Entrevista a Patxi Irurzun: «todavía conservo la chispa del punk dentro de mi corazón que no he dejado que me la arrebaten, y esa es mi pequeña victoria»

Por Abel Aparicio

Empecemos, como debe hacerse, por el principio, ¿por qué ese título y esa hortografía con “h”?

Es un chiste, un chiste malo, si se quiere, pero que se entiende mejor o se disculpa cuando uno lee el libro. Sí que puedo anticipar que el protagonista forma parte de una guerrilla  ortográfica en la ciudad en que vive, Jamerdana, y que esta se dedica a corregir errores y horrores ortográficos en rótulos, carteles, etc. Lo cual resulta algo patético, o esa era mi intención, porque ese protagonista fue punki en su juventud y entonces escribía todo con k. Ahora cree, por el contrario, que ir contracorriente es justamente lo contrario: escribir bien. Como digo, resulta un poco patético, porque en ello ve una manera de recuperar la rebeldía de su juventud; y ese es también uno de los temas del libro, ese balance vital al llegar a la edad madura entre lo que soñábamos de jóvenes, lo que hemos conseguido, en lo que nos hemos convertido…

En la portada se ve un montón de cintas de casete y en la caja que las contiene las letras “Una novela sobre el Rock Radikal Vasco”.  Durante varios años se lleva denunciando que la movida madrileña fue una cortina humo para hacer creer que en el Estado español había libertad mientras se acallaba el Rock Radical Vasco. ¿Cómo ves tú este asunto?

La etiqueta Rock Radikal Vasco (RRV) de la que en realidad renegaban todos los grupos, aunque hoy nos resulta muy práctica, es cierto que surgió como una manera de reivindicarse frente a la ominpresencia de los grupos de la Movida en los medios. La percepción que había desde aquí era que teníamos unos grupos muy potentes a los que no se prestaba la atención que merecían mientras se sobredimensionaba a otros. Yo no me atrevo a decir que eso fuera algo premeditado, lo que está claro es que resultaban mucho más radiables canciones que decían “hoy no me puedo levantar” que otras en las que se gritaba “okupazión” o “perros guardianes del orden y la ley”, eso también pasa ahora. En todo caso mientras quienes integraban los grupos de la Movida pertenecían en muchos casos a una clase social acomodada, los grupos del Rock Radikal eran gente de barrios trabajadores, pueblos pequeños, que padecían en carne propia el paro, el clima de violencia, la represión policial… y todo eso resultaba incómodo y feo en un país que andaba tirando serpentinas. Quizás lo único que tenían en común los dos movimientos era la heroína y los estragos que hizo. Yo creo que en realidad la Movida no solo eclipsó al RRV, también al propio punk madrileño, al heavy metal, que era la música de los jóvenes de clase trabajadora… No sé, la Movida también tuvo su razón de ser, después de tantos años de dictadura, fue una explosión de libertad, divertimento, tampoco es cuestión de quitarle mérito, ni se puede generalizar, pero sí se pusieron un poco pelmas, bueno eso también pasa ahora, con el nacionalismo madrileño, que desconoce y no tiene ningún interés en conocer lo que hay “en provincias”, donde somos todos unos paletos que no vamos a los museos ni sabemos estar en los bares sin tirarnos katxis de kalimotxo por la cabeza…

En el libro nos relatas la historia de una familia, con sus conflictos generacionales, mientras de fondo suena la música y se describe la realidad de un barrio de Jamerdama, ¿hay algo de autobiográfico en ello?

La novela tiene algo de autoficción, sí (bueno, la autoficción si no me equivoco o lo he entendido mal es lo que de toda la vida se ha llamado novelar, transformar experiencias propias en ficción).  Y el personaje,  tiene algunos aspectos que tienen que ver conmigo, es bibliotecario, escritor, pero otros que no, es músico, viudo… Mi madre, que durante mucho tiempo fue mi lectora cero siempre me calaba, daba igual que los personajes que yo inventara aparentemente fueran muy distintos a mí (mujeres, de otra época…), daba igual, ella, siempre me decía “Patxi, pero si este eres tú, estás contando tu vida”, y yo le decía “Que no, mamá, que es una novela”, pero ella tenía razón y la tenía yo, eso es la literatura, un tamiz por el que uno hace pasar sus vivencias o su forma de concebir el mundo… Creo que el alter ego que ha resultado de ese batiburrillo ha salido bastante creíble, de hecho hay gente que me está dando el pésame por la muerte de mi mujer, aunque ella esté felizmente viva.

La novela se desarrolla a modo de diario. ¿Crees que hay muchas novelas guardadas en diarios?, o dicho de otra forma, ¿es la literatura una forma de ordenar la vida o incluso un salvavidas?

El formato del diario fue para mí determinante a la hora de sacar adelante esta novela que yo llevaba muchos años con ganas de escribir, pero no encontraba la manera de hacerlo. Por una parte, como no hay demasiada ficción sobre el tema, sobre el Rock Radikal, yo pensaba que debía escribir la gran novela sobre eso; por otra, encontraba cierta dificultad en el hecho de que yo no era músico, no conocía los entresijos de los grupos, no viví aquello desde dentro, aunque en esto me tranquilizaron quienes sí lo vivieron, pues me dijeron que daba igual porque no se acordaban de nada. Al final, comprendí que con una historia pequeña, doméstica, como es la de la novela, podía contar todo eso, y el diario fue, como digo, determinante, porque es un cajón de sastre, en el que podía alternar escenas del pasado con la vida actual del protagonista, o pasajes divertidos con otros menos cómicos (la novela es una tragicomedia)… Yo ya había empleado el formato de diario antes, en un libro que se tituló Dios nunca reza, y que era un diario real, y con el que tuve mucho retorno de los lectores, se sintieron identificados con las cosas que contaba, por nimias que fueran, entonces comprendí que el secreto de un buen diario es cuando no escribes solo  sobre ti mismo, aunque tú creas que sí, cuando trasciendes del yo al nosotros, en ese sentido, Tratado de hortografía creo que es un libro muy generacional, en el que el lector reconoce historias que le podían haber pasado a él, en su instituto, en los 80, o ahora, en el súper, en el curro…

A nivel personal, ¿qué significó para ti el Rock Radikal Vasco en tu juventud?

La eclosión de esa música coincidió con mi adolescencia, con lo cual la viví con mucha intensidad. Como digo en el libro, el punk fue para nosotros que no creíamos en nada una religión, íbamos a los conciertos como quien iba a misa, seguíamos una serie de rituales (comprar la entrada, quedar para beber antes del concierto…). Tenía ganas de escribir sobre todo eso, aunque sin nostalgia, en realidad recuerdo mi juventud como algo bastante triste, turbio, violento, en medio de lo cual quizás fue esa música lo que le dio algo de luz, lo que hizo sacar toda esa desesperanza y esa rabia. Por lo demás, creo que el punk ha dejado en mí cierto poso a la hora de enfrentarme a la vida o relacionarme con las personas que quiero, ha determinado ciertos principios, aunque sea de manera latente, es como eso que dice Bukowski en el poema que se cita, que hay que guardar siempre una chispa dentro  de uno mismo porque una chispa puede servir para provocar un incendio. Yo creo que todavía conservo la chispa del punk dentro de mi corazón que no he dejado que me la arrebaten, y esa es mi pequeña victoria; o como dice La Polla Records: “Dentro de nuestro vacío solo queda en pie el orgullo, por eso seguiremos de pie”

El protagonista del libro era (y es) integrante del grupo Los Tampones. ¿Llegó a existir en realidad aunque fuera con otro nombre?

El referente real del grupo son las Vulpes, claro, y lo que sucedió con ellas en aquel programa de televisión en el que aparecieron cantando en horario infantil “Me gusta ser una zorra”. Me interesaba contar la historia de un grupo con un auge y una caída muy rápidos. También hay algo de homenaje a ellas, que fueron muy valientes en un mundo, incluso dentro de la música y del punk, muy machista. Por lo demás, hace poco me enteré de que existe un grupo alemán que se llama Tampones. Espero al menos que no tengan una canción titulada “Estamos contra las reglas”.

Es un sentir general que las letras de Evaristo, por poner un ejemplo, no pasan de moda, ya que los problemas siguen siendo los mismos o parecidos. ¿Quién nos estaba fastidiando y quién nos fastidia ahora?

Yo es que soy un cascarrabias y me fastidia todo, me fastidian los que aparcan en doble fila, los que dicen “¿sabes cómo te quiero decir?”, me fastidia la familia real, los nazis, la policía, o, mejor dicho, el hecho de que tengan carta blanca para joderte, para abusar de ti, para condenarte a la indefensión, me fastidian los youtubers, o que los youtubers sean referentes, me fastidia no haber tenido un sueldo decente nunca en mi vida, o tener que hacer un casting a las bandejas de carne en el súper, para llevarme la más barata y la menos saludable, me fastidia que eso de todos modos sea un privilegio comparado con otros que tienen que ir a los contenedores a buscar algo que llevar a casa,  me fastidian los anuncios de Securitas, me fastidia que este libro haya tenido varias ediciones, se haya editado en México, prácticamente a diario reciba mensajes de lectores, pero fuera del País Vasco y Navarra no me hayan hecho ni puto caso… yo qué sé, me fastidian tantas cosas (como a todos, creo, en el fondo). Es una pregunta muy difícil de responder.

A mediados de mayo verá la luz “Chucherías Herodes”, la segunda parte de “Tratado de hortofrafía”. ¿Qué te quedó por contar?

Yo siempre me planteé todo esto como un ciclo de varias novelas, es algo que nunca había hecho, retomar un personaje, si además ha resultado que la primera entrega ha chutado bien… En realidad el Rock Radikal, los ochenta, etc., no es más que un decorado de fondo sobre el que escribir sobre temas que me interesan, la precariedad, los conflictos intergeneracionales, la vida en la periferia de todo… y para hacerlo además con un tono en el que me siento cómodo, me reconozco, me divierto… En la nueva novela el personaje acaba de perder su trabajo en la biblioteca y se encuentra en varias encrucijadas: cómo ganarse la vida (se presenta a un concurso de la tele, sale a pedir disfrazado de Spiderman con un traje de los chinos de talla infantil…); cómo reconciliarse con sus hijos (graba con ellos una versión trap de su canción más famosa)…

 Tus libros se caracterizan por describir la realidad de una forma ficcionada, pero con sutiliza, usando en muchas ocasiones la ironía. ¿Veremos en tu nuevo trabajo el mismo estilo?

Sí, es la tragicomedia de la que hablaba antes. El humor siempre ha estado muy presente en mis obras, y no es una apuesta fácil, no hay nada más lamentable que intentar hacer reír y no conseguirlo. Una buena receta es empezar riéndose de uno mismo. Yo creo que mi humor tiene algo de corrosivo, y a la vez cierta ternura, me gustó algo que me dijeron en una entrevista, que el mío era un humor a la vez tierno y cabrón, me parece que es así, que tiene ese punto sarcástico e irónico, pero que esa corrosión descubre debajo otras cosas, cosas que igual no tienen tanta gracia, o más profundas, con más poso. Yo soy un tío bastante serio, por eso escribo libros de humor.

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