Entrevista a Salva Solano: “Tal vez la lectura, porque conlleva un esfuerzo mayor que sentarse frente a la tele, esté condenada a ser una actividad minoritaria”.

Por Marta Herrera


Salva Solano es un murciano como otro cualquiera que decide que a sus cuarenta años se encuentra en el ecuador de su vida (presupone que a los ochenta la muerte tiende a alcanzarnos) y que eso merece una celebración. Celebración que no sin esfuerzo llega en forma de publicación de su primer libro de relatos tras una ardua tarea intentando encontrar editorial. Hoy, por fin, La tienda de figuras de Porcelana se presenta en la librería Colette Letras y Tragos, en Murcia. Y nosotras, en nuestro afán por dar a conocer a buenos escritores y mejores personas os presentamos su libro y esta modesta entrevista. Ojalá disfrutéis mucho en su tienda.

¿Por qué ser escritor en tiempos de WhatsApp e Instagram?

Nací en el 79, por lo que mi infancia y buena parte de mi adolescencia transcurrió sin móvil ni internet. No tengo Instagram, y WhatsApp lo uso con moderación. No estoy continuamente pegado al teléfono, a veces incluso lo dejo en casa cuando salgo. Este desapego tecnológico se lo he prestado al protagonista de La línea circular, uno de los cuentos de La tienda de figuras de porcelana.

Sé que no es una cuestión exclusivamente generacional, conozco a muchas personas de mi edad que están tan enganchadas a las redes sociales como cualquier millennial, lo que me parece perfecto, pero yo ese tiempo lo empleo en otras cosas, como escribir (con todos los dedos, no solo con los pulgares, jaja).

Pese a que acaba de iniciarse una nueva edición de la Feria del Libro de Madrid no dejamos de ver crecer a plataformas de contenidos como Netflix, Movistar… ¿Es un buen momento para la escritura? ¿Sigue leyendo la gente?

A la literatura la han matado muchas veces y ahí sigue, pero que el sector editorial no pasa por su mejor momento es indiscutible, y lo he vivido de primera mano: envié el manuscrito de La tienda de figuras de porcelana a varias editoriales y alguna, de cierta importancia, me pidió dinero por publicar el libro.

Respecto a la segunda parte de la pregunta, estoy convencido de que los frikis de la palabra impresa seguiremos reservando nuestro tiempo para leer, por más que nos tienten con cantos de dragones. Ahora, ¿se aficionarán a la lectura los más jóvenes en un mundo con tantos estímulos como los que comentas? Quiero ser optimista: cuando era niño no había, como he dicho, internet ni redes sociales, y la oferta de canales de televisión era muy escasa. Y, sin embargo, de una clase de EGB de treinta y tantos alumnos, no éramos más de cinco los que leíamos por ocio. Tal vez la lectura, porque conlleva un esfuerzo mayor que sentarse frente a la tele, esté condenada a ser una actividad minoritaria, pero eso no es algo nuevo.

Soy más pesimista con el porvenir de las librerías independientes, y esa preocupación se refleja en el «último» cuento del libro (el último antes de la muerte): Liquidación por cierre.

También me preocupa que cambie la forma de leer, como está cambiando la forma de escuchar música. Así, puede llegar el día en el que solo cuatro «eruditos» sean capaces de disfrutar plenamente de Cien años de soledado de La conjura de los necios, por mencionar uno de los que cito en el libro. Sería una pena, sería una involución.

Tu libro es una colección de relatos ordenados por la edad del protagonista y, en todos ellos, parecen encontrarse notas autobiográficas, ¿de dónde surge “La tienda de figuras de porcelana”?

Surge de los dos materiales con los que escribo: la imaginación y la memoria. Combinándolos en distintas proporciones, se destilan los cuentos: unos tienen mucho material autobiográfico, en otros predomina la fantasía.

¿Te has documentado para escribir este libro o surge todo de tu imaginación?

Sí, suelo documentarme. Lo hago aunque esa parte no salga en el cuento, me ayuda tener un mundo lo más verosímil posible creado alrededor del relato. Para No nevaba nieve contacté con la Agencia del Albaicín, que me informó sobre la historia del empedrado del pavimento; para El sabor de la sangre consulté algunas cuestiones sobre la flora y la fauna local con Jorge Escudero, un pastor de la zona. Hice algo similar con la mayoría de los relatos.

¿Por qué dotas de tanta relevancia a la edad en este libro, por qué la eliges como hilo conductor? ¿Hay una circunstancia vital que te lleve a escribir este libro?

Me había propuesto organizar el libro de una manera distinta, ser, dentro de lo posible, original, algo que es más fácil de decir que de hacer. Después, en las múltiples relecturas necesarias para la selección y, sobre todo, la corrección de los relatos (hay muchos que no han superado el control de calidad de esta tienda, o no armonizaban con los demás), me di cuenta de que las alusiones al paso del tiempo, las referencias a la edad de los personajes o a la diferencia de edad entre ellos era una constante en varios de los cuentos, un nexo común, así que decidí aprovecharlo.

En cuanto a la circunstancia vital, cuando me acercaba a los cuarenta años llevé a cabo una reflexión. La esperanza de vida ronda los ochenta años, de modo que los cuarenta serían la mitad del camino. Me pareció lógico detenerme, echar la vista atrás, revisar los objetivos cumplidos, los que había que descartar por imposibles y los que estaban aún al alcance de la mano. Fue durante la realización de ese balance cuando decidí que había llegado la hora de escribir este libro. Este proceso mental se puede vislumbrar en No nevaba nieve, el relato más autobiográfico.

¿Qué reacción esperas del lector? ¿Piensas en algún tipo de lector concreto cuando escribes?

No pienso en el lector cuando escribo, solo me sumerjo en la historia y me dejo llevar. Algunos de los cuentos de este libro, aunque los haya corregido y adaptado para presentarlos ante el público, están escritos hace años, cuando la idea de publicar ni se me pasaba por la cabeza.

Como cualquiera que se abra a compartir sus ideas y sentimientos con otras personas, espero que conecten conmigo. De momento las críticas, no solo las de los amigos, también las de aquellos que han comprado su ejemplar en una firma de libros sin conocerme de nada, o han decidido hacerse con él tras leer una entrevista como esta, están siendo muy positivas. Estoy muy contento y agradecido.

En tu blog hay una gran colección de cosas que te gustan y otras que no, y destacas que te gusta la soledad, alejarte del móvil y rechazas los centros comerciales, los ruidos… ¿es necesario alejarse de la sociedad? ¿Es el escritor un llanero solitario?

Recientemente asistí a una charla que Paul Viejo dio sobre Salinger, y no pude evitar sentirme identificado. No soy un misántropo, pero en muchas ocasiones me siento agredido por una sociedad irrespetuosamente ruidosa.

A pesar de que me considero una persona sociable, siempre he necesitado mi espacio de soledad. Tal vez por esa razón, muchos de mis hobbies son también solitarios: la lectura, la escritura, escuchar música, pasear, correr, nadar…

Leyendo tus relatos no he podido dejar de pensar que parece que tienes una sensibilidad especial por los detalles, los percibes y describes de una forma muy sencilla pero, a su vez, muy hermosa, casi con admiración pero con mucha consciencia. ¿Es cierto lo que digo? ¿Por qué te fascinan esos detalles y eliges escribir sobre ellos?

Gracias por tus palabras y por haberte tomado el tiempo de leer el libro.

Pues sí, es cierto que me fijo en esos detalles. Si entro en determinado estado anímico, contemplo las cosas desde otra perspectiva. Digamos, porque no es fácil de explicar, que la vida se «literaturiza», y de ese modo pasa a ser más ancha e interesante. Media hora en la sala de espera del dentista, que de otro modo sería tediosa, puede convertirse en una experiencia sugerente si el reflejo de la luz sobre la portada brillante de una revista del montón de la mesita genera unas aguas extrañas que juguetean con el tiempo, estirándolo y deteniéndolo y permitiéndote sacar un pie de la realidad. Entonces llega una enfermera, «¿Salvador Solano?», y rompe el encanto.

Estos detalles son un punto de anclaje con la infancia. Fui un niño hiperestésico que percibía la realidad así, que entraba mucho más a menudo en este tipo de «trances», si me permites la palabra, que ahora son esporádicos, fugaces y muy difíciles de atrapar. Quizá la escritura sea una vasija agrietada en la que trato de contener esos instantes.

¿Quién inspiró a Salva Solano? Parece haber una clara influencia de Cortázar en su obra…

Sin duda, Cortázar está presente. Lo he leído mucho y bien. En La tienda de figuras de porcelana incluyo una cita distinta al comienzo de cada cuento, y Cortázar no podía faltar. Pero también están Roald Dahl, Blaise Cendrars, Yourcenar, Tolstói o Zorrilla, y hay canciones de Nacho Vegas, Extremoduro o Pablo Und Destruktion, porque para mí la música es muy importante, y las canciones con buenas letras, ¿no son sino una forma de literatura?

Si antes decía que escribo con la imaginación y con la memoria, en esta última están englobadas, no solo mis experiencias, sino también mis lecturas. He leído y leo de todo, indiscriminadamente. No hago distinciones entre autores ni género, solo separo, desde mi particular opinión, la buena de la mala literatura, y hasta en esta última suelo encontrar elementos aprovechables.

¿Leer en un mundo con prisas?

Es que yo no tengo prisa. Hay muchos conejos blancos que en realidad no se han dado cuenta de que no tienen prisa ninguna. Otros sí, pienso en una madre trabajadora que tenga que madrugar para llevar a su niño al colegio, aguantar al explotador de su jefe, hacer la compra, las tareas del hogar… Por muy apasionada de la lectura que sea, quizá se quede durmiendo nada más abrir el libro, si es que tiene tiempo de abrirlo. Pero para los demás, los privilegiados que tenemos la suerte de no hallarnos en esa situación, la lectura ralentiza el tiempo, lo espesa, incluso lo endulza… No sé hasta cuándo escribiré, pero estoy convencido de que leeré hasta que se me desprendan las retinas.

¿Leeremos algo más de Salva Solano en el futuro?

No quiero pecar de arrogante, porque sé lo difícil que es publicar, pero puedes estar segura de ello.


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