La explotación de la que la patronal hostelera no habla

Se acerca la temporada de verano y muchos medios de comunicación se hacen eco de la «gran preocupación» que hay en la patronal de la hostelería para estas fechas: la falta de camareros.

Por Oriol Sabata

La prensa recoge la «sorpresa» de los empresarios ante la falta de trabajadores en una época del año con tanta demanda. «Nos cuesta encontrar empleados», aseguran los dueños de los establecimientos.

La Cadena Ser hablaba este lunes acerca de la ausencia de mano de obra en el sector: «Faltan 50.000 camareros que no han vuelto a la hostelería tras la pandemia». Alguien debería preguntarse los motivos.

Se calcula que 1.659.568 personas trabajan en la hostelería en España. ¿Pero cuáles son las condiciones laborales de los trabajadores? ¿Por qué la patronal no quiere hablar sobre ello?

Lo cierto es que la precariedad es el denominador común en este ámbito: 2 de cada 3 contratos firmados el año pasado en hostelería eran temporales, la mayoría de obra y servicio. Según datos del Instituto nacional de Estadística (INE), los empleados del sector cobran una media de 1.213 euros brutos al mes. A esto hay que sumarle largas jornadas de entre 10 y 12 horas en las que a menudo no se pagan las horas extra sino que se devuelven con días libres. En ocasiones ni eso.

Por lo general, suelen ser trabajos de temporada en lugares de costa. Ante la gran demanda de turistas locales y extranjeros, los alquileres de los apartamentos de estas localidades suelen rondar unos 1.400 euros al mes. Un precio desorbitado que un solo trabajador de hostelería no puede cubrir con su salario. Esto los obliga a optar por dos opciones: pisos «patera» o desplazamientos diarios hacia el lugar de trabajo con los gastos de gasolina que conlleva esto.

Ante la falta de trabajadores autóctonos, la patronal de la hostelería ha llegado a plantearse la contratación de refugiados ucranianos. Esto ya lo vienen haciendo las empresas cárnicas en Alemania, que han sido denunciadas por ofrecer contratos basura y salarios muy por debajo de lo habitual.

La empresa Tönnies, la mayor productora de carne de Europa, distribuyó volantes en Polonia para reclutar a ucranianos que habían huido de la guerra. Les ofrecían un salario de 11 euros la hora de los cuales se descontaban posteriormente los gastos de alojamiento. Podemos hacernos una idea de las condiciones en las que van a terminar trabajando los refugiados en la hostelería española.

La asociación Hostelería en Lucha denuncia que los empresarios del sector siguen aumentando sus beneficios mientras mantienen en condiciones de precariedad a los trabajadores. Informan de largas jornadas, salarios de miseria e incumplimiento del convenio en cuanto a días de descanso. Por ello, hacen un llamamiento a organizarse para defender los derechos laborales.

«Hemos decidido organizarnos contra los abusos en este sector por parte de los empresarios. Los trabajadores de hostelería siempre soportamos las peores condiciones del mercado de trabajo, justificadas siempre por la temporalidad del sector. Desde Hostelería en Lucha estamos decididos a acabar con esta situación», afirma Ángel, trabajador del sector y miembro de la asociación.

Y es que esta es la realidad de la clase trabajadora más allá de los medios de comunicación y del relato de la patronal. Un grado de explotación que ha llevado precisamente a esta falta de mano de obra y del que los empresarios prefieren no hablar.

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