España, reino del fundamentalismo

El negacionismo es fundamentalista. Niega al diferente en su nivel económico. En su opción sexual. En su capacidad para decidir libremente sus preferencias religiosas o educativas. Le temen a confrontar sus ideas con otras visiones del mundo. Por ello censuran la educación laica. No quieren que las personas sean libres.

Por Alberto Vila

“La ideología del siglo XXI debe ser el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso.”
RYSZARD KAPUSCINSKI

Por fundamentalismo suelen entenderse a las actitudes contrarias a cualquier cambio o desviación en las doctrinas y las prácticas que se consideran esenciales e inamovibles en un sistema ideológico o una visión del mundo. Están especialmente asentadas en el marco de las creencias religiosas o políticas. Los fundamentalismos son dogmáticos, por su intransigencia. Fanáticos, por su acatamiento ciego y comprometido a toda prueba. También extremistas, como consecuencia de los efectos catastróficos que pueden acarrear sus posturas irreflexivas. Véase el caso de los antivacunas, o los negacionistas del cambio climático o del virus. Son, además, inflexibles e intransigentes en sus creencias religiosas o filosóficas, al ser capaces de llegar a cometer actos de subversión o terrorismo para imponer su visión del mundo. Los fundamentalismos sean de carácter religioso o político, no son democráticos. Tampoco son aptos para la convivencia en paz. Se creen legitimados por valores más allá de la legalidad de la sociedad que los contiene.

Una porción no menor de la población de España es fundamentalista. La falta de una base democrática se debe a ello. La España “reserva moral” era una confesión fundamentalista. Solo desde ese fundamentalismo puede entenderse el grado del odio que despiertan los discrepantes. La cobertura divina que se apropió de la España Imperial, prosiguió con la España Franquista. Desde esta red presuntamente ética, se solventaron las atrocidades cometidas y se dieron refugio a los asesinos dentro de las criptas, para preservarlos de la acción de la justicia universal. La religión justificó el enriquecimiento y administró la beneficencia. El fundamentalismo se enriqueció y cubrió de privilegios en materia económica, política, educativa y judicial. Con esos soportes se concibió la continuidad del Régimen, bajo palio, en forma de una monarquía que respondió a las prácticas habituales. Hasta que superando los límites de los Estados cómplices, incurrió en delitos fuera de la cobertura de la impunidad. Por ello hoy está en entredicho la propia Transición y la Monarquía que surgió de ella.

Los fundamentalistas no admiten someterse a la ley. De aquí que incumplan las normas aludiendo a privilegios inadmisibles. Son esencialmente corruptores del clima social equitativo. Aun así lo hacen, tal vez porque sepan que siguen controlando buena parte de los mecanismos institucionales que deberían evitarlo. Por eso llaman con impunidad a derribar a un gobierno legítimo. Un gobierno surgido de las urnas. Contrariamente, el fundamentalismo llama a la formación de un gobierno salido de los púlpitos, los cuarteles o los grupos empresarios. Esa es su convicción. Prefieren el lawfare a las urnas. Las fakes news a las verdades. Saben que son minoría. Que no conseguirán mayorías parlamentarias. Prefieren que la ciudadanía se vea afectada por una epidemia antes que reconocer que lo hacen para recuperar el poder.

El negacionismo es fundamentalista. Niega al diferente en su nivel económico. En su opción sexual. En su capacidad para decidir libremente sus preferencias religiosas o educativas. Le temen a confrontar sus ideas con otras visiones del mundo. Por ello censuran la educación laica. No quieren que las personas sean libres. Paradójicamente hablan de libertad pero la niegan. Durante el franquismo, España se mantuvo en la densidad tenebrosa de la mediocridad. Aún hoy se pretende seguir ocultando la aniquilación masiva de españoles exterminados por el mero hecho de pensar libremente. Las tramas de bebés recién nacidos bajo el amparo de los hábitos. Los grandes negocios de los amigos financistas y empresarios. Las torturas. Justifican el golpe de Estado en nombre de sus creencias. Lo estamos viendo. Si no se acata la ley debe hacérsela acatar. De lo contrario, la batalla estará perdida.

El fundamentalismo no ha regresado. No es cierto. Nunca se ha ido. Es la hora de plantarle cara.


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