Entrevista a Alejandro Martínez: «Las libertades, los derechos sociales y laborales tienen origen y protagonistas. No surgen por generación espontánea»

Por Abel Aparicio

Vivimos un momento en el que el sindicalismo es más necesario que nunca. Las sucesivas reformas laborales, la deslocalización del empleo y la práctica desaparición de los contratos colectivos son un claro hándicap para la clase trabajadora. En épocas como esta siempre es bueno dar un vistazo a la historia. Alejandro Martínez (Berlanga del Bierzo, 1987) plasma en su nuevo libro ‘La primavera antifranquista. Lucha obrera  democrática en el Bierzo y Laciana (1962-1971)’ lo que significó en aquellos años el inicio de la lucha sindical y la creación de las primeras Comisiones Obreras. Quizá en este libro encontremos algunas de las respuestas que buscamos.

Lo primero que destaco del libro son las fechas que se ven en la portada, 1962-1971 Siempre que se habla de esa época nos viene a la cabeza exclusivamente la cuenca asturiana, sin embargo, como reflejas, León fue todo un ejemplo de lucha y compromiso. ¿Por qué crees que ocurre esto?

Es cierto, existe una laguna en el estudio del antifranquismo de los años 60 en El Bierzo y Laciana. Las causas son varias. En el libro explico que cuando te sitúas a la sombra de un gigante, es normal que esta sombra te tape. Me refiero obviamente a los mineros asturianos. Si estas comarcas hubieran tenido un sistema productivo diferente al asturiano, posiblemente hoy en día se reconocería la importancia de su aportación social y democrática. Sin embargo, el epíteto “minero asturiano” era una sublimación del antifranquismo y en muchas ocasiones servía para catalogar a sus compañeros situados al sur de la cordillera cantábrica. La propia radio Pirenaica, en plena huelga de 1963, lo reconocía en sus emisiones cuando afirmaba:

“¡A los mineros leoneses! No os olvidamos. Muchas veces, cuando hablamos de los mineros asturianos en huelga, va implícita también la mención a vosotros, los primeros en responder solidariamente”.

Además, otros factores serían la ausencia de un centro de conocimiento cercano o de fundaciones sindicales que se liguen a este ámbito. No podemos olvidar que la Fundación 1º de Mayo de CCOO, y especialmente, la Fundación Juan Muñiz Zapico de CCOO de Asturias, son quienes han hecho los mayores esfuerzos para el estudio y divulgación de estos hechos.

 “Era terrible, teníamos una empresa (MSP) militarizada, el Belga, que el director era consejero del gobierno de Franco, Milans del Bosch, el golpista, uno de los accionistas, con eso te lo digo todo”. Son palabras de un sindicalista destacado, José Ramón Vega. Contra eso se luchaba, nada más y nada menos…

Claro, la minería es declarada un sector estratégico y se militariza, allí el control cuartelarlo de la dictadura es literal, los mandos tienen rango de mando en el ejército. Por otro lado, hay que tener en cuenta los vínculos de la oligarquía financiera con la dictadura. En los consejos de administración de las empresas mineras se entrecruzan las élites económicas, militares y políticas. Empresas que se habían destacado en donaciones para el bando golpista durante la guerra o El Belga, directivo de MSP, en la denuncia de trabajadores.

No nos podemos olvidar que uno de los objetivos más claros del franquismo es evitar la redistribución de la riqueza, que se estaba llevando a cabo con los gobiernos republicanos.  La legislación favorece al empresariado, estos tienen sus organizaciones autónomas y ocupan la dirección del Sindicato Vertical, además cuenta con la fuerza pública. Por el contrario, los mecanismos de defensa de la clase trabajadora, partidos, sindicatos o la huelga fueron ilegalizados, el sindicalismo vertical busca establecer una “disciplina social de los productores” y la huelga es considerada como un delito de lesa patria.

Tras la transición sucede igual, pues los mismos que dirigieron las empresas con mano de hierro durante la dictadura, lo hacen en la democracia y no aceptan una representación legal y democrática de la clase trabajadora. Cuento una anécdota en el libro sobre el último consejo de administración al que asiste el Belga que en presencia de Botín el viejo (el dueño del Banco Santander), les grita a los representantes de los trabajadores “¿Estos hijos de puta que quieren?”. Durante el golpe del 23-F Milans del Bosch todavía está en el consejo de MSP. Y bueno, en el resto de empresas pues sucedía algo similar.

A lo largo de todo el libro destacas el papel de las mujeres de cuenca minera. Redes de solidaridad, apoyo, resistencia y lucha en vanguardia. Entiendo que su papel no es reconocido por la sociedad como merece.

Las mujeres son fundamentales en diversos momentos, pero en la huelga del 62 en Villablino y Fabero su papel es clave, o en la del 68 de Matarrosa. Estas se enfrentan a esquiroles y Guardia Civil con palos, piedras y maíz en los momentos en que peligra la huelga, permitiendo que continúe. Su papel es tan destacado que una ilustración que aparece en las primeras páginas del libro, de Ruy Renau, está sacada de un reportaje de 1962 sobre la huelga en la provincia de León y salen las mujeres en primer plano.

Sin embargo, como me decía en una entrevista para el libro José Ramón Vega, “que poco suenan las mujeres en estas cosas”. Por supuesto en las redes de solidaridad son fundamentales o dedicándose a los cuidados mientras sus maridos están presos o en labores militantes. Para ellas, y volviendo a la Pirenaica, también durante la huelgona del 63, la radio pedía que “cuando España recobre la libertad tendremos que hacer un monumento de admiración a las esposas de los presos”, como podría ser Isabel García de Lillo del Bierzo. Pero ni el monumento, ni el reconocimiento social han llegado.

En un informe de la época se recoge que “la emigración es necesaria y viene a solucionar gravísimas soluciones de paro”. En otro punto indica que hace falta mano de obra extranjera para desarrollar labores porque las cuencas se vacían. Esto parece un texto de este mismo año.

La válvula de la emigración fue un factor para aliviar la presión social tras el ajuste que supusieron las medidas del Plan de Estabilización. Además, permitía la entrada de divisas. Al mismo tiempo, la falta de especialistas para trabajar en las minas hizo que se buscasen en Portugal. Esto es un fenómeno que se repetirá en los 80, al que además de portugueses se unirán cavo verdianos o pakistanís.

Hay tres figuras del sector eclesiástico que tienen presencia en toda la obra por su implicación, José Álvarez de Paz, Francisco Beltrán y Javier Rodríguez Sotuela. Tres rara avis.

También podríamos añadir a Miguel Rubio. Estos eran sacerdotes ligados al apostolado social de la iglesia y a la Hermandad Obrera de Acción Católica. Pertenecen a organizaciones legales, sin embargo, el avance del obrerismo católico pone nerviosas a las autoridades, ya que la HOAC que había sido creada para potenciar el cristianismo entre la clase obrera, frente al marxismo, se convirtió en una oposición al sistema a través del compromiso temporal.

En sus zonas de influencia van a dar una cobertura fundamental al movimiento obrero, a través de la distribución de sus publicaciones, proporcionando lugares para las reuniones, redactando tablas reivindicativas o dando asesoramiento legal o recaudando dinero para trabajadores en huelga.

El párroco de Matarrosa, Sotuela, escribió: “Francia tuvo su mayo del 68. Matarrosa tuvo agosto de 1968”. Desarrolla la frase.

En el verano del 68 se produce un conflicto en Antracitas de Gaiztarro, en Matarrosa del Sil. Allí como en el famoso mayo del 68 francés, estudiantes y obreros se unen en las reivindicaciones. En este caso la huelga coincide con la estancia de un campamento del Servicio Universitario del Trabajo (SUT). Los estudiantes habían sido prevenidos de que no se juntasen con el cura. A su vez, estos estaban férreamente controlados por la politización que iban alcanzando los universitarios. Los mineros eligen una comisión en la que participan dos estudiantes que les explican sus derechos y como llevar a cabo sus reivindicaciones. Javier Rodríguez además apoya desde la sacristía y en las misas. Incluso, como comentábamos antes, incitando a las mujeres a implicarse en el conflicto. Estas se presentan en la bocamina y lanzan maíz y cebada a algunos esquiroles mientras les insultan y les gritan: “¡Pitas, pitas, pitas…!”. Finalmente la dimensión que alcanzó el conflicto es tal que motiva una reunión extraordinaria del Consejo Provincial del Movimiento, la expulsión de los estudiantes, a Javier casi lo procesan por “propaganda ilegal” y los integrantes de la Comisión Obrera son despedidos y desterrados en Barcelona. La parte positiva a destacar, es que los trabajadores consiguieron sus demandas.

No hay que destacar a nadie por encima del resto, sin embargo la figura de Benjamín Rubio me fascina. ¿Qué nos cuentas de él?

Podríamos decir que la biografía de Benjamín Rubio, nacido en La Bustarga, Ancares, en 1925, discurre en paralelo a la lucha obrera y democrática española en las distintas expresiones que fue tomando en cada momento. Comenzó colaborando con la CNT de Fabero y la guerrilla en los años de postguerra, pasó por la cárcel, participa en la huelga del 62, en la creación de las Comisiones Obreras de Laciana, en el desarrollo del PCE como partido del antifranquismo, es uno de los firmantes del documento de los 101 de CCOO en 1976, y años más tarde, en el impulso del movimiento de la memoria histórica en la Asociación Guerra y Exilio (AGE).

Cuando en 2007, poco antes de morir, publicó su libro Memorias de la lucha antifranquista, el director de cine Montxo Armendariz se interesó por sus memorias, aunque sin resultado hasta el momento.

A finales de los años sesenta Carmen Polo dice lo siguiente: “¡Ah! Pero los hijos de los mineros son niños normales”. Tanto en una sola frase.

En las cuencas mineras, durante decenios las luchas se heredaron, también los tópicos. Existe una continuidad en la estigmatización del minero, en esa leyenda negra que el franquismo cultivó. En los sesenta todavía pervive ese espectro del minero bruto y violento. La prensa o la literatura los presenta como borrachos, jugadores o pendencieros, personas que van fácilmente a la huelga, incluso sin motivo, y que son toscos o carentes de escrúpulos. Un ejemplo, que cito en el libro, de cómo perdura en el tiempo, lo vemos durante la Marcha Negra de 1992. Durante su larga caminata hasta Madrid, los mineros de Laciana aparte de defender sus puestos de trabajo tuvieron que ir rompiendo estigmas inoculados en la población durante décadas. Muchas personas se les acercaban y tras tocarlos de forma sorprendida decían: “¡Uy, si son iguales que nosotros…!”.

Unas de las peticiones obreras eran la construcción de un hospital en Villablino. Por otro lado, la construcción de treinta y cinco escuelas y treinta y cinco viviendas para maestros que dieran servicio a los 5.000 niños y niñas del valle de Laciana. Los mineros no solo pedían para ellos.

Efectivamente, la clase obrera es quien reivindica y conquista una serie de derechos de los que se beneficia el resto de la población. Además, entre las reivindicaciones de la primera Comisión Obrera de Laciana, en 1962, están estas que mencionas, que obligan al Sindicato Vertical a negociarlas en Villablino.

Obviamente entre sus planteamientos está cuestiones relacionadas con la prima o las pagas extras, pero entran más factores. La comisión comienza a cuestionar el poder interno en la empresa y plantea la intervención obrera en la toma de decisiones. Reclaman que el Presidente del Jurado no fuese un directivo y toma un cariz marcadamente social. Las cuencas son regiones aisladas, con un gran crecimiento demográfico y creadoras de una nada desdeñable riqueza para el conjunto del país que, sin embargo, no se traduce en más servicios sociales que mejoren las condiciones de vida y trabajo de sus poblaciones.

Los mineros reclaman un hospital para Villablino. Exigencia que retomará Benjamín Rubio posteriormente, durante el debate de la Ordenanza Laboral de la Minería y que logra compromisos que, sin embargo, nunca se llegan a consumar y todavía están pendientes, a día de hoy. En enero del 63 cuando sientan a los agentes del Vertical a discutirlas además denuncian que la MSP incumplía la Ley de Construcciones Escolares. Muchos de los que estudiamos con becas Miner podemos ver el origen de las mismas en reivindicaciones de 40 años antes.

En general un objetivo del libro es valorar la contribución de estos trabajadores. Pues las libertades, los derechos sociales y laborales tienen origen y protagonistas. No surgen por generación espontánea, se conquistaron en condiciones muy adversas. No fueron grandes hombres de estado quienes las concedieron, sino personas normales quienes las conquistaron.

En la actualidad el empleo es muy distinto al de aquellos años. Apenas quedan grandes  fábricas, los contratos son individuales y no colectivos, la precariedad va en aumento, las y los trabajadores asalariados se consideran clase media. El sindicalismo debe adaptarse a esta nueva forma trabajo. ¿Cuál es el camino?

Es complicado, no tengo ninguna barita mágica, pero te diría, que cuando nos perdemos, lo mejor es desandar el camino. Es decir, tratar de sacar algunas lecciones de la historia. En el libro podemos ver algunas. El nuevo movimiento obrero que surge en esta época es útil porque como se decía entonces “está pegado al terreno”, es enormemente creativo y consigue elevar la conciencia en base a pequeñas victorias, que neutralizan el miedo y dan confianza.

El sindicalismo debe adaptarse, como apuntas, a estas nuevas realidades y poco a poco ya lo va haciendo. Lo que ahora toca, es generalizar distintas experiencias exitosas que se están dando. Te pondré algún ejemplo cercano: la victoria de los trabajadores de Embutidos Rodríguez que consiguen pasar de ser falsos autónomos a trabajadores, la adaptación de los trabajadores de los Call Center, como el de Teleperformance en Ponferrada que tiene una sólida estructura sindical o la unión en una plataforma de los trabajadores de distintas subcontratas en Compostilla, por decir algunos. En un plano más general, experiencias como las de los técnicos de movistar, los riders, etc… suponen ejemplos a tener en cuenta. En todo caso siempre tener en cuenta el convenio de sector y la fuerza de la negoción con grandes empresas sindicalizadas es siempre una ventaja, frente a la atomización y segmentación.

En general creo que el sindicalismo debe ganar en combatividad, pero al mismo tiempo creo que la labor de los sindicalistas se debe poner en valor. Algunas ideas que pueden servir para el presente es el carácter unitario de la lucha sindical, el apoyarse en grandes sindicatos de clase, de masas y sociopolíticos, frente al sindicalismo gremial o autorreferencial, pero sin capacidad de influir en la vida de las y los trabajadores. El binomio movilización y negociación y el carácter participativo debe ser recuperado. Así como algunas ideas generales…

Por último, recomiéndanos un libro, una película y una canción.

Estas preguntas siempre son difíciles. Escoger únicamente uno es complicado. Te iba a decir que recomendaba el tuyo, “¿Dónde está nuestro pan?”, que además se complementa muy bien con “La primavera antifranquista”, porque aborda el periodo anterior, pero parecería un compincheo con el entrevistador. Así que diré “El médico que no quería morir: vida y muerte de Lodario Gavela Yañez” del fornelo Alejandro Álvarez.

Película diría que cualquiera del cine español me suele gustar. Pero haré un giro de guión y te diré “Kamchatka”, una película argentina-española sobre la dictadura de Videla. La vi hace años y me gustó mucho.

Lo que sí me gustaría hacer, al hilo de lo que te decía antes sobre Benjamín Rubio, es una consideración sobre la capacidad que tiene el cine para crear imaginario colectivo y lo poco que sale la clase trabajadora en él. Con la pandemia se habló mucho de trabajadores esenciales pero después se olvidó y estos están fuera de los contenidos de las series o películas. También hace poco el escritor Daniel Bernabé hacía una reflexión que decía más o menos así: “¿porque no hay ninguna película sobre la construcción de un movimiento sindical frente a una terrible dictadura?”.

Por último, una canción. Te diré Entre Poetas y Presos” de La Raíz, que la cito al comienzo del libro y que empieza diciendo “Somos mil manos haciendo un túnel, desde las minas hasta las nubes”…

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