Entrevista a Pablo Mayoral (1ª parte): «Luchábamos contra el imperialismo yanqui, por la nacionalización de las grandes empresas, por la reforma agraria, por la República y los derechos nacionales de los pueblos de España»

Por Angelo Nero

Pablo nació en Madrid en 1951. Militante antifascista en las filas del PCE (m-l) desde 1970 y activista del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota). En Septiembre de 1975 fue sometido a Consejo de Guerra Sumarísimo en el Juzgado Militar número 2 de la Primera Región Militar, donde se le pedía pena de muerte, y fue condenado a 30 años de prisión. Fue dirigente histórico del PCE(m-l), hasta la disolución del partido en 1992, y en la actualidad forma parte de la direción de La Comuna, Asociación de presxs y represaliadxs del franquismo, que, según ellos mismos “es una asociación de represaliadas y represaliados políticos del franquismo constituida en la primavera del año 2011 para dar testimonio directo de las luchas y la represión que caracterizaron los últimos lustros de la larga dictadura franquista”. También es uno de los querellantes contra los crímenes del franquismo de la Querella Argentina, que lleva la jueza María Servini de Cubría.

Comienzas a militar muy joven, sin tener antecedentes directos en tu familia ni en el entorno de tus amigos, en un momento, en que la dictadura, ante el temor de perder las calles, redoblaba la represión. A Enrique Ruano lo asesinan en el 69 y tú entras en la OSO (Oposición Sindical Obrera) ese mismo año, y en el PCE (m-l) solo un año más tarde. ¿Qué impulsaba a un joven como tú, a asumir el riesgo de militar en una organización clandestina, sabiendo que, cuando menos, te exponías a la detención, a la cárcel, a la tortura? ¿y por qué, en momento en el que hay una eclosión de partidos y corrientes de izquierda, te decides, precisamente, por militar en el PCE (m-l)? ¿Cuál era la apuesta política de esta organización que la hacía diferente del resto de los partidos comunistas que combatían al franquismo en esa época?

En aquello años el régimen había recrudecido la represión, como respuesta a una creciente movilización contra la dictadura, y particularmente muchos jóvenes de los barrios trabajadores, de fábricas y universidades nos apuntamos a la lucha contra la dictadura, de una manera casi existencial, el ambiente de opresión era irrespirable. En aquellos momentos el PCE(m-l) y el FRAP ofrecían una intensa actividad antifranquista de ruptura total contra la dictadura, se alejaban de posiciones de “reconciliación” preconizadas sobre todo por Carrillo y su partido, quizás eso hizo que el FRAP tuviera muchos activistas en aquellos años a pesar de la intensa y dura represión a que éramos sometidos. Por otra parte, la clandestinidad era también un factor de proliferación de distintas organizaciones,  que  ante el temor a detenciones, se blindaban en si mismas.

En 1972 desde el PCE (m-l) se plantea dar un paso más en la lucha, con la creación del FRAP, como una organización independiente del partido, que pretendía aglutinar en un frente a un amplio espectro de la oposición al régimen, donde tuviera cabida organizaciones sindicales como la OSO, estudiantiles como la FUDE (Federación Universitaria Democrática Española), los Comités Anti-imperialistas… y que fue presidido por el histórico Julio Álvarez del Vayo, que había sido Comisario General del Ejército y elegido por dos ocasiones Ministro de Estado, durante la Guerra Civil. ¿Cómo fue tu paso a aquel FRAP, que intentaba pasar a una nueva fase de la oposición de izquierdas al franquismo? Nos han querido dibujar una caricatura de aquella organización como un grupo terrorista –todavía si vas a la Wikipedia aparece descrito como tal-, sin embargo el FRAP era algo más que una oposición armada ese franquismo en estado terminal ¿no es cierto?.

El FRAP como su propio nombre indica era un Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, nuestra intención era aglutinar el máximo de organizaciones y personas en una lucha contra la dictadura sin cuartel y sin componendas. Desplegábamos nuestra actividad en fábricas, universidades, institutos, barrios, y nuestra principal actividad era propagandística. Luchábamos contra el imperialismo yanqui, por la nacionalización de las grandes empresas, por la reforma agraria, por la República y los derechos nacionales de los pueblos de España, por la liquidación de los restos coloniales y por la fundación de un ejercito al servicio del pueblo y sobre todo contra la dictadura franquista, éramos una de tantas organizaciones que mantenían, en aquella época, una posición rupturista con la dictadura. Nuestro Partido y el FRAP realizamos en aquellos tiempos bastantes manifestaciones públicas con convocatorias abiertas, que nos obligaron a veces a un enfrentamiento directo con la policía franquista, y a raíz de estas manifestaciones empezamos a preparar grupos de defensa.

Pegar pasquines y repartir folletos era arriesgado entonces, no digamos hacer un salto o convocar un mitin, pero creo que un punto de inflexión en vuestra lucha fue la convocatoria del primero de mayo, en 1973, que desató una terrible represión por parte del régimen. ¿Esa represión generada por el gobierno franquista, que no podía tolerar ceder las calles a la protesta, no motivó el cambio de estrategia que se produjo en el FRAP a partir de ese momento? Por otra parte, a continuación de esto tuviste que irte un año y media a hacer el servicio militar obligatorio, y estuviste alejado de la lucha, en ese tiempo detienen a tu hermano, también militante del FRAP, y a muchos militantes de izquierdas, ¿Qué panorama te encuentras al salir de la mili? Creo que en ese momento comenzaste a adquirir más responsabilidad dentro del frente, hasta convertirte en responsable de agitación y propaganda del comité de Madrid, y que no tardas en pasar a la clandestinidad.

La represión contra nuestro partido, producto en primer lugar de nuestra intensa actividad propagandística contra la dictadura, no fue un hecho aislado, pues esta persecución política se ejercía contra todas las organizaciones y actividades antifranquistas, pero en aquellos años los militantes del PCE(m-l) llenaban las cárceles a lo largo y ancho de todo el estado español. En el año 65 un militante nuestro José Delgado Acero murió en la cárcel, como resultado de las torturas y tras 21 días de celdas de castigo, ese mismo año otro militante, Ricardo Gualino fue tiroteado, y estuvo a punto de morir por repartir octavillas en Getafe. En 1972 otro militante nuestro, Victoriano Diego Gómez, fue tiroteado también, por repartir octavillas. En septiembre de 1973 nuestro querido camarada Cipriano Martos murió en Reus a causa de las torturas propinadas por la Guardia Civil, después de varios días de cruel agonía en un pequeño hospital. Carlos Urritz Geli y José Gómez Cezar fueron heridos de bala en 1975 en Barcelona y Madrid en dos acciones propagandísticas. Eduardo Serra Torrent y Jaime Pazos Recaman murieron pasado un tiempo a consecuencia de las torturas recibidas en Valencia y Barcelona en dos redadas masivas contra militantes de nuestro partido en 1975 y 1977.

Como bien dices en una de esas manifestaciones públicas se produjo un duro enfrentamiento, el 1º de Mayo de 1973, murió un integrante de la odiada y temida policía política de la dictadura. Aquel hecho dio lugar a una salvaje represión contra nuestros militantes, que a su vez no hizo mas que recrudecer nuestros ataques a las fuerzas represivas del Régimen. Es en esa situación que al poco de salir de la mili tuve que pasar a la clandestinidad en una condiciones bastante difíciles y complicadas.

El 16 de julio de 1975 te detienen, dos días después de que un policía fuese abatido por un comando del FRAP, con tu mujer, Mari Nieves Moral, y un compañero, y te acusan, a ti y a Manuel Blanco Chivite de ser los autores materiales de su muerte. Pasas por los siniestros calabozos de la DGS en la Puerta del Sol, donde sufres torturas constantes durante ocho días, y permaneces, ya en la cárcel, hasta cuarenta días en un habitáculo de tres metros por dos, sin un colchón, ni una silla, en un sótano. Una experiencia así marca tanto que mucha gente nos ha relatado que cuando los llevaban a prisión, era todo un alivio. ¿Cómo fue tu paso por los sótanos de la DGS, y tu llegada a Carabanchel, donde volviste a encontrarte con muchos compañeros de tu organización?

En aquellos días fuimos detenidos cientos de militantes del PCE (m-l) y del FRAP, basta con echar un vistazo a la hemeroteca, y a cinco militantes, algunos ni nos conocíamos ni nos habíamos visto nunca, nos acusaron de la muerte de un policía. Las detenciones y como nos trataron en la DGS eran ya premonitorias de que algo grave estaba urdiendo la dictadura, estuvimos mas de 8 días en la DGS, cuando solo, según su propia ley vigente, se podía estar 3 días, estuvimos sometidos a toda clase de torturas y amenazas para nosotros y nuestras familias. Una vez en la cárcel, de forma irregular estuvimos 40 días aislados individualmente, en celdas de castigo, sin contacto alguno con otros presos, ni con nuestros familiares, tardamos muchos días en ser visitados por nuestros abogados. También en contra de lo habitual fuimos interrogados en la cárcel por el servicio de información de la Guardia Civil, con amenazas de excarcelación, de hecho a una compañera nuestra la pusieron en libertad, para detenerla a la salida de la cárcel y volver a interrogarla en la DGS.

No tardó mucho en producirse el consejo de guerra en el que te juzgaron, la primera vista se produjo el 11 de septiembre de 1975, en la que se piden once penas de muerte, que finalmente quedan en cinco, las de Xosé Humberto Baena Alonso, Manuel Blanco Chivite, Vladimiro Fernández Tovar, Fernando Sierra Marco y la tuya, todos miembros del FRAP. ¿Cómo fueron los días del consejo de guerra, un juicio farsa para una farsa de justicia como era la franquista, y cómo encajasteis la terrible sentencia que os condenaba a muerte?

Como te decía antes en aquel verano de 1975 la dictadura franquista quiso dar un golpe de efecto sangriento contra la creciente oposición a su podrido régimen, y en menos de dos meses establecieron cuatro Consejos de Guerra, dos de ellos en Madrid, otro en Burgos y otro en Barcelona. El 28 de Agosto en Burgos condenaron a muerte a Antonio Garmendia y Ángel Otaegui militantes de ETA, el 11 de Septiembre se celebró nuestro Consejo de Guerra pedían cinco penas de muerte y establecieron tres de ellas a Xosé Humberto Baena Alonso, Manuel Blanco Chivite y Vladimiro Fernández Tovar, a mi me condenaron a 30 años y a Fernando Sierra a 25 años. El 18 de Septiembre celebraron otro Consejo de Guerra en Madrid, en el que dictaron 5 penas de muerte a José Luis Sánchez-Bravo, Ramón García Sanz, Manuel Cañaveras, Concepción Tristán (que estaba embarazada) y a Mª Jesús Dasca. Y el 19 de Septiembre en Barcelona se celebró otro Consejo de Guerra, en el que se condenó a muerte a Juan Paredes Manot. En aquellos 20 días de Septiembre la dictadura fascista condenó a muerte a 8 militantes del FRAP y 3 de militantes de ETA. Los Consejos de Guerra apenas duraron 5 horas cada uno de ellos, no fueron aportadas ninguna prueba incriminatoria y se impidió la defensa real de los acusados. En el segundo Consejo de Guerra de Madrid nada mas empezar la vista, todos los abogados defensores fueron expulsados de las sala a punta de pistola, con lo que los acusados fueron “defendidos” por militares que ni siquiera eran abogados. Todos los acusados negaron la participación en los hechos de los que se le acusaba y denunciaron las torturas y malos tratos y afirmaron con orgullo su militancia en sus distintas organizaciones antifascistas. Se da la circunstancia de que los dos Consejos de Guerra de Madrid se celebraron en el Cuartel del Goloso, bajo el mando del general golpista Milans del Bosch, el mismo, qué en 1981, sacó en Valencia los tanques a la calle en el intento de Golpe de Estado de febrero de aquel año.

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