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En 2025 Alex Fegan y Malcolm Willis desenterraron material de vídeo y audio inédito, y con entrevistas con su familia, amigos y compañeros músicos realizaron el documental “The Essence of Eva”
Por Angelo Nero | 13/06/2026
La primera vez que escuché una canción de Eva Cassidy sentí que su voz me arañaba el corazón y abría una grieta para hacerse un nido dentro. Era “Kathy’s Song”, una versión de un tema de Paul Simon que abría el álbum “Time After Time”, publicado en el 2000, cuatro años después de la prematura muerte de la cantante, a la que un melanoma se la llevó por delante a los 33 años, sin haber conocido la fama. El álbum que me abrió las puertas al universo musical de Eva Cassidy es una avalancha de melancolía, con un puñado de versiones que la voz dulce y nostálgica de la cantante nacida en Washington en 1963 adquirieron una pátina de luminosa tristeza, como la que da título al disco, que popularizara Cyndi Lauper, el “Ain’t No Sunshine” de Bill Withers, o el “Woodstock” de Joni Mitchell, donde Eva mostraba su inconfundible forma de acariciar (más que tocar) la guitarra. Caminando por las fronteras del jazz, el folk y el blues, Eva Cassidy era capaz de hacer cualquier canción y mejorarla, como reconoció el mismo Sting, que dijo que la voz de Eva le hizo llorar al escuchar su versión de “Fields of gold” que fue incluida en el disco “Songbird”, publicado un año después de su muerte.
Eva Cassidy se ganaba la vida trabajando en un invernadero, un trabajo duro, rodeado de hombres, pero nunca perdía la sonrisa, aunque su gran sueño era cantar. Un ingeniero de sonido, Chris Biondo, la descubrió tocando en un pequeño local de su ciudad, ante un público reducido que apenas le hacía caso, y que seguían bebiendo y hablando mientras tenían la inmensa suerte de escuchar a Eva en directo. Biondo, que acabaría siendo su pareja, fue el embrión de la banda de Cassidy, en la que tocaba el bajo, junto al pianista Lenny Williams, al guitarrista Keith Grimes, y al batería Raice McLeod (aunque antes estuvieron en la percusión Jimmy Campbell y JuJu House). Gracias a Chris Biondo conoció a un músico de soul y funk muy apreciado en la época, Chuck Brown, que enseguida se dio cuenta del talento de Eva, a la que comparó con Ella Fiztgerald, y con quién grabó un disco, “The Other Side”, donde aparecería una de las canciones más celebradas de Eva Cassidy: “Over the Rainbow”, otro derroche de deliciosa melancolía.
Algunas discográficas le hicieron ofertas, aunque le pedían un giro más comercial a su propuesta musical, y las rechazó, y siguió tocando en los pequeños locales de su ciudad. A punto estuvo de ser fichada por el mítico sello de jazz Blue Note, algo de lo que su presidente, Bruce Lundvall siempre se arrepentiría. La fama no le llegó en vida. El 2 de noviembre de 1996, con solo 33 años de edad, Eva Cassidy moría en casa de sus padres, en Bowie, Maryland, acompañada por sus músicos, que tocaron bajo su ventana para acompañarla en los últimos momentos.
Tras su muerte se publicó una selección de sus mejores temas en Songbird, con escaso éxito, hasta que se emitió en la BBC Radio, y en los meses siguientes se vendieron cien mil copias. En las navidades del 2000 el álbum ya era número uno en las listas, y entre sus admiradores se encontraban músicos como Paul McCartney y Eric Clapton. En el Reino Unido Songbird fue seis veces disco de platino, con cerca de dos millones de copias vendidas, y en EEUU también fue disco de oro.
En 2025 Alex Fegan y Malcolm Willis desenterraron material de vídeo y audio inédito, y con entrevistas con su familia, amigos y compañeros músicos realizaron el documental “The Essence of Eva”. Casi treinta años después de su muerte, Eva Cassidy no podía estar más viva gracias a todos los que tuvieron la suerte de conocerla, de escucharla en directo, de acompañarla, pero también en todos los que se siguen emocionando con sus canciones. Por el documental recuerdan a Eva el productor de radio Terry Wogan, el productor Paul Wlaters, o el músico Chuck Brown, los tres también desaparecidos hace años, también habla su familia, sus hermanos, Daniel y Annette, o su madre Barbara, que señalaba que, unos días antes de su muerte, Eva era capaz de apreciar la belleza de la luz que se colaba entre sus persianas venecianas. Hablan también sus compañeros de la Eva Cassidy Band, empezando por Chris Biondo, que fue también su productor y su pareja. Entre sus admiradores se registran los testimonios de Mick Fleetwood y Sting.
Tanto para los seguidores de Eva Cassidy como para aquellos a los que todavía no les ha alcanzando su luz, este documental seguro que les abrirá (o les ahondará) una grieta en el corazón, donde anidarán sus canciones para siempre.
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