Erika Conrado: ‘El capitalismo puede llevarnos todavía a formas más salvajes de explotación y miseria’

Erika Conrado, a la izquierda. Foto: Lluís Maldonado

Entrevistamos a Erika Conrado, Secretaria General de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

Por Redacción NR | 8/02/2026

En Nueva Revolución iniciamos un ciclo de entrevistas con el sindicalismo de clase y combativo del Estado español para abordar su estado actual y los retos que deben afrontar frente a un mundo laboral que está experimentando importantes cambios. Hoy conversamos con Erika Conrado, Secretaria General de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

¿En qué año nace la CNT y en qué contexto? ¿Se plantea como una ruptura con el sindicalismo de concertación?

La CNT nace oficialmente el año 1910, tras un congreso convocado por el sindicato revolucionario catalán Solidaridad Obrera en el que fueron llamados a participar todo el sindicalismo autónomo, independiente de la UGT, y de tradición anarquista o sindicalista revolucionaria que hereda la tradición de la I Internacional en la región española en el siglo XIX.

Propiamente hablando la CNT nace desde un postulado sindicalista revolucionario, muy influenciada por el contexto internacional de auge de esta corriente del socialismo independiente de partidos políticos que se reclama heredero de la máxima de la AIT “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos”, y cuyo máximo referente fue la CGT francesa de principios del siglo XX.

La CNT evolucionará en los próximos años hacia el anarcosindicalismo, un sindicalismo revolucionario cuyo objetivo es la revolución social y el comunismo libertario. Unas aspiraciones que intentará desarrollar, con sus limitaciones del contexto, a partir del 19 de julio de 1936 tras el fracaso del golpe de estado militar fascista.

Tras la pérdida de la guerra civil, el genocidio fascista de la dictadura de Franco y el exilio prácticamente liquidaron las organizaciones históricas del movimiento obrero en el interior del estado español, sin embargo, durante la transición y al calor de las luchas autónomas de trabajadores de los años anteriores, se reconstituye la actual Confederación Nacional del Trabajo.

En este nuevo contexto, efectivamente, la CNT surge como una alternativa al sindicalismo hegemónico que progresivamente irá adoptando la estrategia de la concertación. Primero con los Pactos de la Moncloa, y posteriormente con las sucesivas reformas del Estatuto de los Trabajadores y la aceptación de un modelo sindical basado en las elecciones sindicales, las subvenciones estatales y el diálogo social.

¿Cómo valoráis el estado actual del sindicalismo de clase en el Estado español? ¿Cómo de implantado está en empresas estratégicas y en el tejido empresarial en general?

El sindicalismo basado en el modelo hegemónico que comentábamos mayoritariamente ha sobrevivido en la administración pública y la gran industria, es un fenómeno análogo a la mayoría de países europeos. En términos generales, salvando honrosas excepciones, la conflictividad en estos sectores está muy mediada por este modelo sindical.

Por otro lado, el grueso de los empleos se encuentra en el sector terciario, y en la industria o la construcción en la pequeña y mediana empresa. En este tipo de empresas el sindicalismo hegemónico de comités de empresa está ausente, o adopta un rol en muchas ocasiones más en favor de los intereses de las empresas que no de sus trabajadores y trabajadoras.

Hay que señalar que el sindicalismo que plantea la necesidad de alcanzar mejoras de las condiciones de vida y trabajo está creciendo en todos los sectores, aunque de forma desigual obviamente. Pero por ejemplo constatamos que hay un aumento de la implantación sindical en nuevos sectores laborales, o en sectores con escasa afiliación sindical en tiempos anteriores.

Sin embargo, es importante señalar que hay que actualizar el concepto de empresas o sectores “estratégicos”, dado que la actual crisis del Capital está alterando ya estos conceptos. Un ejemplo ha sido la crisis de la COVID, cuando fueron declarados estratégicos por el Estado sectores que históricamente el movimiento obrero había dejado en un lugar menos relevante.

En este sentido, no nos hemos de sorprender, que los sectores más relevantes hayan sido aquellos que son imprescindibles para la reproducción de la vida sean de sectores productivos o no. Probablemente el reto esté en fortalecer nuestra presencia y organización aquí.

Actualmente existe un reto generacional. La afiliación media a los sindicatos combativos es relativamente baja, más aún entre las nuevas generaciones. ¿Qué mensaje le transmitiríais a un joven trabajador que se ha incorporado hace poco al mundo laboral para que esté sindicado?

Es un hecho que la incorporación de la juventud al mercado de trabajo es en edades cada vez más elevadas, los factores son diversos, pero somos los sindicatos los que hemos de acercarnos a estos colectivos. Desde los institutos y la formación profesional, hasta los barrios y pueblos donde hay problemas sociales.

Formar parte de un sindicato ha de servir para entender cómo funciona la explotación en esta sociedad, que sigue siendo principalmente a través del trabajo asalariado, y cómo las distintas formas de discriminación suceden también en el mundo del trabajo. Estar en un sindicato no ha de servir solamente para aprender a entender tu convenio y tu nómina, si no en aprender a luchar junto a tus iguales para terminar con la explotación y la discriminación.

Los sindicatos deberían ser espacios para luchar para lograr mayor libertad como individuos y como sociedad, no sólo entender tu contrato laboral.

Desde los años 80, en el Estado español se ha llevado a cabo un proceso de desindustrialización en el que se han desmantelado empresas de sectores estratégicos importantes. ¿Cómo ha afectado esta pérdida de masa obrera a la conciencia de clase y al sindicalismo?

La conciencia de clase se adquiere mediante la lucha, nosotros pensamos que históricamente es así y el caso más evidente es que las luchas por el derecho de asociación precedieron a las luchas por el sufragio universal, por ejemplo.

La pérdida de conciencia de clase no fue producto del desmantelamiento de las empresas que comentas, si no que ha sido consecuencia de diversos factores. El propio carácter de las luchas de la década de los años 1980 es distinto al de la década de los años 1960 o 1970: mientras que en la transición se luchaba por lograr mejoras materiales, derechos y libertades, en la época de la desindustrialización se luchó por minimizar el impacto de este proceso y salvar el mayor número posible de empleos.

Mientras que en unas luchas se llegó a romper la paz social para conquistar mejoras materiales y libertades, en otras cuando se llegó a romper la paz social fuer para lograr el mal menor. Esto, combinado con una integración cada vez más acelerada del sindicalismo de clase a un sindicalismo del diálogo social ha llevado a un cambio de mentalidad, de conciencia, en el que los trabajadores no nos percibimos ni actuamos como clase, y donde las expectativas de transformación mediante la lucha se han reducido.

Sin embargo, el sindicalismo como expresión de la lucha de clases siempre tiene un potencial emancipador cuando además de luchar por mejoras económicas lo hace por un cambio social que ofrezca mayores cotas de desarrollo moral, intelectual y material a quienes sustentamos esta sociedad.

Hoy observamos que, aunque perviva esta mentalidad, van surgiendo nuevas luchas y ofensivas que intentan lograr mejoras y las protagonizan en muchas ocasiones colectivos jóvenes, feminizados o racializados. Como anarcosindicalistas, sabemos que estas luchas, aunque puedan parecer aisladas no serían posibles sin las experiencias previas que intentaron sobreponerse a esta sensación de derrota, luchas que innovaron como las primeras huelgas feministas, por ejemplo, y que para la CNT son un reflejo de un cambio en la mentalidad.

Estamos convencidos que el trabajo de hormiga que hacemos contribuirá a nuevos movimientos del mañana, cuando los parlamentos se manifiesten incapaces de dar solución a la cuestión social y la gente deba autoorganizarse para luchar por sí misma.

Hemos entrado en la era de la Inteligencia Artificial y la robotización. Dos cuestiones que sin duda dibujan un nuevo horizonte de lucha obrera y nuevos retos para el sindicalismo. ¿Cómo afronta el sindicato el hecho de que miles de trabajadores puedan ser sustituidos por IA y robots en las próximas décadas? ¿Qué medidas habría que tomar para proteger a los trabajadores?

La historia del capitalismo es la historia de la evolución tecnológica moderna, forma parte de su ADN. Para aumentar los beneficios industriales las empresas, a grandes rasgos, tienen dos alternativas: bajar salarios, o reducir plantilla mediante la innovación tecnológica. Sin embargo, esto ha tenido consecuencias históricas desastrosas para la humanidad, pues en primer lugar esta innovación tecnológica no ha conllevado a liberar al ser humano del trabajo como soñaron algunos de sus ideólogos, si no que ha servido para enriquecer a la clase explotadora.

En segundo lugar, la otra consecuencia es la actual catástrofe ecológica que afecta todo el planeta y que los gobiernos no quieren atajar por que implicaría reconocer que el capitalismo nos ha llevado hasta aquí.

Es verdad que, sin trabajadores, sin plusvalía, no puede haber acumulación de Capital y, por lo tanto, el capitalismo no va a poder existir como sistema social. Y, a decir verdad, esta robotización y el uso de la IA que comentáis se verá limitada por el propio límite biofísico del planeta.

Sin embargo, el capitalismo puede llevarnos todavía a formas más salvajes de explotación y miseria. Desde esta perspectiva, somos escépticos como anarcosindicalistas en que las reformas que el Estado pueda proponer vayan a servir para frenar esta tendencia, la lucha estará en que esto no se convierta en una reconversión industrial 2.0, y la mentalidad del “sálvese quien pueda” no termine pesando más que la de luchar por un cambio más profundo.

Luchar por reformas desde el mundo de la política parlamentaria sitúa a la clase trabajadora en un ser tutelado, que no lucha contra quien le explota, por esto es importante que la lucha contra las consecuencias de esta nueva tecnología sea en las empresas, en el que podemos plantear desde el mundo del trabajo un cambio radical contra la explotación del trabajo asalariado, con o sin IA.

¿Qué mensaje podemos lanzar desde el sindicato a aquellos trabajadores que se definen como «clase media» y reniegan de su condición de clase obrera? ¿Es necesario recuperar el orgullo de clase y combativo?

La autopercepción, la mentalidad, de alguien como clase media no va a cambiar con discursos. Los políticos de izquierdas lo hacen todos los días en los parlamentos, en la TV y en las redes sociales. Y esto no ha funcionado.

Una persona es trabajadora por el lugar que ocupa en la sociedad, en las relaciones de producción y reproducción social, no por cómo se ve a sí misma. Hay una minoría que vive del trabajo ajeno, al que estamos esclavizados el resto. Estamos inmersos en un proceso de progresiva degradación del Estado del bienestar, y la propia dinámica del capitalismo de nuestro tiempo es la que marca esta tendencia. Hay gobiernos que lo retrasan, y gobiernos que lo aceleran, pero las condiciones objetivas de vida de millones de seres humanos se van a ir deteriorando de forma acelerada.

La clase media está muy vinculada al Estado, y esto plantea un problema importante. Ya que las distintas izquierdas vienen apelando siempre al Estado como garante de los derechos sociales, de modo que se está educando a la población que si vivimos peor es por que el gobierno no funciona o no hace las cosas como debería. La clase media, o quienes se perciben así, son quienes más fuerte tienen esta percepción del Estado, y si no hay una población educada en la lucha de clases cuando la cosa vaya a peor reclamarán al Estado un gobierno más fuerte.

Por esto, como anarcosindicalistas consideramos que lo que debemos estimular es la autoorganización y la lucha de clases sobre los principios de solidaridad, autogestión y apoyo mutuo. Y debemos intentar que participen de estas luchas la mayor cantidad de personas, para que la gente ante la precariedad de sus vidas tenga una alternativa real, práctica, y que el miedo no las lleve a seguir a totalitarios y fascistas con piel de cordero.

Necesitamos más organización y lucha que no reivindicar determinadas identidades obreras, necesitamos crear la alternativa desde abajo y ahora.

¿Cómo se está abordando desde el sindicalismo de clase la integración de la inmigración en el mercado laboral y su implicación en la lucha sindical?

Es una buena pregunta. En general el sindicalismo de concertación y diálogo social no busca la participación directa de los trabajadores, por eso el sistema de comités de empresa les resulta más adecuado, de modo que las personas trabajadoras de origen migrante tampoco se fomenta su militancia.

Desde la CNT consideramos que el sindicato ha de ser un lugar vivo, que dé recursos, experiencia y sobre todo solidaridad con las luchas de los explotados, sean migrantes o no. Y desde esta perspectiva, hemos de ser capaces no de integrarlos si no de hacer que sientan que “el sindicato” son ellos también en igualdad como el resto de afiliados y afiliadas.

En este sentido la CNT hemos llevado adelante muchas luchas en empresas donde nuestros compañeros y compañeras son mayoritariamente de origen migrante, esto genera nuevos retos como la cuestión del idioma por ser el más evidente. De la misma forma que contra a la explotación laboral oponemos la solidaridad de clase, contra el racismo hemos de oponer la solidaridad entre trabajadores y trabajadoras.

Con el auge del comercio online se están produciendo cambios importantes en el mundo laboral. ¿De qué manera se está trabajando sobre la necesidad de sindicar a sectores precarizados como los ‘riders’ o trabajadores de empresas digitales?

El problema más importante en estos colectivos es a menudo la atomización de los trabajadores que dificulta mucho su organización, a pesar de ello existen ya numerosas experiencias en todo el Estado de colectivos que se han organizado y han plantado cara, y desde la CNT también hemos participado en diversas empresas.

Consideramos que nuestro modelo sindical está mejor preparado que el basado en las elecciones sindicales para ayudar a plantear una lucha de los trabajadores de estos sectores, ya que podemos sindicalizar a todo tipo de trabajadores de una empresa sin importar su situación jurídica (falsos autónomos, subcontratas, etc.). Con las elecciones sindicales, hay una barrera importante que limita la acción sindical a muchos empleados de esta nueva economía.

El sindicalismo de clase sufre represión y criminalización por parte del Estado, que a menudo os etiqueta como «violentos». ¿Cómo se hace frente a esta ofensiva que busca restringir y limitar vuestra actividad sindical?

Apelando a la solidaridad del resto del movimiento obrero y de los movimientos sociales, no queda otra. Los gobiernos van y vienen, pero los trabajadores y las trabajadoras seguimos todos los días manteniendo este sistema.

Cuanto más luche la clase trabajadora, cuanto más incomode a la patronal y el gobierno, más terminará aumentando la represión. Debemos aceptar esto, y asumir que la clase trabajadora va a sufrir la represión pero que esta no puede paralizarnos, si nuestras organizaciones terminan dedicando sus esfuerzos solamente a la represión, o si nos alcanza el desánimo, estaremos perdidos.

En este sentido, queremos recordar que nuestras compañeras de Xixón, del conflicto de las 6 de la Suiza, siguen a la espera del indulto que solicitó todo el movimiento sindical al gobierno y aunque han alcanzado el tercer grado no están libres. Queremos aprovechar estas líneas para recordar que las queremos totalmente libres, en casa con sus seres queridos y que la CNT no se cansará ni de reivindicarlo ni de seguir luchando por la emancipación de nuestra clase.

1 Comment

  1. La única Cnt ,es la Cnt Ait, no la basura reformista Cnt, llamada Cnt Cit.
    Que no te engañen, Cnt Cit es un sindicato vendeobrerxs
    ——————
    Las demandas pretenden conseguir que se nos obligue (desde el Estado) a dejar de usar “la denominación Confederación Nacional del Trabajo, las siglas CNT, sus signos distintivos [banderas y logos] … y su emblema [Hércules luchando contra el León de Nemea]”, con el argumento de que “son Marcas Nacionales registradas” (en la Oficina Española de Patentes y Marcas) a nombre de las CNT-CIT. Nos acusan de suplantar una identidad que les pertenece y buscar confundir a sus potenciales afiliados/as usando su prestigio histórico. Pero lo único cierto es que, de ambas partes, la CNT-AIT es la única que siempre ha dejado bien claro quién es y a qué internacional pertenece (la Asociación Internacional de los y las Trabajadores fundada en 1922). De la CNT-CIT, por su parte, casi se podría decir que lo ocultan deliberadamente como estrategia de marketing. ¿Quién crea la confusión? La respuesta nos parece evidente.

    Otro punto que creemos relevante de las demandas es su intención de impedirnos judicialmente hacer público lo ocurrido, sus intolerables conductas, sus maniobras políticas y sus corruptelas. Pretenden silenciarnos haciendo uso de la Audiencia Nacional, consiguiendo por la fuerza del Estado lo que su nula legitimidad moral ha sido incapaz de lograr.

    Por si esto no fuera ya vergonzoso, piden 50.000 € a cada sindicato demandado (un total de 800.000 €) por los supuestos “daños morales” ocasionados, con el objetivo de ahogarnos económicamente….

    https://www.cntait.org/a-proposito-de-los-juicios-en-la-audiencia-nacional-contra-la-cnt-ait/
    Otro comentario que molesta ,pero denuncia la realidad, y que claro no será publicado

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