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España no puede permanecer pasiva. Como miembro de la Unión Europea y la OTAN, el país ha sido arrastrado hacia una dinámica de vasallaje, donde las decisiones de Washington dictan políticas de defensa.
Por Gabriela Rojas | 10/01/2026
En diciembre de 2025, la administración Trump presentó su nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés), un documento que marca un giro significativo en la política exterior de Estados Unidos. Una estrategia que ha generado preocupaciones internacionales sobre un posible aumento de intervenciones imperialistas, caracterizadas por el saqueo de recursos y la erosión de la soberanía nacional en todo el mundo.
La intervención en Venezuela
Un ejemplo claro de esta deriva es la reciente intervención estadounidense en Venezuela. El 3 de enero, fuerzas militares de EE.UU lanzaron una operación a gran escala en Caracas y sus alrededores, con el objetivo declarado de secuestrar al presidente Nicolás Maduro y su esposa. Esta acción involucró más de 150 aeronaves militares y bombardeos aéreos, lo que ha sido calificado por organizaciones internacionales como una violación flagrante de la soberanía venezolana y la Carta de las Naciones Unidas.
Bajo la nueva NSS, Venezuela se convierte en un objetivo estratégico por sus vastas reservas de petróleo y su posición geopolítica. No es más que una forma moderna de imperialismo, donde el control de recursos naturales justifica acciones militares, poniendo en riesgo la estabilidad regional y la independencia de naciones soberanas.
Las amenazas a Groenlandia
Otro caso alarmante es la escalada de amenazas estadounidenses contra Groenlandia. Desde inicios de 2026, el presidente Trump ha intensificado su retórica sobre anexar este territorio autónomo danés, explorando opciones que incluyen el uso de la fuerza militar. Esta postura ha generado una crisis en la OTAN, ya que un ataque a Groenlandia —parte de Dinamarca, miembro de la alianza— podría interpretarse como una agresión interna, poniendo en jaque el futuro de la organización fundada en 1949.
Eesta amenaza no solo militarizaría el Ártico, pisoteando derechos indígenas, sino que también erosionaría el principio de soberanía nacional. Europa se encuentra en una encrucijada: dependiente del apoyo militar estadounidense, pero vulnerable a las provocaciones de Washington. Estos episodios ilustran cómo la nueva doctrina podría acelerar intervenciones unilaterales, priorizando intereses estadounidenses sobre el derecho internacional.
España: del vasallaje a la independencia
En este panorama, España no puede permanecer pasiva. Como miembro de la Unión Europea y la OTAN, el país ha sido arrastrado hacia una dinámica de vasallaje, donde las decisiones de Washington dictan políticas de defensa. Las bases estadounidenses en Rota y Morón sirven como plataformas para operaciones globales, convirtiendo el territorio español en un engranaje de la maquinaria militar de EE.UU. Sin embargo, la realidad ha demostrado que la OTAN no es una garantía fiable de seguridad.
Esto refleja un debate creciente: ¿debe España aumentar su gasto militar para cumplir con la OTAN o optar por una neutralidad independiente? La reticencia española a incrementar inversiones en defensa, a pesar de presiones como amenazas de aranceles estadounidenses, subraya la necesidad de una postura autónoma.
Es momento de un movimiento ciudadano que defienda la salida de la OTAN y el desmantelamiento de bases extranjeras. España no debe participar en aventuras bélicas ajenas; su obligación primordial es la defensa de su territorio y fronteras. Adoptar una línea de neutralidad fuera del paraguas atlántico garantizaría un futuro soberano, libre del chantaje de Washington, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca. Aunque este camino implique presiones brutales, es la única vía hacia la dignidad nacional. El lema histórico «OTAN no, bases fuera» debe resonar nuevamente en las calles para presionar al gobierno hacia decisiones valientes que prioricen los intereses españoles.
La nueva doctrina estadounidense, con sus intervenciones en Venezuela y amenazas a Groenlandia, representa un peligro real para la soberanía global. Para España, la independencia de alianzas obsoletas no es solo una opción, sino una necesidad imperiosa en un mundo multipolar.
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