Expansión ultramarina y feudalismo en el siglo XVI

Susana Gómez Nuño

Crecimiento urbano y expansión ultramarina

El proceso de urbanización de las ciudades en los siglos XV y XVI estuvo influenciado por el flujo migratorio de población procedente del medio rural y de otras ciudades más pequeñas, así como por el aumento demográfico provocado por el resurgimiento agrario que mejoraba las condiciones de vida. A través de la ruta de la seda, las florecientes ciudades recibían ricas mercancías procedentes de Oriente que, junto con los relatos de los viajeros europeos que habían recorrido esas lejanas tierras, contribuyeron a crear el llamado mito oriental.

No solo era conocido por todos que Asia y Oriente poseían formidables tesoros, sino que también se sabía que el oro que circulaba por el Mediterráneo procedía de Sudán. Todo ello provocó un afán de apropiación de todas esas riquezas que justificó la lucha contra el Islam, la cual no solo tenía un papel religioso, sino también económico, ya que facilitaba la eliminación del intermediario musulmán con la excusa de extender el cristianismo.

El crecimiento urbano conllevó un importante desarrollo económico con el que se pudieron sufragar los gastos que ocasionaban las expediciones de ultramar, pero no solo el crecimiento de las ciudades, convertidas en sedes de poder y en centros neurálgicos de desarrollo comercial y económico, fue decisivo en la expansión ultramarina de la Península Ibérica. Tampoco debemos olvidar algunos factores clave que se dieron en las ciudades y que contribuyeron a facilitar esa expansión. En particular, los nuevos avances científicos y tecnológicos en el ámbito de la navegación, tales como la brújula, el astrolabio y los mapas, además de la carabela, y la nueva concepción de una tierra redonda y navegable, todo ello desarrollado en la esfera del movimiento humanista.

Imperio portugués e imperio español: diferentes modelos coloniales

En el siglo XVI, los conquistadores portugueses intervinieron y colonizaron las costas africanas, así como el litoral índico mediante el establecimiento de feitorias o factorías que, con su doble papel militar y mercantil, garantizaban los intercambios comerciales con la población local. El objetivo de estas factorías era atraer un determinado flujo de mercancías, como oro, sedas y especias, con condiciones económicas ventajosas. El modelo colonial del imperio portugués no interfirió en la producción y ni en el trabajo, lo cual permitió que las estructuras sociales de la población autóctona permanecieran inalterables. Es decir, su política de factorías no obstaculizó el modelo productivo y por esa misma razón nunca llegaron a monopolizar esos tráficos comerciales.

Los conquistadores españoles, al descubrir un nuevo continente en vez de la esperada ruta a Oriente, se enfrentaron a la falta de beneficios inmediatos, lo cual propició el modelo colonial español determinado por la encomienda (1550-1560), la cual se basaba en repartir tierras e indios entre los conquistadores. Los indígenas, desposeídos de sus derechos y recluidos en zonas rurales, serían la mano de obra duramente explotada en haciendas y minas. A pesar de la prohibición de la esclavitud, los nativos eran obligados a trabajar para el encomendero correspondiente, que por decreto real era poseedor y beneficiario de las tierras.

Conquistadores españoles en el Nuevo Mundo

La encomienda, muy similar al feudalismo, y el brutal descenso demográfico de la población indígena, debido a la explotación y a las pandemias, propiciaron, en 1570, el establecimiento de la mita, la cual exigía a las comunidades indígenas que una parte de su población trabajara durante un año a cambio de un sueldo, lo cual no era sino otra forma de trabajo forzado.

El modelo colonial español, a diferencia del portugués, interfirió y destruyó los eficaces sistemas productivos autóctonos, provocando una desestructuración de la sociedad indígena, en todos sus ámbitos, que la llevó al colapso.

El feudalismo europeo y los imperios tributarios

El feudalismo se consideraba excepcional fuera de Europa porque era un sistema reprimido e inusual en otros imperios. En el caso del imperio otomano, los territorios conquistados a principios del siglo XVI no fueron feudalizados, de hecho, ni la tierra ni la producción fueron motivo de preocupación para los otomanos, que lo único que exigían era el pago de elevados tributos.

Los imperios asiáticos —a excepción de Japón, donde el feudalismo se consolidó y fue más completo que el occidental, ya que el imperio japonés no conoció, según parece, ningún suelo libre de señor feudal— se asemejaban al sistema otomano: los campesinos tan solo debían pagar tributo a los gobernadores que no eran propietarios ni de la tierra ni del trabajo de los agricultores. En ambos imperios la fiscalidad estatal era el sistema dominante y los registros catastrales se controlaban escrupulosamente con el fin de ajustar los impuestos a la producción.

Feudalismo europeo en el siglo XVI

Para concluir, podemos afirmar que el feudalismo, así como la búsqueda de riqueza y nuevas rutas comerciales fueron claves en la expansión peninsular, puesto que eran las prácticas imperantes en ese momento. El hecho de que se instauraran sistemas similares al feudalismo, como la encomienda o la mita —en las que los colonizadores se beneficiaban de la tierra y del trabajo de los indígenas— proporcionó grandes riquezas al imperio español.

Por otro lado, la instauración de los nuevos métodos de producción provenientes de los conquistadores, así como la imposición de sus costumbres, su religión y sus estructuras económicas y sociales, favorecieron el éxito de la misión aun a costa de la hecatombe demográfica que estas medidas provocaron en la población autóctona. La supremacía del imperio español, al igual que la de otros imperios europeos se hizo patente y, con el tiempo, logró imponerse a los fastuosos imperios de Asia y Oriente.


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