Entrevistamos a Domènec Merino (PCTC): «La democracia liberal está viciada de raíz, como cualquier otra forma de organización política en el capitalismo»

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¿Supone un error celebrar estas elecciones en mitad de una grave
crisis sanitaria? ¿Cómo valoráis la gestión política de la misma y su
incidencia en la población?

No cabe ninguna duda de que es el peor momento posible para hacer elecciones, con los contagios disparados y los hospitales colapsados. En pleno invierno y el curso escolar en marcha. Ahora bien: el debate, si es que puede llamarse así, entre los diversos partidos políticos del arco parlamentario sobre si había que aplazar o no las elecciones ha estado viciado desde el principio, básicamente porque ninguno de ellos tenía en la cabeza el bienestar o la salud de la población, sino únicamente los réditos electorales. Era demasiado obvio como para no verlo. Esquerra Republicana, Junts per Catalunya y Ciutadans necesitaban desesperadamente aplazar las elecciones, pues las encuestas no les situaban en su momento más favorable; otros partidos, como el PSC, el PP o VOX, todo lo contrario. Todos han jugado sus cartas y, como siempre, han jugado también con nuestras vidas.

La gestión política de la crisis sanitaria podría resumirse perfectamente con lo que acabo de decir, creo que es suficientemente ilustrativo. Desde que estalló la pandemia, la Generalitat ha jugado miserablemente con nuestras vidas con sólo dos cosas en la cabeza: la primera, fundamental, proteger los intereses empresariales; la segunda, importante también para ellos, conseguir rédito electoral. Sólo con esta explicación puede entenderse la política errática y absurda del Govern en estos meses precedentes, cuando de repente aplicaba políticas extremadamente restrictivas para nuestra vida social, cuando necesitaba mostrarse contundente para la pandemia pero buscaba eximir de responsabilidades a los empresarios, y al cabo de unas semanas abría las puertas para que fuésemos a consumir, de nuevo para que las empresas pudiesen ganar dinero. 

Antes de diciembre, nuestro partido ya avisaba de que en Navidad el Govern relajaría las restricciones con una sola cosa en mente: salvar la campaña navideña para las grandes empresas, garantizándoles los consumidores. Y avisábamos también de que esa relajación llevaría a un endurecimiento brusco de las restricciones en enero. Se ha cumplido tal cual.

Y es por eso que cuando empiezan a salir voces políticas diciendo que es peligrosísimo celebrar elecciones ahora, nosotros decimos: ¡claro! Pero al mismo tiempo miramos con escepticismo e indignación a estas mismas voces, que hace treinta días escasos no estaban preocupadas cuando nos amontonábamos en los centros comerciales y en los trenes. 

¿Cómo se plantea la campaña electoral un partido actualmente
minoritario como el vuestro? ¿Se puede competir realmente en esta
carrera electoral sin el acceso a grandes recursos económicos o a los
medios de comunicación?

La democracia liberal está viciada de raíz, como cualquier otra forma de organización política en el capitalismo. Porque, independientemente de los medios que te den para participar en la elección de representantes políticos, siempre habrá una minoría de personas que concentra la mayor parte de la riqueza del país. Y, claro, esa minoría de personas es capaz de manipular medios de comunicación, políticos y jueces a su antojo. ¿Cómo compites contra eso?

Nuestra fuerza está dónde siempre ha estado: en los centros de trabajo y en los barrios obreros, donde compartimos vida y penurias con los nuestros. Es así, sobre la base de la constatación diaria de la miseria a la que nos arrojan, donde conversamos con nuestros compañeros y nuestras compañeras para decirles que la única solución es la organización y la lucha. 

¿Qué queda del procés en la vida política y social catalana?

Quedan fundamentalmente las noticias que van sacando los medios de comunicación, interesados en alimentar esto. El procés ha llegado en Cataluña, como ya advertía nuestro partido en 2017, a una vía muerta. Y ha llegado a una vía muerta porque en la vida política de nuestro país no se puede dar un paso sin el consentimiento de las granes empresas, que ya dejaron muy claro en septiembre de 2017 cual es su posición respecto a la autodeterminación. 

Lo más grave de este asunto es que la clase obrera catalana, tanto la que se considera independentista como la que no, ha quedado atrapada bajo banderas ajenas y ha estado enfrentándose entre sí durante años siguiendo los dictados de partidos y organizaciones creadas por y para la patronal, sea pequeña o mediana. 

Nuestro partido respondía en 2017, en el momento culmen del procés, a las proclamas de uno y otro lado con la consigna de que la independencia necesaria es la de la clase obrera frente a la patronal. Seguimos en esa línea: la clase obrera, hable la lengua que hable e independientemente de su subjetividad nacional, tiene que estar unida frente a los ataques de la patronal. Sólo así podemos conseguir un país que sea nuestro y para nosotros, no para la riqueza personal de los capitalistas. La alternativa es la barbarie. 

En los últimos años, la política en Catalunya ha estado claramente
marcada por los límites de la legalidad constitucional y el intento
por tensar e incluso sobrepasar los mismos por parte del soberanismo,
¿se ha mostrado en este sentido la izquierda incapaz de marcar su
propia agenda de ruptura con el régimen del 78?

La izquierda no sé. ¿Qué es la izquierda? Es algo muy difuso. El movimiento obrero lleva décadas atrapado en la ilusión del diálogo y del pacto social, en el espejismo de los artículos sociales de la Constitución y en la creencia de que el Estado es de todos. Se hace necesario que en los centros de trabajo haya un proceso de discusión política del Partido Comunista con los trabajadores para romper con todo eso. No nos vale este sistema y todo el entramado político construido está diseñado única y exclusivamente para proteger el sistema, con los beneficios empresariales en su núcleo. 

¿En qué momento parte de la izquierda catalana ha podido llegar a
considerar parte los suyos a un personaje como Carles Puigdemont?
¿Evidencia esto la incapacidad de la izquierda para anteponer o
compatibilizar la dialéctica de clases a las reivindicaciones
soberanistas?

Pues creo que voy a poder basar mi respuesta un poco en algo que apuntaba en mi respuesta anterior. El término izquierda es algo que, aunque podamos usar coyunturalmente, genera más confusiones de las que despeja. Es, de hecho, un término procedente de la Revolución francesa, basado en un hecho absolutamente fortuito que era la distribución de los representantes en los bancos de la Asamblea Nacional, donde los miembros del Tercer Estado (y, por lo tanto, los más “radicales”) se sentaban a la izquierda.

Lo cierto es que el movimiento obrero lleva años desarmado ideológica y políticamente. Está perdido y confuso. Los trabajadores se sitúan constantemente detrás de tendencias políticas que expresan las aspiraciones más radicales de la burguesía, como VOX; o detrás de quienes representan los intereses de la aristocracia obrera y de los trabajadores que han sido comprados por el sistema, como el PSOE; o detrás del radicalismo formal de la pequeña burguesía, partidos como la CUP. La clase obrera nunca defiende sus propios intereses de clase, algo gravísimo y que en su momento fue lo que obligó a Marx y a Engels a escribir el Manifiesto Comunista, que precisamente pedía a los obreros que defendiesen sus propios intereses, no los de otros. 

El movimiento obrero va dando bandazos desde que triunfó la contrarrevolución en la Unión Soviética. De hecho, ya desde antes. Y en el interludio que media entre ese triste final del movimiento obrero de clase del siglo XX y su renacimiento en el siglo XXI encontramos ese claroscuro que origina monstruos, como decía Antonio Gramsci. Nacen muchos planteamientos situados “desde la izquierda” que pueden llegar a ser verdaderamente aberrantes.

Lo que la mayoría de ellos tienen en común es no situar en el lugar que le corresponde la contradicción principal del capitalismo: la que existe entre el capital y el trabajo. Todos los problemas son importantes, pero la vía definitiva para solucionarlos es la reorganización de las fuerzas del trabajo para apartar al capital del poder. Ahí está la clave para diseñar una estrategia y una táctica que sean acordes con nuestros intereses como clase. 

¿Qué salida contemplan al problema territorial en el estado español?

Que todos los trabajadores del país actúen unidos, al margen de la lengua que hablen o de la nación de la que se sientan parte, para derribar este monstruo que es el Estado capitalista y para colocar a quienes producen en el poder. Esta unión entre los trabajadores tiene que ser una unión voluntaria, sobre la base del respeto al otro, no valen imposiciones. Los trabajadores vamos a decidirlo todo.

¿Qué valoración hacen del actual gobierno del estado español?

Que está haciendo muy bien su trabajo de legislar en favor de los empresarios con la mano derecha mientras nos acaricia con la mano izquierda. Es el dique de contención perfecto para el movimiento obrero. Se preparan a día de hoy algunos de los ataques más brutales a nuestros derechos laborales en los últimos diez años, con la normalización de los ERTE en la vida laboral de la clase obrera y la flexibilización de las condiciones de trabajo, y no se escucha todavía mucho ruido de protesta. Hay que seguir desenmascarando el papel de este gobierno, cómplice de la patronal.

¿Y de los planteamientos de En Comú Podem o el PSC de cara a estas elecciones?

¿Qué puedo decir? No distan en nada e los planteamientos que hacen a nivel central. Como he dicho, el gobierno central se está preparando para arrasar con nuestros derechos laborales, a las órdenes también de la Unión Europea, cuando la situación sanitaria esté bajo control o quizá antes. Y el PSC y en Comú Podem se han dedicado, básicamente, toda la campaña electoral a alabar las migajas que el gobierno central ha repartido entre los trabajadores con el único objetivo de mantener vivo el consumo para que los empresarios sigan ganando dinero: los ERTE, el ingreso mínimo vital…
¿Juega la derecha española con planteamientos cercanos o directamente
insertos en posturas fascistas cuando compite electoramente en
Catalunya?

Creo que no nos trae nada bueno banalizar el fascismo. La derecha española, si queremos llamarla así, está jugando con planteamientos muy reaccionarios, sobre todo VOX. Pero el fascismo es otra cosa, que está incubándose, que puede irrumpir en escena. Recordemos que el fascismo ha jugado históricamente el papel de aplastar el movimiento obrero cuando éste crecía. Pero todavía no ha hecho su aparición en la política española. VOX puede servirles de vía para un crecimiento en su interior.

¿Por qué deberían nuestros lectores plantearse la posibilidad de votar al PCTC?

Pues porque las trabajadoras y los trabajadores llevan años atrapados en falsos dilemas. Durante cuatro años nos atacan los gestores políticos de turno en el gobierno, nos quejamos, incluso protestamos, pero llegan elecciones y volvemos a votar por ellos. Porque son el mal menor. Siempre hay un mal mayor. Y luego, durante cuatro años más, ellos serán los únicos que hablen por nosotros.

En el parlamento no se decide nada. Cuando se produce un debate parlamentario, todo está cerrado de antemano. Pero los políticos salen ahí para convencernos, es su único papel, y ya está bien de que cada día cuando encendamos la televisión o la radio sólo estén hablando ellos. Hace falta una voz obrera que diga basta, también desde el atril del Parlament, y anime a la clase obrera a confiar únicamente en sus propias fuerzas en los centros de trabajo y en los barrios.


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