Entrevistamos a Farruco Sesto: «pienso que no puede denominarse o autodenominarse izquierda, aquella que sea relativamente progresista en lo social y en lo cultural, pero neoliberal en lo económico»

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Se acusa habitualmente a Venezuela de ejercer una forma de gobierno extremadamente personalista, pero claramente se ha comprobado como tras el fallecimiento de Hugo Chávez la revolución bolivariana h acontinuado su camino, ¿cuál es la clave de la permanencia del proyecto político venezolano a pesar de las continuas injerencias y presiones imperialistas?

F.- En Venezuela hay un proceso de profunda transformación estructural en el ámbito social, en el cultural, en el político, en el económico, que es lo que históricamente se conoce como una revolución. En nuestro caso, la revolución bolivariana, los protagonistas esenciales de ese proceso de cambios son las grandes mayorías populares, como no podía ser de otra manera. Y cuando hablo de mayorías populares me refiero al pueblo pobre, por siglos excluido, al pueblo trabajador, al “que pisa la calle”, al pueblo que habita los barrios, a los indígenas, a los afrodescendientes, al pueblo campesino, pescador. Un pueblo que, en su lucha por la dignidad y por la felicidad a la que tiene derecho, vino adquiriendo un conocimiento importante sobre cómo funciona el mundo y una gran conciencia de sí mismo, de su responsabilidad en los cambios posibles y deseables. A tal efecto, es un pueblo que crea desde su propio seno a sus dirigentes, les da vida a los liderazgos necesarios, y los acepta cómo suyos, en los distintos niveles de actuación, tal como le dio vida a Chávez en su momento y reconoció su liderazgo. Me refiero a que el proceso que se da en Venezuela no es el resultado de la visión de algunos líderes “ personalistas” que guían mesiánicamente a un pueblo. Sino que, a mi juicio, es el contrario. Es un pueblo en batalla el que crea a sus líderes, y los reconoce cuándo los sabe suyos, cuando se siente interpretado por ellos. Hay una vanguardia, no es una vanguardia aislada, desconectada de las grandes mayorías. Es una vanguardia construida por el propio pueblo en su lucha diaria que viene de siglos. Contra un pueblo con esa voluntad de lucha, no hay imperio que valga.

¿Sigue vigente el camino al socialismo en Venezuela?

F.- Sí. Absolutamente. Nosotros consideramos que el socialismo es el único camino posible para superar la pobreza estructural, para crear un mundo justo habitado por seres humanos dignos e iguales en su diversidad. Para superar las opresiones y diferencias de clase, todas ellas, la opresiones de género, las opresiones culturales o nacionales. Y desde luego, para que la especie humana se relacione de una manera más armónica y respetuosa con la naturaleza. De manera que ese camino es el camino. Lo tenemos claro.

¿Cómo explicaría hoy lo que supone el socialismo del S. XXI?

F.- Para nosotros, siguen siendo referentes fundamentales las grandes revoluciones históricas que surgieron a lo largo del siglo XX. Como no reconocer los cambios producidos en la humanidad, en su larga marcha hacia la emancipación, a partir de las revoluciones soviética, china, vietnamita o cubana, por citar a las que generalmente son más nombradas.

Pero junto a ese reconocimiento referencial, hacemos nuestra también la expresión de Fidel que un día, en 2005, le dijo a los estudiantes de la Universidad de la Habana: «Entre los muchos errores que cometemos todos, el más importante error fue creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo»

Es en ese sentido que creemos que la disposición para construir el socialismo, en este siglo, después de pasar por varias experiencias truncadas o erradas en el siglo pasado, ha de ser más sabia, más abierta, y al mismo tiempo con mucho más cemento social que algunas que se llamaron socialistas pero no lo fueron. Me refiero la aquellas que fueron impuestas de arriba abajo, por así decirlo. Las revoluciones tienen que venir de abajo arriba si quieren prevalecer y lograr sus grandes objetivos.

La satanización Hugo Chávez a la que estamos acostumbrados por parte de los medios hegemónicos de comunicación en occidente, y por parte de la derecha política, no tiene absolutamente nada que ver con la realidad

¿Cómo se desarrolló y se continúa desarrollando la batalla de las ideas en América Latina?

F.- América latina es, como se sabes, el continente con más desequilibrios sociales del mundo. Grandes tensiones acumuladas a lo largo del tiempo están produciendo cambios en la correlación de fuerzas. En la primera década de este siglo, se notó el avance de las fuerzas transformadoras, en cada lugar a su manera, que se manifestaron en gobiernos de nuevo tipo en Uruguay, Bolivia, Honduras, Paraguay, Argentina, Brasil, Ecuador y, desde luego Venezuela, así como en varias naciones del Caribe que, junto con Cuba y Nicaragua, retomaron la idea de una América comparada a las políticas de dominación Imperial. Así se logró derrotar, por ejemplo, el Alca. Y se crearon figuras de unidad latinoamericana como la Celac y Unasur. Se crea Telesur, que es un instrumento fundamental en esa batalla de las ideas y, entre otras instancias, nace la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad, con sus diversos capítulos nacionales. Pero desde luego era de esperar la reacción imperial, con el apoyo directo o indirecto de la Unión Europea. Así tuvieron lugar los golpes de estado exitosos en Honduras, Paraguay, Brasil, Honduras, así como el que resultó errado en Venezuela. El cambio de sentido en un momento dado en Argentina, en Ecuador, en Uruguay, forman parte de ese contraataque imperial. Pero esto es un ir y venir. México se suma a los gobiernos de cambio. En Argentina, mal que bien, regresa el peronismo. Bolivia se vuelve a sumar a la unidad latinoamericana. Cuba y Nicaragua están allí y Venezuela resiste la guerra de nueva generación que le declaró el imperialismo y sigue en pie. De manera que la confrontación está en pleno apogeo. Pero debo decirte que no queremos una América Latina en guerra. Para nada. Creemos que ya esa etapa pasó como posibilidad. Pensamos que es ganando la batalla de las ideas que América latina va a consolidar en esta etapa su camino de emancipación.

¿Cómo era a relación entre Hugo Chávez y Fidel Castro? ¿Queda aún la huella de la amistad entre ambos en las relaciones entre Cuba y Venezuela?

F.- Era una relación de mucho entendimiento mutuo y mucho afecto en el personal. Yo fui testigo, así como nuestro pueblo, de ese aprecio entre los dos comandantes. Se querían, se comprendían, se respetaban inmensamente. Dos personalidades distintas pero que encajaban a la perfección, con grandes cualidades compartidas. Como le ocurre a nuestras dos revoluciones, la cubana y la bolivariana. Una es la hermana mayor, por así decirlo. Hay un entendimiento fraternal entre nuestros gobiernos y nuestros pueblos.

¿Qué es ser de izquierda?

F.- Izquierda es un término que normalmente usamos para identificar a quién busca los cambios sociales, frente a los conservadores a quién denominamos derecha. Pero la realidad es tan distinta en cada lugar, que obviamente se presta la muchas interpretaciones por su ambigüedad generalizadora. De manera que pienso que, en cada situación geográfica, política, cultural, puede ir cambiando el significado del término y hay que redefinirlo. Por ejemplo, pienso que no puede denominarse o autodenominarse izquierda, aquella que sea relativamente progresista en el social y en el cultural, pero neoliberal en el económico. Eso es una contradicción insalvable. Me refiero a partidos. Me refiero también a las personas. Como sabes, se acabo de publicar un libro, editado por la Agrupación Xosé Velo, titulado SER DE IZQUIERDA DESPUÉS DE CHÁVEZ. Allí trato de establecer un perfil coherente, sobre una base ética política, del que a mi juicio es ser de izquierda en esta parte del mundo.

«Quien no es de izquierdas cuando es joven, no tiene corazón, y quien sigue siéndolo de viejo no tiene cabeza»

¿Supone la lucha de la izquierda un proyecto idealista o con fecha de caducidad tal y como parece indicar esta «popular» reflexión?

F.- Para nada. La lucha de izquierda, tiene que ver con una posición ética que no se negocia con el tiempo. El que abandona, abandona. El que traiciona, traiciona. El que se cansa, se cansa. El que sea coherente, y se respete a sí mismo, vive y muere en su ley. «Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quien lucha muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles». Lo dijo Bertolt Brecht. Y lo canta Silvio Rodriguez en “El necio”. ¿Te acuerdas?: “Yo no se lo que es el destino, caminando fui lo que fui, allá Dios, que será divino, yo me muero cómo viví”

¿Se puede ser de izquierda sin avanzar hacia un horizonte revolucionario?

F.- No se puede cultivar un pensamiento de izquierda, y formarse uno mismo en ese pensamiento radical de transformación de la realidad, sin imaginar situaciones donde el pueblo, por fin, acceda sin intermediarios al poder político. Ese acceso del pueblo al gobierno es el horizonte revolucionario al que puedo hacer referencia. No tiene que ser violento. Y mejor si no lo es. No tiene que ser destructor. Pero, sí, tiene que ser radical, para que los cambios posibles sean de raíz.

No puede denominarse o autodenominarse izquierda, aquella que sea relativamente progresista en lo social y en el cultural, pero neoliberal en el económico

En el libro «Chávez de quien doy fe» se hace mención a la importancia de comunicar bien un proyecto político y especialmente a la importancia de no mentir nunca, ¿considero que esto supone uno de los grandes defectos de la izquierda occidental y sus estrategias «posibilistas» y electoralistas?

F.- Como dijimos antes, no hay fórmulas aplicables para la política. Cada situación es distinta. Lo que hay son principios y propósitos. No me toca ni quiero criticar las estrategias de nadie para abrirse camino, siempre y cuando ese camino no te obligue a dejar de ser tu mismo. Que el camino no te convierta en otro. De eso se trata. Y te pongo un ejemplo bien claro para mí: el Chávez del camino insurgente de 1992, y el Chávez candidato de 1998, transitando el camino electoral, eran exactamente el mismo. La única diferencia era a experiencia acumulada.

Pues en ese “ser el mismo” ¿Qué sentido tiene la mentira política planificada y generalizada? Cuando comienzas por mentirte a ti mismo, mal va la cosa.

Reitera en esa misma obra a importancia de la unidad en la izquierda, pero ¿como conseguir esa unidad en una izquierda europea desdibujada y claramente arrasada por posiciones posmodernas y discursos claramente neoliberales?

F.- La unidad a la que me refiero no es la unidad de los iguales, la de aquellos que tienen una visión coincidente de la política. Esa hay que darla por descontado. ¿A qué lógica respondería la fragmentación en este caso? La unidad que debe reclamarse constantemente es la unidad de los diversos, la de aquellos que aún dirigiéndose al mismo o parecido destino, tienen distintas maneras de entender el camino. Es en ese caso, aunque parezca una contradicción, que hablar y trabajar por la unidad tiene mayor sentido. Por la unidad de las fuerzas. Claro que no es una unidad fácil de construir, pero que sí es posible lograrla siempre y cuando los objetivos finales de quien la construya no sean antagónicos ¿Eres antifascista? ¿Eres antiimperialista? ¿Crees en la soberanía del pueblo? Si es así, y apoyándonos en esos y otros puntos de coincidencia, entonces hay un trecho del camino que sin duda podemos recorrer juntos. ¿Que tenemos diferencias importantes? Cierto. Ya las trabajaremos en el trayecto. De eso se trata. Desde luego que las situaciones de crisis, y la actuación sabia de los liderados suelen facilitar la unidad. Pero no hay que esperar a las crisis. La unidad siempre puede irse construyendo.

¿Sufrió Chávez traiciones a lo largo de su trayectoria entre su propia gente? ¿Se sintió en algún momento traicionado por la izquierda Europea a la que él había tendido a mano?

F.- Sí. Chávez fue un hombre traicionado. Supo de traiciones en sus propias filas, en la misma Venezuela y en otras partes. Pero supo también de indestructibles lealtades, a prueba de cualquier cosa. Y además confió siempre en el pueblo venezolano y en todos los pueblos del mundo. No conoció la traición del pueblo. Y es el pueblo lo que cuenta, en definitiva. No me toca juzgar a nadie. Que cada uno que se piense a sí mismo y se vea en el espejo.

¿Qué supone el tema del amor en la vida y la obra de Hugo Chávez?

F.- A mi parecer es el eje fundamental de su legado en pensamiento y acción revolucionaria. Valle la pena acercarse a Chávez, leerlo, tratar de comprenderlo, a partir de ese planteamiento tan sencillo cómo verdadero.

Él mismo lo dijo con claridad en muchas oportunidades. Por ejemplo en un discurso ante la FAO en 2002 :

Amo al ser humano, no importa el color, la condición social, el idioma. Y todo lo que decimos, lo decimos con amor por toda la humanidad y lo decimos precisamente por amor a toda la humanidad“.

Y en diciembre, en Palabras en el Acto de Apertura del Encuentro Mundial de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, que me tocó organizar en mi condición de ministro de la Cultura, dijo con mucha contundencia:

“Nunca será vieja una consigna cuando se trate de la humanidad: la consigna del amor nunca será vieja.”

De manera que la satanización Hugo Chávez a la que estamos acostumbrados por parte de los medios hegemónicos de comunicación en occidente, y por parte de la derecha política, no tiene absolutamente nada que ver con la realidad. Chávez, sí se me permite decirlo, era un ser estructuralmente amoroso.

Sé que la añoranza o el pasado tienen difícil solución, pero no puedo evitar realizar esta pregunta observando la actualidad internacional, ¿qué sería del mundo si Chávez aun viviera?

F.- Nosotros, los bolivarianos, lo sentimos vivo a nuestro lado. Claro que esto es una metáfora sobre la vigencia de su memoria en nosotros. Pero puedo decirte con mucha seguridad que si Chávez estuviera vivo, estaría en la misma lucha en la que estuvo siempre, de Venezuela, de América Latina y El Caribe, de los pueblos del mundo, por lograr su emancipación contra la opresión imperial, neocolonial, neoliberal. Esta no es una carrera corta, sino que lo es de largo aliento.

Lo que hay en Venezuela es un proceso de profunda transformación estructural en el ámbito social, en el cultural, en el político, en el económico, que es lo que históricamente se conoce como una revolución

¿Cuál es la lección más importante que debemos tener presente al recordar a Hugo Chávez?

F.- Infinitas lecciones posibles, son las que se pueden extraer del pensamiento de un hombre tan completo y complejo. Pero en este momento me gustaría destacar una idea de Chávez que puede ser una guía para la izquierda en cualquier circunstancia: “nuestra tarea es darle el poder al pueblo”.

Y para finalizar, podría acercar a nuestros lectores la voz del propio comandante Chávez y narrarnos de forma breve el cuento del agua de las Queseras del Medio.

F.- Como conoce la totalidad del pueblo venezolano, así como todos aquellos que lo trataron personalmente, el comandante Chávez era un hombre con un especial sentido del humor, que se hacía presente en cualquier circunstancia. Me pides que narre el cuento relacionado con las “ Queseras del Medio”. En realidad no es fácil hacerlo por escrito. Pero lo voy a intentar para que no se diga.

Hay que aclarar que las “ Queseras del Medio” es un lugar, llano dentro, donde se dio una batalla heroica de la lucha por la independencia en Venezuela, en la cual las fuerzas independentistas comandadas por Páez, derrotaron a las huestes realistas de Pablo Morillo.

Lo que voy a narrar, se lo escuche contar un día a Chávez, un relato muy divertido.

Resulta que Chávez, en sus tiempos de capitán, estuvo destinado en Elorza, una población llanera donde tenía un grupo regular de soldados a su cargo.

Siendo Chávez quien era, ya en ese tiempo en que no era conocido públicamente, se preocupaba por inculcar valores ciudadanos e históricos a la tropa a su cargo y de moralizarla con los recursos que tenía a su alcance. Así un día organizó una expedición con sus soldados hasta el lugar donde había tenido la batalla hace ya casi doscientos años.

Allí le habló a la tropa y luego, al comenzar el regreso, dio la orden que cargar unos bidones con agua fresca de los manantiales del lugar.

Llegando al cuartel, hizo dividir a los soldados en dos grupos: lo de los espabilados y lo de los que estaban “ ahuevoneados”. La idea era que cada mañana, al levantarse y salir al patio, los “ahuevoneados” hicieran una fila para tomarse un vaso de agua de las Queseras a ver si se les despertaba la conciencia y el coraje.

Y así se hizo durante tres días.

Al cuarto, estando Chávez en su oficina se presentó ante él el teniente que tenía los soldados al mando, quien, al tiempo de saludarlo militarmente, le dijo:

– Permiso, mi capitán, para hablar con usted.

– Permiso concedido. Me dice.

– Capitán, es para que me autorice a tomar yo también un vaso de agua de las Queseras.

– Y eso?

– No, es que hoy me estoy sintiendo medio ahuevoneado.

Chávez nos lo contaba y se moría de la risa.


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