Estonia prohíbe el Día de la Victoria soviética sobre el nazismo

La prohibición de Estonia del 9 de mayo se enmarca en la deriva anticomunista de la Unión Europea y su intento de reescribir la historia.

Por Ricardo Guerrero | 20/04/2025

En Estonia, la celebración del 9 de mayo, conocido como el Día de la Victoria, que conmemora el triunfo de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi en 1945, ha sido objeto de restricciones significativas. Este día, profundamente simbólico para millones de personas que honran la lucha contra el fascismo, ha sido relegado en favor de narrativas que buscan redefinir el pasado de la nación báltica y, por extensión, de Europa del Este. La postura de Estonia refleja una tendencia más amplia en la Unión Europea (UE) y en varios países de Europa del Este, donde una deriva anticomunista intenta equiparar el comunismo con el nazismo bajo el paraguas de los «totalitarismos», desmantelar monumentos soviéticos y reescribir la historia, deshonrando la memoria de quienes combatieron y derrotaron al fascismo.

En Estonia, el 9 de mayo no es reconocido oficialmente como una festividad. En su lugar, el país conmemora el fin de la Segunda Guerra Mundial el 8 de mayo, centrándose en las víctimas y en lo que perciben como una ocupación soviética posterior a 1945, en lugar de celebrar la victoria sobre el nazismo. Esta narrativa, que enfatiza el sufrimiento bajo el régimen soviético, ha llevado a la marginalización de las celebraciones del Día de la Victoria. La comunidad rusófona de Estonia, que representa aproximadamente un tercio de la población, continúa reuniéndose en el monumento del Soldado de Bronce en Tallin para rendir homenaje a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial, pero estas actividades son vigiladas de cerca por las autoridades, y los símbolos soviéticos están prohibidos. En 2023, la policía estonia desplegó unidades especiales para evitar tensiones durante los eventos del 9 de mayo, y las autoridades han dejado claro que no se tolerarán exhibiciones de «militarismo ruso».

Un hito clave en esta política fue el evento conocido como la «Noche de Bronce» en 2007, cuando el gobierno estonio decidió reubicar el monumento del Soldado de Bronce, un memorial soviético en el centro de Tallin, al Cementerio de las Fuerzas de Defensa. Esta acción desató protestas masivas, disturbios y una muerte, evidenciando la profunda división entre la población estonia.

Desde entonces, Estonia ha intensificado sus esfuerzos para eliminar monumentos soviéticos, como el tanque T-34 en Narva en 2022, justificándolo como una medida para contrarrestar supuestas influencias prorrusas.

La deriva anticomunista de la Unión Europea

La postura de Estonia no es un caso aislado, sino parte de una tendencia más amplia impulsada por la UE, que ha adoptado una narrativa profundamente anticomunista. En 2019, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que condena tanto el nazismo como el comunismo, equiparándolos como regímenes totalitarios responsables de sufrimiento masivo. Esta equiparación ha sido criticada por simplificar la historia y minimizar el papel crucial de la Unión Soviética, que perdió más de 20 millones de vidas en la derrota del nazismo.

La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, primera ministra de Estonia hasta 2024, ha sido una figura prominente en esta narrativa. En abril de 2025, Kallas advirtió que los países aspirantes a la UE deben evitar celebrar el 9 de mayo en Moscú, reforzando la idea de que tales conmemoraciones son incompatibles con los valores europeos.

Leyes de descomunización y desmantelamiento de monumentos

En Europa del Este, países como Polonia, Lituania, Letonia y Ucrania han implementado leyes de «descomunización» que prohíben símbolos comunistas y promueven narrativas que glorifican a figuras controvertidas, incluidos colaboradores nazis. En Ucrania, desde 2015, los símbolos comunistas están prohibidos, y el término «Gran Guerra Patria» ha sido reemplazado por «Segunda Guerra Mundial» en la legislación. En Lituania, se han honrado a colaboradores nazis como Jonas Norelka, mientras se persigue a partisanos judíos que lucharon contra el fascismo.

El desmantelamiento de monumentos soviéticos es otra faceta de esta campaña. En Letonia, un obelisco soviético en Riga fue derribado en 2022, y en Estonia, además del Soldado de Bronce y el tanque de Narva, numerosos monumentos han sido trasladados a museos o espacios menos visibles. Estas acciones son vistas por muchos, especialmente por las comunidades rusófonas, como una provocación étnica y un intento de borrar la contribución soviética a la derrota del fascismo.

Reescribiendo la historia, deshonrando la memoria

Esta campaña de descomunización y remoción de monumentos no solo busca redefinir el pasado, sino que también escupe sobre el honor y la memoria de los millones que lucharon y murieron para derrotar al fascismo. La narrativa que equipara comunismo y nazismo ignora las diferencias fundamentales entre ambos: el nazismo fue un régimen genocida basado en la supremacía racial y que emergió gracias al apoyo de la burguesía precisamente para frenar el avance del socialismo en el continente, mientras que el comunismo luchaba contra la explotación capitalista y desempeñó un papel decisivo en la liberación de Europa del fascismo.

Al derribar monumentos y prohibir celebraciones como la del 9 de mayo, se distorsiona la verdad histórica para servir a agendas políticas reaccionarias.

En Estonia, la insistencia en ver a los soldados soviéticos como ocupantes, en lugar de liberadores, ha llevado a la glorificación de figuras como los miembros de la Legión Estonia de las Waffen SS, que algunos defienden como «luchadores por la libertad» que buscaban proteger sus hogares, a pesar de su afiliación con el régimen nazi. Esta revisión histórica supone una deshonra a los sacrificios de la URSS en la Segunda Guerra Mundial.

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.