Entrevistamos a Lourdes Pastor: «Después de cada Feminario, las mujeres que vienen nos dicen que es un día que supone una inyección de energía»

Por Alejandro Varo

Lourdes Pastor, socióloga y flamenca, lleva desde que era una niña enfrascada en la lucha feminista. Para conmemorar la celebración de la XXXI edición de los Feminarios, virtual este año debido a la pandemia, la entrevistamos en Nueva Revolución. Nos contó anécdotas con Amelia Valcárcel, amiga de su madre, hablamos también sobre su carrera musical, a la que sumará un tercer disco muy pronto, y debatimos, por supuesto, de feminismo. 

La Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres (PALEM) organiza el próximo día 12 de diciembre la XXXI Edición de sus conocidos Feminarios, que se celebran desde 1997, ¿cómo describirías este viaje de más de treinta años?

Desde muy joven he asistido a la constitución de estos seminarios. Ha sido emocionante ver cómo han crecido, cómo se han ido organizando y cómo la sociedad los ha ido asumiendo. Obviamente se han realizado con mucho esfuerzo, especialmente al principio, cuando el feminismo era una cuestión muy rechazada. Nuestros Feminarios han contado además, desde sus orígenes, con la participación de brillantes mujeres como Amelia Valcárcel o Ana de Miguel. De niña, veía una sororidad real y muy bonita al presenciar cómo todas estas mujeres se ayudaban mutuamente para compartir su sabiduría y conocimiento.

Tu madre, Rafaela Pastor, es cofundadora del PALEM y desde 2001 lidera el Feminario. ¿Cómo ha sido trabajar con ella durante estos años? 

Gracias a mi madre, Rafaela Pastor, llevo en el activismo feminista casi toda mi vida. Mi madre comenzó organizando seminarios en Puente Genil con la Asociación de Mujeres de Puente Genil antes de que se fundase PALEM (Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres), a raíz de la Cuarta Conferencia Mundial de Mujeres de Pekín en 1995. Mi madre fue invitada, pero hubo que convencerla para que asistiese, porque los medios con los que contaba no eran suficientes y tuvo que recibir el apoyo de muchas amigas suyas para poder ir. 

Hace treinta años, mi madre iba en su coche a la estación a recoger a Amelia Valcárcel o a Amparo Rubiales, a las que recuerdo en el asiento del copiloto mientras yo iba sentada detrás, y las invitaba a un café en la misma estación. En esos días, mi madre solía escribir las actas en nuestro salón mientras Amparo, por ejemplo, doblaba la ropa porque a ella no le había dado tiempo. Las primeras jornadas, que luego pasarían a denominarse seminarios, fueron organizadas por ella para concienciar a las mujeres sobre la posibilidad de tener un proyecto de vida fuera de su ámbito privado. Afortunadamente, han ido creciendo en asistencia y hemos podido fomentar que la sociedad hable sobre feminismo y entienda que las mujeres reclamemos nuestros derechos.

Este año, la temática es “La Estructura Social desde el Paradigma Feminista”. ¿Podrías ampliarnos un poco más de lo que trataréis el día 12?

Este año pretendemos analizar la estructura de todo el sistema desde una perspectiva feminista. La agenda política del feminismo, sobrevenida en muchas ocasiones como dice Amelia Valcárcel, está en la estructura misma de la sociedad y en todos sus pilares. Todos ellos deben impregnarse de feminismo para que la base sobre la que se sustenta la sociedad cambie de verdad para dirigirnos a un mundo más justo y equitativo. Está muy bien que salgamos a la calle cada 8M o 25N, pero será muy difícil cambiar el sistema de verdad si no vamos a la raíz. 

En el Feminario trataremos también la concepción de voluntariado que se le asigna frecuentemente al feminismo. Muchas mujeres hemos trabajado en ONGs feministas, gratis, después de nuestra jornada laboral, porque creemos en lo que defendemos y por lo que luchamos. No se entiende, y me gustaría reivindicarlo desde aquí, que en ONGs como Greenpeace o Cruz Roja se perciba un salario, mientras en el imaginario colectivo sigue la idea de que las feministas debemos trabajar gratis. La luz y el alquiler no se pagan solos.

¿Cómo ha sido gestionar, y más bajo la situación actual en la que vivimos, una jornada a la que asisten feministas tan célebres como Lidia Falcón, Amelia Valcárcel o Ana de Miguel?

Desde su fundación en 1997, año tras año, los Feminarios han contado con la participación de importantes feministas. Han participado Amelia Valcárcel, Ana de Miguel, Lidia Falcón, Carmen Calvo, Rosa Cobo, Luisa Posada, Bibiana Aído, Evangelina García Prince o Wassyla Tamzali. Desde los primeros Feminarios, todas estas mujeres han confiado en mi madre y en su pasión por la defensa de los derechos de la mujer para asistir y participar en ellos. Hace años, Amelia Valcárcel, y la vuelvo a nombrar, dijo que el Feminario de Córdoba es el termómetro de la agenda política del feminismo, el lugar de donde salían las propuestas y las cuestiones en las que deberíamos trabajar. Gracias a los Feminarios hemos conseguido que se instaure en España el 22 de febrero como el día por la igualdad salarial entre mujeres y varones o que hijos e hijas de mujeres maltratadas sean reconocidos como víctimas directas de violencia de género.

PALEM fue declarada de utilidad pública este año por el Ministerio del Interior. Sin embargo, para haber llegado hasta aquí habréis tenido muchos momentos de cansancio ante las dificultades con la que os obstaculizaban. ¿Cómo os habéis enfrentado a ellas y habéis sido capaces de superarlas?

Nosotras hemos tenido, por supuesto, muchos momentos de cansancio, que afectan directamente a la salud, pero también hemos sacado fuerzas de aquellos en los que hemos sido atacadas. Después de las primeras jornadas, recibimos insultos, muchos personales, por parte de la prensa porque nos atrevimos a llamar Feminarios a los seminarios. Hoy en día se dice webinar y nadie se extraña. Sin embargo, aprendes a lidiar con las críticas cuando ves que están vacías de significados y que carecen de argumentos.

Cada año, después de cada Feminario, las mujeres que vienen nos dicen que es un día que supone una inyección de energía, pero mi madre y yo, incluso mis tías, que nos ayudan, acabamos rendidas de todo el esfuerzo, pero ¿cuándo te jubilas de defender en lo que crees? Como dijo Ana María Pérez del Campo en uno de los Feminarios, una no se jubila nunca de la defensa de la justicia y de los derechos sociales.

Hay voces que aseguran que el feminismo ha logrado ya mucho, pero las mujeres seguís siendo asesinadas, la violencia machista no se erradica e incluso se está produciendo un peligroso regreso a los cerebros azules y rosas, ¿trataréis en el Feminario sobre las amenazas actuales del feminismo, muchas bajo el disfraz de políticas aparentemente progresistas y transgresoras?

Indudablemente. Alicia Miyares tratará esta cuestión, que demuestra, como decía antes, que el feminismo tiene una agenda sobrevenida y que tiene que defender cuestiones que no le corresponden y por las que se lo ataca injustamente. De repente, tenemos que salir a defender que no pasa nada si un niño quiere ir al colegio con una falda o con las uñas pintadas. El feminismo lleva toda su historia defendiendo que, aunque varones y mujeres tengamos una constitución biológica distinta, los roles que nos han asignado al nacer deben erradicarse. Por nacer nosotras mujeres, no tenemos que saber poner una lavadora o que pintarnos los labios. Si me los pinto, no pasa nada, y si un hombre se los pinta, no es una mujer por ello; es un hombre con los labios pintados. 

Personalmente, no creo que la palabra transgénero ayude a conseguir la libertad que el feminismo persigue. Se le está dando una palabra a las personas que quieren transgredir el género que les han impuesto, pero no nos damos cuenta de que eso es precisamente lo que ha perseguido el feminismo desde su concepción. Entiendo entonces que todas las feministas son transgénero o que la primera feminista que se puso unos pantalones también lo fue. El feminismo, además, que ahora se tilda de algo que no es, es el movimiento que ha defendido siempre los derechos de los gays, de las lesbianas, de los transexuales y de los bisexuales. Las redes, que aportan muchas ventajas, también pueden resultar perjudiciales si únicamente leemos los titulares de los artículos y nos perdemos su contenido; nos puede llevar a engaño y perjudicar a muchas compañeras.

Como hija de padre gitano, te habrás enfrentado también a una doble discriminación: ser mujer con sangre gitana, ¿consideras que ha sido más dura la lucha por ello? ¿Abordaréis la transversalidad racial en el Feminario?

Mi feminismo siempre ha sido incluyente. El feminismo defiende los derechos de las mujeres, sin importar si son ricas, pobres, gitanas, payas, lesbianas o heterosexuales. Si el feminismo se escinde en distintas ramas, tendrá más dificultades para conseguir sus objetivos.

A nivel personal, siempre me he sentido un poco paria. Mi padre es gitano, pero siempre he vivido con mi madre. De todos modos, siempre he tenido conciencia de que era mestiza y he vivido situaciones difíciles por ello. En el colegio, me insultaban o me decían, para meterse conmigo, que mi madre era puta y mi padre gitano. Mi madre, para tranquilizarme, me decía que afortunadamente ella no era prostituta, que yo sabía que trabajaba en una oficina de empleo y que sí, que mi padre era gitano, con una belleza natural extraordinaria, y que yo debía sentirme contenta porque era hija del amor. Agradezco muchísimo haberla tenido para decirme estas cosas. 

La etnia gitana es, probablemente, la que más racismo sufre actualmente en nuestro país. Además, tal vez para justificarlo, se recurre a argumentos simples, vinculando el machismo a la etnia o emitiendo programas como Los Gipsy Kings. Hoy en día, están surgiendo voces que reivindican el feminismo gitano (activistas como Noelia Cortés, plataformas como Gitanas Feministas…). ¿Cómo luchas tú para contribuir a erradicar esta concepción?

La población gitana está marginada. Hoy en día siguen existiendo guetos entre la población gitana, pero interesa que los siga habiendo. La existencia de estos guetos, como el polígono del Guadalquivir en Córdoba o el de la Almanjayar en Granada, demuestra cómo los ayuntamientos o la propia Junta les dan la espalda a las personas que viven ahí. Ahora, además, llega la Navidad y todas las calles se limpian y se iluminan, pero es increíble que el centro de Córdoba, donde he vivido, se limpie todas las noches mientras que el polígono del Guadalquivir, donde también he vivido, únicamente se limpie una vez a la semana, con suerte.

La marginación existe y las personas no se marginan solas; es la sociedad la que sigue excluyendo a muchas personas. Programas como Los Gipsy Kings no dan visibilidad a tantas mujeres y hombres gitanos que han conseguido romper con muchas barreras y triunfar en la música, en el derecho o en la universidad, sino que se centran en unos estereotipos porque, simplemente, venden más. Me gustaría saber si la productora, que es la que se enriquece con este programa, es gitana o paya.

Contra el racismo es esencial la educación; es necesaria para saber de dónde venimos y cómo estamos. Desde luego, en nombre de la cultura no se deben vulnerar los derechos humanos. La existencia de numerosas culturas aporta una riqueza increíble al planeta que no deberíamos perder. 

Tu tía abuela recibió el nombre artístico de Estrella de Córdoba. De ella, que pisó escenarios de todo el mundo, te vendrá la tradición flamenca. Además, se ha dicho que tu quejío está envuelto en una personalidad libre y revolucionaria, y en tu segundo disco comienzas cantando que “no quieres ser lo que alguien te impuso al nacer”, ¿es una declaración de intenciones?, ¿has tenido que lidiar en la industria musical, o en la vida, con personas que han intentado llevarla a unos derroteros a los que no quería dirigirse?

La pasión por el flamenco me viene de mi familia materna, que es paya. Evidentemente, mi voz me viene de herencia paterna, de mi parte gitana, pero las vivencias con el flamenco las he tenido en casa de mi abuela materna. 

Mi abuela se llamaba Rafaela Martínez Pineda y era una mujer muy alegre; rebosaba vida y alegría. Solía cantar y bailar por Lola Flores o por Marifé de Triana. Teníamos un patio, en el que a mi abuelo le encantaba escuchar a Manolo Caracol o Rafael Farina, y mi tío Juan Carlos siempre nos ponía a Camarón o a los Pata Negra. Mi tía abuela, por la que me preguntas, se llamaba Visitación Martínez. Su voz era impresionante; tenía un torrente de voz parecido al de la Paquera de Jerez y se recorrió el mundo entero sobre tablaos. Imagina lo que debió ser para ella viajar por el mundo, siendo una artista muy pobre, hace sesenta años y lo que tendría que aguantar. 

Yo, afortunadamente, empecé mayor y tenía ya una trayectoria personal, pero sí tuve que enfrentarme a situaciones como las que describes. Gracias a la edad con la que comencé, tenía cierta perspectiva para no hacer caso si me decían que era demasiado estrecha, por ejemplo. Esta canción, Costumbre y fronteras, la escribió mi tío Juan Carlos, que fue quién compuso la mayoría de mis canciones, porque le dije que quería escribir una canción sobre las mujeres gitanas.

Nombras a grandes como Camarón, La Paquera de Jerez, la Jurado, Lola Flores o Manolo Caracol como inspiraciones para tu música, a la que además denominas flamenco fusión, ¿cómo surge en ti este flamenco que no es soleás, sino uno en el que mezclas rumba y bulerías como jazz, pop o rock?

Esta fusión no surge en mí. Yo soy muy flamenca cantando, pero esta mezcla viene dada por los propios músicos y por la composición musical que ha hecho mi tío en los dos discos. Ahora estoy trabajando en mi tercer disco, La revolución a la vuelta de la esquina, en el que yo compongo íntegramente, por primera vez, y en el que he compuesto un tema con sones cubanos. La fusión no es intencionada, sino que tiene que salir, aunque yo sea muy flamenca cantando.

Tus canciones, escritas muchas por tu tío Juan Carlos, tienen cierto corte social reivindicativo. En Recuerdos de la oscuridad hablas de una niña que sufre la violencia machista de su padre hacia su madre y en Telón telonero criticas la corrupción capitalista, ¿crees que tu música puede servir para transformar la realidad o para concienciar sobre situaciones injustas?

Por supuesto. Como muchas tratan temas sociales, he podido trabajar en institutos sobre mis letras. Creo que con ellas puedo ayudar a concienciar porque, te dediques a lo que sea, tus ideales y tus aspiraciones serán los mismos. En este tercer disco, además, en el que incluyo versiones de canciones de la Transición, pongo de manifiesto cuál es mi posicionamiento ante el mundo. 

El flamenco es un género revolucionario en sí mismo, pero siempre se ha criticado duramente a quién ha arriesgado para renovarlo, ya lo vemos con Camarón y La leyenda del tiempo, Enrique Morente con Omega, Rosalía con El Mal Querer, e incluso María José Llergo se ha atrevido con sintetizadores y el beat en sus dos últimos singles. ¿Tuvo que lidiar con críticas parecidas cuando publicó sus primeras canciones? ¿Cómo le afectaron? 

No me he tenido que enfrentar a este tipo de críticas porque cantando soy bastante flamenca y no he utilizado, hasta ahora, recursos como sintetizadores o guitarras eléctricas. En mi caso, sí que percibí ciertas reticencias por comenzar a dedicarme profesionalmente al flamenco después de haber formado parte del activismo feminista. 

También ha estado en boga desde la aparición de El Mal Querer el debate sobre la apropiación cultural. Como hija de padre gitano, ¿te duele, personalmente, el uso de palabras, símbolos o vestuario propios con fines estéticos o comerciales? 

A mí me gusta la libertad. Una de las palabras que más me gusta en el mundo, junto con amor, es libertad. Eso te puedo decir (ríe).

Como feminista, te alejas en tus canciones de las típicas letras en las que la mujer ansía un amor que no llega o su sumisión al hombre, ¿cómo ves este boom de letras en las que tras un falso empoderamiento femenino se siguen perpetuando los roles machistas, en los que cantantes, sobre todo americanas, siguen sexualizándose, esta vez por sí mismas, y por ello son consideradas feministas, mientras que no ocurre lo mismo con sus compañeros?

Hoy en día hay una corriente que defiende que la empoderamiento femenino es cantar en bragas y en tacones; me parece una confusión enorme. Las feministas debemos percibir estas cosas y denunciarlas, para que se pueda definir correctamente qué es el feminismo y el verdadero empoderamiento de la mujer. Sexualizarnos a nosotras mismas o copiar los comportamientos negativos de los varones, desde luego, no nos va a liberar del patriarcado. Esperemos que esta moda, como todas, pase y que lo que perdure sea la verdadera defensa de los derechos de las mujeres.

En tu canción María y Lucía reivindicas de una manera muy tierna y cercana a aquellas mujeres (nombras a Simone de Beauvoir, Frida Kahlo o Flora Tristán) que fueron, como cantas, “ninguneadas por la historia”, y también a feministas que participarán en el Feminario. Es cierto que desde que saliera tu disco, la situación, al menos en los colegios, no ha cambiado apenas y que las mujeres siguen relegadas a unos párrafos al final de cada tema. Como mujer, ¿cómo abordas que la mitad de la historia se oculte y que se desconozca a brillantes mujeres? 

Si nos cuentan la historia sesgada, nos están mintiendo al mostrarnos únicamente una mitad. Las mujeres hemos estado, desde siempre, en todos los ámbitos y hay que rescatar y reivindicar nuestra presencia. Afortunadamente, hoy en día se está luchando para que resurjan estas mujeres. En PALEM llevamos luchando por ello desde nuestros inicios, porque si se desprecia el conocimiento o el saber de más de la mitad de la raza humana, la que pierde es la ciudadanía entera.

Para acabar, ¿podrías decirnos si hay nueva música en camino o si volverás pronto a los escenarios?

Revolución a la vuelta de la esquina es mi tercer disco y he podido hacerlo gracias a crowdfunding. Agradezco enormemente a todas las personas que me han apoyado, económica y moralmente, porque sin ellas no hubiera podido comenzar a componerlo. Esta revolución está yendo más lenta de lo que esperaba, pero así tengo más tiempo para perfeccionarlo. Cada vez que voy al estudio hablo con los músicos para cambiar algo, subir unas palmas o añadir algún instrumento, pero no me importa, porque así disfruto más del proceso. 

Tengo muchas ganas de volver a los escenarios, que es lo que más me gusta, aunque el proceso creativo me encanta. Adoro el instante en el que viene el duende y transforma la tristeza, como me ocurrió hace un par de noches, canalizándola en una canción. Es un regalo. A comienzos del año que viene comenzaremos a compartir algún single. Espero que os guste el disco, porque creo que es una preciosidad. 

http://mujereslobby.org/2020/11/20/xxxi-feminario-la-estructura-social-desde-el-paradigma-feminista/

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