Entrevista a Andrés Villena: “El capitalismo y la publicidad institucional, empresarial y política tiene atrapados a los medios”

Oscar Díaz y Javier F. Ferrero


Andrés Villena Oliver, licenciado en Economía y Ciencias de la Comunicación, ha investigado esas redes de poder que ejercen influencia en las sombras y están en el núcleo de las grandes decisiones de un país. Sus conclusiones están en Las redes de poder en España, élites e intereses contra la democracia, que publica Roca Editorial. Nos habla de ello en esta entrevista.

¿De qué trata su libro Las Redes de Poder en España?

Las redes de poder en España es un ensayo analítico que explica cómo, pese a que votemos cada cuatro años, existe una minoría compleja, cualificada y bien conectada que acaba tomando las decisiones más importantes y las que más nos afectan. Son estas las minorías que no se presentan a las elecciones y que, en connivencia –o extorsión a– la que algunos llaman ‘clase política’, conduce nuestro país.

¿Qué te motivó a escribir este libro?

En 2014 defendí mi tesis doctoral y poco después quedé fuera de la Universidad. Los motivos son diversos, pero los temas incómodos generalmente no nos hacen prosperar en las carreras profesionales. Quería contar en este ensayo lo que no pude narrar en el cuerpo de la tesis.

Creo que este trabajo aúna la denuncia de una dominación que soportamos desde siempre con los datos, análisis y fuentes para que dicha denuncia sea sólida. Si no decimos la verdad, lo que hemos estudiado no sirve para nada.

Esta red de poder, ¿por quiénes está montada?

Es un organismo social que se reproduce a sí mismo. La dominación siempre ha existido y nosotros la hemos heredado, con matices, de etapas anteriores, por supuesto, del franquismo. Es una red que conecta todos los ámbitos de poder de la sociedad: grandes empresas privadas, empresas públicas, parlamento, gobiernos regionales, ministerios, redes de altos burócratas… Aunque en dicha red hay grietas y aunque el funcionamiento no es perfecto, creo que tras la lectura del libro queda claro que una cosa es tener el poder político después de unas elecciones y otra, tener el poder real.

¿Cuál es el origen económico y social de esta red en España? ¿Tiene que ver algo la antigua dictadura franquista?

El franquismo se puede entender como un proceso de restauración de una élite tradicional, autoritaria y, sobre todo, de clase. La II República, como periodo democratizador reformista, nos precipita a una reacción que acaba con una guerra y con la tiranía. Franco impulsa la industrialización con un pacto con la clase superior y la aristocracia que quedaba en España. Curiosamente, la llegada de la democracia, tras la transición, coincide con el arranque definitivo de la revolución neoliberal. Después del fracaso socializador del presidente Mitterrand en Francia, los socialistas entendieron que debían privatizar, reducir la industria y liberalizar el mercado para entrar en Europa y para, al final, entrar en ese club de ricos no tan ricos que es el Euro.

Entonces podemos entender esta élite resultante como un cruce entre un capitalismo bastante salvaje y el matiz cañí de la herencia del franquismo nacional-católico. Esto se comprueba en las conexiones aristocráticas de muchos dirigentes conservadores, de las relaciones con la Corona (la corona de la élite, por supuesto) y de las fuertes conexiones con el franquismo, que no ha sido condenado por el PP, por ejemplo.

¿Cómo de vinculados están los grandes empresarios bancarios de España en esta red que señala?

Cada vez más. Hay que entender algo que es fundamental: el libre mercado es un mito, un mito que tenemos que creernos para que nos siga pasando lo que nos pasa. En la transición existían ‘los siete grandes’, siete bancos organizados en un sector caótico, que vivía una crisis tremenda. Felipe González los sedujo y, además, supo jugar con ellos e insertar en dicho club a Francisco Fernández Ordóñez –hermano de MAFO– y a Miguel Boyer, el primer gran ministro económico de González. Los socialistas de vieja guardia comprendieron pronto que había que llevarse bien con la banca y, a ser posible, cooptarla. Un presidente bancario, Pedro de Toledo –Banco Vizcaya, íntimo del exministro Carlos Solchaga–, afirmó rotundamente que “la banca debe estar con el gobierno”. Zapatero fracasa en este intento de cooptación, el caso más sonado, narrado en el libro, es el del asalto al BBVA, incendio del Windsor de por medio. El problema es que esta banca, siempre bien conectada, se ha ido concentrando: ahora tenemos Santander, BBVA, La Caixa y Bankia, como mucho. Se han comido a los demás, por no hablar del misterio de la desaparición de las cajas… Defenderán siempre sus intereses de manera conjunta, aunque compitan. Para lo importante siempre van a cooperar y, si les cuesta ponerse de acuerdo, ya hay patronales, fundaciones y partidos políticos para mediar. María Teresa Fernández de la Vega colaboró en el salvamento judicial de varios dirigentes del Santander y ahora preside Mujeres por África. Si te vas a su patronato, te sale el Santander…

¿Hay partidos políticos metidos también? ¿Y la Monarquía?

Todo partido con vocación de liderazgo de masas ha quedado, hasta ahora, atrapado en el sistema parlamentario. Moderan sus propuestas para resultar creíbles y no dar miedo a quienes no se presentan a las elecciones. Podemos no es parte de la clase dominante, pero no puede hacer prácticamente nada ahora mismo. Además, la Zona Euro pone restricciones presupuestarias decisivas para hacer una política de izquierdas. Los otros partidos acaban bailando con los poderes fijos y su correlato es la carrera posterior de muchos de sus líderes.

Hay un bipartidismo en los consejos de Administración de las grandes empresas, aunque la derecha más conservadora copa más puestos con claridad. La Monarquía es una expresión de lo antidemocrático, de la expropiación de un poder político y de un patrimonio. Por supuesto que es parte de la élite de poder. Solo hace falta estudiar el caso del fraude de las Torres Kio…

¿Está vinculada dicha red con la corrupción que sufre el país?

La endogamia de la red es un caldo de cultivo para la corrupción. Eso y los instintos ambiciosos y casi asesinos de muchos de sus miembros. Pero esto lo dejo ya para los psicólogos. La endogamia y la cerrazón de la red de poder proporciona un sentimiento de impunidad que lleva a todo tipo de excesos. El problema, no obstante, es mayor: nuestro modelo económico es ruinoso si lo observamos, inherentemente corrupto. La red de poder ordeña el Estado y la Administración pública para obtener plusvalías. Hasta que no veamos que es una forma de dominación en la que elegimos a muchos de los intermediarios de un saqueo continuo, no enfocaremos bien el problema.

¿Cuáles son sus fuentes para llegar las conclusiones que saca en su libro?

Todas oficiales, con el fondo de una tesis doctoral: Boletín Oficial del Estado, Registro Mercantil, Congreso de los Diputados, Parlamentos autonómicos, Partidos Políticos…

Los que dirigen los medios de comunicación y el periodismo, ¿también están implicados?

Los medios son empresas de producción de símbolos. La participación capitalista y la dependencia de la publicidad institucional, empresarial y política, los tiene atrapados. Sueldos insuficientes, condiciones de trabajo insalubres y una dictadura de la audiencia y del click que hace imposible que los buenos profesionales que tenemos puedan hacer su trabajo.

La alternativa es el apoyo de la gente, de la masa, de la ciudadanía: que paguemos por leer y así no hagamos el trabajo a las grandes compañías. Un modelo de pago gastándote 100 euros al mes le puede cambiar la vida a muchos periodistas. Imagínate si se generaliza: ¿qué información saldría? La cosa podría dar un vuelco.

¿Incluye esto también a grandes mandatarios millonarios del mundo del fútbol?

Fútbol y construcción están muy bien relacionados. Los palcos de los grandes estadios son lugares informales para realizar grandes contratos y acuerdos. Empresarios, ministros, altos dirigentes políticos… Por supuesto que son clubes para que la élite se cohesione y se ponga de acuerdo. Otros nunca llegaremos allí.

¿Cómo han llegado a atarse las grandes fortunas de España con los partidos actuales del régimen del 78? ¿Alguno de estos se salva de esta red?

Un frecuente error es confundir PP con PSOE. No son lo mismo y esto lo demuestran los datos de la tesis doctoral: la procedencia de los dirigentes socialistas es en muchos casos mucho más humilde. Pero una cosa eres tú y otra lo que el sistema te haga hacer: forman parte de un esquema de dominación en el que representan el papel del zorro, del poli bueno y suave que te convence, mientras que el PP es más el león que ruge y te asusta. Por ahora no hemos tenido más gobiernos al frente de la nación.

¿Podemos seguir creyendo en la fuerza del voto y la eficacia de las elecciones tras las revelaciones de su libro?

Sí, por supuesto, pero no solo. Es decir, tenemos que votar todos los días, como decía con el ejemplo de las suscripciones a los diarios. Si exigimos, se conseguirán muchas cosas. Adolfo Suárez, recordado como el mejor presidente democrático –quizá el menos malo–, era un mero falangista de provincias sin formación alguna. Venía de ser un dirigente franquista que se encuentra en la presidencia de la nación porque no era un integrista, sino más bien un dirigente oportunista capaz de canalizar las energías del momento. La gente estaba en la calle, el PCE estaba fuerte y exigiendo cambios, el PSOE amenazaba a la UCD…

Suárez y sus ministros impulsan reformas como la fiscal o la del divorcio. En muchos aspectos fueron más valientes que los socialistas. Y eso fue porque eran los mediadores en una etapa de mayor agitación social. Con esto quiero decir que los políticos se construyen, los construimos nosotros: si España se convierte en una balsa de aceite, la élite política se olvida de nosotros y se dedica a bailar con las otras facciones de la clase dominante…

¿Quién es Miguel Ángel Fernández Ordóñez y qué opina de él como el director del Banco de España?

El peor gobernador, junto con Jaime Caruana –puesto por el PP previamente. Ambos niegan la burbuja inmobiliaria a sabiendas. MAFO se dedicó a pedir una reforma para instaurar el despido libre mientras no atendía a los problemas financieros, que eran enormes. Las cajas podrían haber sobrevivido y hemos perdido muchísimo con esa negligencia, posiblemente dolosa. Es un síntoma de un periodo lamentable del que deberíamos aprender.

En el libro revela cómo se entrecruzan amigos, familias, centros de poder, sedes de las élites, desde el colegio hasta la Universidad, hasta llegar a los gobiernos o a las grandes empresas. ¿Le han presionado o amenazado tras destapar esta ramificación estructurada de las élites españolas?

Si el libro llega lejos, habrá toques de atención: ya ha habido alguno. La mejor forma de callar un libro es no mencionarlo, hacer como que no está, o que no merece la pena leerlo. De nuevo, la gente: si la gente prefiere ver el telediario o leer una página Web gratis a leer un libro independiente, al final es responsable de lo que ocurre.

En España valoramos más unas cosas que otras: un libro puede ser caro y tres cañas o dos cubatas, baratos. Al final hay un componente de responsabilidad personal que hemos de reconocer en todo esto y esto es bueno porque, si nos ponemos, podemos cambiar muchas cosas.

Rodrigo Rato, Luis Bárcenas, Pujol y sus hijos, Alvaro Lapuerta… en su libro menciona a varios nombres que ya han sido tocados por la Justicia, ¿no se han sabido ocultar o la avaricia rompió el saco?

Yo creo que ahí hay dos componentes: la enorme corrupción destapada obliga a castigar a los que ‘se han pasado’ para reforzar la credibilidad de las instituciones. Es parte del funcionamiento del sistema. Por otra parte, hay partes que aún funcionan, hay periodistas, hay jueces, hay funcionarios que tienen vocación de servicio público y que consiguen estas cosas. De nuevo, la pasividad del espectador, favorecida por la élite –o al menos no combatida– perpetúa la impunidad. Seguimos siendo, hasta ahora, espectadores de este reality show que es la vida política.


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