodoneras, el caucho brasileño vital para la revolución industrial o el petróleo y los minerales estratégicos indispensables para nuestra electrónica, tecnología e incluso para esa supuesta revolución verde, que escapa totalmente a nuestra soberanía.

Esta situación no es fruto de la casualidad, sino que es el resultado inevitable de las contradicciones inherentes al capitalismo. La acumulación de capital en Europa se ha basado históricamente en la explotación colonial y neocolonial del sur global. Ahora, esas mismas estructuras que permitieron la acumulación originaria de capital se están desmoronando. La ideología de la superioridad de la raza blanca y el mesianismo del proyecto europeo, que justificaron el saqueo, la esclavitud y la limpieza étnica, se revela como un mito insostenible en el contexto actual.

Sin que resulte sorprendente, los dirigentes europeos, que durante siglos se lucraron del saqueo y la explotación, se muestran ahora reacios a aceptar el cambio de paradigma global y totalmente incapaces de dialogar y negociar en pie de igualdad con los líderes de los pueblos del sur global, a los que en gran medida aún ven como subhumanos, elementos a evangelizar o exterminar. Dicha mentalidad imperialista y racista no solo es moralmente repugnante, sino que políticamente supone una garantía de hundimiento irrefutable en el mundo multipolar emergente.

Es en este escenario de crisis económica y social, en el que el fascismo resurge en Europa con fuerzas renovadas. Francia, Italia, Alemania, España… Pocos son los estados que se libran del resurgir de esta herramienta necesaria para la burguesía en tiempos de crisis. El fascismo es únicamente una reacción de la burguesía para mantener su poder en tiempos de crisis, reprimiendo cualquier forma de resistencia popular y asegurando la continuidad de la explotación capitalista.

Los presidentes europeos, serviles al imperialismo estadounidense, han hipotecado su futuro industrial y energético. Inmersos en una guerra económica que no pueden ganar, son conscientes de que la presión del malestar y el descontento no podrá ser contenida eternamente con el lanzamiento de nuevos productos de consumo, festivales veraniegos o competiciones deportivas. Ni siquiera las nuevas sustancias psicoactivas podrán detener a generaciones enteras que crecieron bajo la promesa del consumo constante y el individualismo exacerbado.

Ese caldo de cultivo es el que precisamente da pie a una ideología basada en el trilerismo de prometer, en su grandilocuente y vacía retórica, una transformación radical de la estructura social y económica hacia una sociedad sin clases, pero que en la praxis demuestra históricamente funcionar meramente como un arma en manos de una burguesía amenazada que pretende aplastar con premura la resistencia obrera para mantener el sistema capitalista en funcionamiento. A través de métodos represivos, militarización y el control totalitario de la población, el fascismo únicamente busca preservar y reforzar las estructuras y las bases económicas del capitalismo.

Tras toda la retórica anti-establishment y las soflamas revolucionarias de personajes como Alvise, Abascal, Meloni, Le Pen o Trump, se esconde la búsqueda de un control estatal fuerte sobre la economía y la sociedad. Este control, indudablemente, se ejerce con el objetivo de mantener y reforzar las estructuras de poder y las relaciones de producción capitalistas.

Todas estas nuevas formaciones protofascistas y sus líderes obtusos, apoyados por el aparato mediático y propagandístico del capital, deben ser interpretadas como una pataleta de la burguesía, una clara muestra de su debilidad y su temor ante una reacción obrera que pueda arrebatarles un poder que el tablero geopolítico mundial ya amenaza gravemente, fruto de las propias dinámicas del sistema que los alimenta. Las crisis económicas y la disminución de los recursos exacerban las tensiones sociales y políticas en el viejo continente, creando un terreno fértil para el resurgimiento de ideologías fascistas que buscan desviar la lucha de clases hacia el nacionalismo y la xenofobia.

La clase trabajadora y las masas populares deben organizarse y resistir, reconociendo que solo a través de la lucha consciente y organizada podrán enfrentar la decadencia del capitalismo europeo y construir una nueva sociedad basada en la justicia social y la igualdad. La lucha contra el fascismo y el capitalismo está indisolublemente ligada. Quienes carezcan de un análisis serio y pretendan luchar de forma focalizada contra injusticias concretas, correrán el riesgo de verter su sangre en batallas que únicamente terminarán preservando el sistema que las provoca. Incluso en ese camino, podrán terminar abrazando el cínico canto de sirena del fascismo, desviándose de la verdadera lucha por la emancipación y la revolución socialista.

La historia ha demostrado que el fascismo es una herramienta del capital en tiempos de crisis. Por tanto, es fundamental entender que la única forma de combatirlo efectivamente es mediante la organización y la lucha revolucionaria que desmantele las bases del sistema capitalista y construya un orden social verdaderamente igualitario y justo.

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