¡Es el capitalismo, estúpidos!

Por Daniel Seijo

El hombre es un ser que sólo se realizará, que sólo será él mismo, en la sociedad revolucionaria.

Karl Marx

“El alma libre es rara, pero la identificas fácilmente cuando la ves.

Charles Bukowski

Reconozco que el debate es más amplio que todo lo que este humilde servidor puede llegar a esbozar en apenas un par de líneas, después de todo estamos en pleno agosto y supongo que a ninguno de nosotros nos apetece extendernos demasiado en amplios debates filosóficos, por esto seré rápido y directo: todo aquello que os preocupa, todo lo que os quita el sueño, tiene un vínculo más o menos directo con el capitalismo.

No quiero decir con ello que el pobre de Adam Smith tenga que cargarse el muerto de todas tus relaciones amorosas fallidas, ni tampoco que Juan de Mariana o Milton Friedman pasen desde ya a suponer un nuevo comodín exculpatorio para todos los psicópatas que pululan por nuestras calles, pero hemos de admitir que la mundana existencia bajo el sistema económico y social que ayudaron a cimentar dichos sujetos, ha terminado resultando cuanto menos extenuante.

Si ustedes creen en el infierno y pertenecen a la clase trabajadora, quizás les alegre saber que probablemente aquello no sea muy distinto a un fin de mes en un barrio obrero cualquier de nuestro planeta.

Como si de una velada con Amon Göth se tratase, el capitalismo ha resultado ser un sistema económico sádico e injusto para la mayoría social, un prometido jardín del Edén, cuyos frutos únicamente se encuentran reservados para los Bill Gates, Mark Zuckerberg, Warren Buffett o Jeff Bezos de turno. Mientras, el cuerpo social que lo sustenta –el proletariado– únicamente puede arrastrar su decadencia en busca de algo a lo que aferrarse tras la gran resaca de nuestra revolución fallida. No importa si es un milagro, un trabajo o varias cifras acertadas en un décimo de lotería, lo único que importa, lo único que nos obsesiona cada día, es lograr ese golpe de suerte que nos permita llegar a fin de mes. Perdedores en el mejor de los mundos o meros desheredados de la globalización,  resulta indiferente, los ojos globales comienzan a despertar ante un sistema económico demoledor para el género humano, un modelo social que dinamita nuestra educación pública, privatiza nuestros sectores productivos vitales y deprime a amplios sectores de nuestro país abocándolos irremediablemente a los peligros del populismo político de cualquier signo. Es el capitalismo el que degrada nuestros barrios obreros con los desahucios y el paro, para inmediatamente tentarnos con los cantos de sirena de las drogas baratas y el juego. Un sistema que marca con su sello a las víctimas de la trata de blancas y gestiona industrialmente a los desheredados o disidentes de nuestra sociedad en cárceles diseñadas como agujeros y no como centros de reinserción. Es el veneno que desangra las minas del este del Congo o asesina a los líderes sociales colombianos, la eterna guerra por los recursos, la fútil lucha fratricida auspiciada por las banderas y el patriotismo que pretende ocultar con su retórica y su inagotable cinismo nuestra batalla diaria como miembros de una misma clase social, de un colectivo oprimido.

Periodistas cediendo terreno a marchas forzadas a la ilusión argumentativa del capitalismo, ONG’s abocadas a la caridad cristiana bajo el mandato del rey dólar, partidos políticos idiotizados al ritmo de las elecciones y poblaciones enteras alienadas a la espera de un nuevo estallido, quizás un líder o alguna especie de mesías que nunca termina de llegar. Hoy la distopía se ha hecho carne y cemento, un mundo novelado que nos atrapa y nos digiere lentamente día tras día al levantarnos. Nuestra opresión en el pecho, nuestra ansiedad, nuestro insomnio y depresión…, si ustedes creen en el infierno y pertenecen a la clase trabajadora, quizás les alegre saber que probablemente aquello no sea muy distinto a un fin de mes en un barrio obrero cualquier de nuestro planeta.

El capitalismo ha resultado ser un sistema económico sádico e injusto para la mayoría social, un prometido jardín del Edén, cuyos frutos únicamente se encuentran reservados para los Bill Gates, Mark Zuckerberg, Warren Buffett o Jeff Bezos de turno

No me malinterpreten, o háganlo  si es su intención, –de todos modos no voy a ser yo el que se preocupe por encajar entre las nuevas estrellas de twitter o las fugaces voces de activistas e influencers de todo tipo– con este pequeño desahogo no pretendo menospreciar luchas como la de las compañeras feministas, los migrantes o el colectivo LGTBI. Lejos de mi intención olvidar sus particularidades organizativas o los entresijos de su acción y compromiso social, simplemente analizo los diferentes síntomas -las diferentes disfunciones presentes en nuestra sociedad- e intento identificar la enfermedad que nos está matando: esa es el capitalismo, estúpidos.

6 thoughts on “¡Es el capitalismo, estúpidos!

  • 08/08/2018 at 1:19 pm
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    Desde hace siglos nos lo quitan todo con violencia y mentiras
    para revendernoslo, cada vez mas caro ,
    despues de explotarnos y follarse a las mujeres de “los otros”
    Hoy en España comer etc es ya un lujo, gracias al capitalismo .
    Enfrenta a los menos pobres con los mas pobres y asi
    elude la vision de que es la casta quien engaña a todos.

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  • 08/08/2018 at 4:49 am
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    Jose parte de una trampa dialéctica para elaborar su relato. ¿Cuándo comienza el capitalismo a ser hegemónico?¿ Les parece bien la revolución industrial en inglaterra en el mil setecientos y pico?¿Saben cómo y a costa de quién se fraguó esa pretendida prosperidad? Conocen la realidad de eso años en Londres o van leyendo las estadísticas de Forbes y las infornmaciones de El Orden Mundial para hacerse una idea? Les recomiendo leer algo del historiador americano Howard Zinn y también el relato periodístico en primera persona de Jack London en “The People of the abyss”, crónica de la situación del obrero londinense de aquellos años. Además lo de ahora no es libre comercio sino rentabilidad financiera para unos pocos asegurada por el Estado si llega el caso. Trasladen esa situación al desequilibrio de los polos del llamado primer mundo frente al tercero. Los del opulento imperio extractivista de los países desarrollados que viven a costa de los países que explotan y mantienen en el subdesarrollo. Ese macro mundo bipolar tiene su equivalente micro en los barrios obreros que cita Daniel en el extrarradio de muchas ciudades, que ven el falaz espejismo de la prosperidad capitalista como una razón para el fascismo, para el rechazo proyectado sobre el migrante o sobre el mismo vecino que vive un poco menos mal que ellos, en vez de sobre el productor y beneficiario de esa misma desigualdad. En tiempos de mis abuelos una familia de siete u ocho miembros se mantenía dignamente con un pequeño terreno agrícola y unos animales para el sustento o la venta en el mercado local. No hace tanto de eso. Prueben ahora. Y dicen que el progreso va de la mano de la acumulación de poder y capital. No necesitamos estadísticas interesadas, necesitamos memoria y relato de nuestro pasado inmediato para saber la verdad. Incluso Guerra Civil y Franquismo mediantes.

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  • 07/08/2018 at 8:56 pm
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    Si el capitalismo es la causa de que el mundo vaya cada vez peor, significa que mientras más atrás nos vamos en el tiempo, el mundo era cada vez mejor.

    ¿Hay alguna estadística que sustente eso? Porque hasta lo que entiendo, la pobreza extrema, medida como quieras medirla, la hambruna, la mortalidad infantil y otros índices negativos van a la baja. Mientras que la equidad de género, alfabetización, escolaridad, esperanza de vida y otros índices van al alza.

    También uno puede hacer un correlato interesante entre el índice de libertad económica y la mejora en esos valores.

    Casi el único número que pueden lanzar es el de la desigualdad económica, pero aún eso debe entenderse en su dimensión real, bastante más ficticio que práctico, como queda en evidencia en este link: https://elordenmundial.com/vivimos-en-un-mundo-tan-desigual/

    Un poco más de números y contexto histórico y un poco menos de discurso sería útil para darle respaldo y seriedad al análisis

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    • 08/08/2018 at 1:39 am
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      Empiece por algo suave, lea a Stiglitz, pero vamos también puede probar acercándose a un barrio obrero, charlando con las personas sin hogar que desgraciadamente abundan en nuestras ciudades, abriendo los ojos al lujo que levita por encima de la clase trabajadora mientras esta no puede levantar la cabeza de su cada vez más estrecha balsa de precariedad. Cuando haga eso quizás podamos hablar de datos, sobran artículos en este mismo medio para ello, pero primer despierte de su ensoñación señor mío.

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      • 10/08/2018 at 2:09 am
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        Pregúntele a ese mismo trabajador como vivía su padre, su abuelo. Qué tenían, qué podían hacer, que eran sus expectativas y sueños. Después pregúntele su condición. Y más importante, pregúntele que expectativas hay para su prole.

        Se sorprenderá un poco 😉

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        • 16/08/2018 at 3:21 pm
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          Hace 10 años un mileurista era un precario, hoy es un afortunado, no hace falta preguntar mucho para percatarse de ciertas realidades…

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