“Panamá se lo han repartido entre 105 familias millonarias”

Una huelga nacional indefinida azota a Panamá desde hace dos semanas. El detonante de las protestas: el alza del precio del combustible y de los artículos de primera necesidad. Las organizaciones convocantes denuncian la represión del gobierno de Laurentino Cortizo y exigen un conjunto de demandas para atajar el malestar popular.

Desde NR entrevistamos a Hugo Vera, periodista panameño, director del medio independiente El Baluarte, con quien analizamos la situación social que vive el país.

Hugo, ¿cuál es la situación actual que vive el país en medio del paro nacional y qué causas lo motivaron?

Panamá vive en estos momentos una situación con protestas en varias ciudades y puntos del país, con cierres de calles y manifestaciones. Inicialmente, se habían instalado tres mesas de negociación con el gobierno. Ahora hay una mesa conjunta para negociar con el ejecutivo. Es decir, los tres movimientos sociales que habían impulsado las protestas se integraron en una sola mesa que es la que está negociando con la administración de Laurentino Cortizo.

La gota que colmó el vaso ha sido el aumento del precio del combustible. Esto ha desencadenado una subida del precio de los alimentos en un país que no produce la mayoría de los productos que consume. También se produce un aumento del precio de los servicios públicos. Todo esto se ha visto agravado al no tomarse medidas para frenar el aumento del combustible, como pueden ser los subsidios o la eliminación de impuestos para abaratarlo. Y esta falta de medidas son debido a que se busca proteger a los oligopolios y porque no se quiere invertir en el ámbito público.

Mientras el gobierno decía que no había dinero para frenar el aumento del combustible, se habían regalado 2.000 millones de dólares a los bancos, se había hecho una ley de beneficios fiscales para las empresas de turismo, entregando prácticamente 1.700 millones de dólares a magnates del turismo para que construyeran complejos de lujo. Para que nos hagamos una idea, se iba a financiar con dinero público el 60% de un Hotel Ritz. Este tipo de cosas hizo que la gente se hartara y no se tomara en serio al ejecutivo.

Ahora bien, las causas reales del estallido tienen que ver con cuestiones más profundas. En Panamá, desde el inicio de la República en 1903, el país se lo han repartido entre 105 familias millonarias.

En Panamá, después de la invasión de EE.UU, empieza la marcha hacia el neoliberalismo. Los gobiernos que llegaron a continuación comenzaron un proceso de privatizaciones y modificaciones del Código de Trabajo para abaratar los despidos y precarizar la situación de los trabajadores.

Hubo un periodo en el que sí repuntó el trabajo con la construcción de grandes obras como la ampliación del Canal de Panamá o del metro, pero con la llegada de la pandemia las desigualdades comenzaron a intensificarse hasta evidenciarse que Panamá no era el llamado «Dubai de las Américas».

Según estadísticas oficiales, el país tiene un 23% de pobreza. Es el sexto país más desigual del mundo y el segundo más desigual de la región. Estamos hablando de un país con casi un 50% de economía informal. Hablamos de gente que depende de vender lotería, limpiar vidrios o vender fruta en la calle para subsistir. Un país donde el salario mínimo hace años que no alcanza para cubrir la inflación. Más de la mitad de la gente que trabaja de manera formal gana ese salario mínimo. Hay cerca de 1 millón 200 mil personas sin vivienda.

Todo esto se fue profundizando en la pandemia, con familias trabajadoras sin empleo y malviviendo con bonos de 80 dólares y bolsitas de comida. Paralelamente, los empresarios exigen que se flexibilice todavía más el Código de Trabajo. Se permiten medias jornadas, suspensiones de contratos o el pago de salarios por debajo de lo establecido por ley. Se elaboró un Código de Trabajo a medida para los empresarios hasta que finalizara la crisis. Pero quienes decidían cuando se terminaba la crisis eran los propios empresarios. Todo este cúmulo de cosas ha hecho emerger el descontento popular.

¿Qué organizaciones son las que convocan este paro y qué sectores de la población lo están secundando?

Las organizaciones que impulsan las protestas son la Alianza Nacional por los Derechos del Pueblo Organizado (Anadepo), conformada en gran medida por el gremio educativo, que comenzó con las huelgas. Posteriormente, se sumaron otros sindicatos y gremios, que formaron la Alianza Pueblo Unido por la Vida. Y el tercer sector que se sumó a las movilizaciones fueron los pueblos indígenas.

Lo que se está viviendo en Panamá en este momento hacía mucho tiempo que no pasaba. Protestas de este tipo donde se sume una mayoría de la población son inéditas. Hay un apoyo masivo, la gente está cansada.

¿Cuáles son las principales demandas de los convocantes?

Las principales demandas presentadas por la mesa de negociación son la congelación del precio del combustible; la derogación de las leyes de incentivos fiscales para magnates del turismo; un aumento generalizado de salarios; un control de precios de los productos de la canasta básica; que se invierta el 6% del PIB en educación tal como se establece en la Constitución; el abastecimiento de medicamentos en la seguridad social y una ley que regule su precio, o la necesidad de una asamblea constituyente.

¿Qué respuesta está dando el gobierno de Laurentino Cortizo ante estas movilizaciones?

La respuesta del Presidente ante esta situación ha sido la represión de la protesta. Paralelamente, en las mesas de diálogo se ha presionado, se ha chantajeado, se ha ofrecido dinero y se ha maniobrado para intentar que los líderes de la mesa no consultaran a las bases. Hubo propuestas por parte del gobierno que la gente consideró una burla. En medio de todo el desastre que había en el país, el Presidente se fue a Colombia a la toma de posesión de Gustavo Petro. No ha dado la cara, ni siquiera en entrevistas. Justo ahora se sentó a la mesa de negociación, pero bajo una postura de arrogancia y sin comprometerse al diálogo ni a ir a la raíz del problema. Esto ha pasado con casi todos los presidentes de Panamá. Ellos defienden muy bien los intereses de los poderes fácticos, el de las 105 familias que controlan el poder realmente.

¿Cómo están cubriendo los medios de comunicación nacionales el paro?

En Panamá la mayoría de los medios están en manos privadas. Para informarse de manera objetiva hay que consultar a medios independientes. El enfoque de los principales medios de comunicación del país es que las protestas están destruyendo la economía nacional. Muy pocos medios hacen la reflexión y abordan los motivos de la protesta. Pero cada vez este mensaje de los medios cala menos entre la población. La pandemia y la crisis derivada está haciendo ver a mucha gente la realidad.

¿Estamos frente a una crisis de tipo coyuntural o tiene un carácter estructural?

Hoy existe una crisis coyuntural fruto de las condiciones que se dan en este momento, pero el problema de Panamá es estructural. Es un país estructurado para una élite que está acostumbrada a no producir, a vender, a aprovecharse de los trabajadores, a sacar hasta la última gota. Un país que no produce nada, donde la agricultura pasó de representar el 21% del PIB en los años 70 a un 2% en la actualidad. Donde la industria no significa nada, donde se depende del sector turístico y de servicios. Hay un problema de país, con una desigualdad terrible. Se trata de un país manejado como si fuera una empresa privada.

1 Comment

  1. En la entrevista a Hugo Vera se dice que Panamá está manejada por 105 familias. Pues bien, ahora que se ha iniciado el dialogo con la única mesa de negociación, pregunto: por qué no se habla «de una buena vez y en serio» y se llama al representante de las 105 familias para que inviertan en el Estado?. CON LA MITAD DE SUS FORTUNAS, a riesgo de perderlo todo (esa es la presión del pueblo que son mayoría, x encima de las clases política administrativa, judicial, congresil, policial, control, etc.). Siempre hay que contar con el capital, pero que no predomine en el poder. El cambio debe partir de un nuevo Pacto social, con fuerzas igualitarias de poder para eliminar el riesgo del continuismo de la clase política de mafiosos, poderosos y corruptos que están embriagados de poder… y hay que despertarlos del «chuchaqui» (así identificamos en Ecuador a la resaca). Me duele América Latina, Chile empezó bien reclamando el cambio, pero fuerzas oscuras la están desviando. Ojalá no pase eso en Panamá. Les deseo lo mejor de lo mejor hermanos panameños y les deseo que tengan éxito en su empeño. He estado en su País y es una maravilla, NO LO DESTRUYAN.

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