Entre nós

El arte del amor

Por Gabriel Tizón

Son tiempos en que hipotecamos el futuro para salvar el presente. Tiempos que siempre decimos que pasan rápido sin detenernos a decirlo. Tiempos de cada vez más vidas online inventadas para quizá evitar la realidad. Tiempos de saludos digitales entre quienes no nos tocamos estando cerca. Tiempos de sufrir por el famoso de la tele y no por el vecino.

No hace mucho más de diez años que las redes sociales llegaron a nuestras vidas, pero, con  la sensación de haber llegado antes que nosotros. Sin juzgar si son buenas o malas, porque carezco de información, ni me formaron, simplemente me la ofrecieron diciendo que era gratis para posicionarme en el mundo, para existir. Ya existo, ya existíamos, mucho antes que las redes sociales, esas que nos cobran la identidad. Son como una Fe ya inventada hace siglos, como la que abandera cualquier Dios religioso, ese que existe solo si uno quiere. Porque Dios está en todas partes pero nadie lo ve y, todo el mundo le confiesa su vida, como internet.

Cuando era pequeño, en mi pueblo se recogían las patatas entre todas las familias conjuntamente, primero se trabajaba en una cosecha, después en otra, cada año. Sin internet había grandes encuentros, ahora no se recoge nada colectivamente, quizá tenga que ver que dejamos de sembrar de manera individual. 

Decía una vecina anciana que hablar en público de tu vida era de mala educación, ahora esto es negocio y, otras cosas más. Ella tenía la experiencia de la vida, me insistía en decirme que quererme es respetar mi derecho a la intimidad para conocerme y disfrutar de estar solo, y, por supuesto, respetar la de los otros. 

Hoy, esta pérdida de intimidad convierte a cualquiera en personaje público, con un simple teléfono, esos que tienen la capacidad de convertir una vida privada en un personaje público sin vida.

Respeto que cada uno con su vida hace lo que quiere, pero me entristece ver que importa más la vida online que la real, decir que hacer, aparentar que ser. Pocas personas disfrutan en lugares sin cobertura llenos de conexión.

Insisto, no juzgo, pero si tengo esa sensación que estamos más divididos que nunca, que nos queremos menos que nunca. Es difícil aceptar en medio de tanto avance tecnológico y científico que nos queramos menos a nosotros mismos que antes, con el disimulo de diluirnos en el bullicio. Quizá pensar así sea no ser moderno, numerosas personas me lo dicen, o lo piensan sin decírmelo, pero me conformo con intentar ser contemporáneo. 

Se palpa como esa necesidad de agruparse en la mediocridad, en el si todo el mundo lo hace yo también, para evitar ser el raro.  Puede que estén agrupándonos en donde quieren tenernos, los que dicen que todo esto es gratis.

En internet se siembra crispación, se multiplica todo sin sumar, se navega sin embarcación  hacia la tormenta llamada polémica, sin salvavidas, y uno que es de mar, aprendió que salir  a navegar así es un naufragio asegurado. 

Quizá estaría bien amarse, aunque solo sea para no seguir dando placer a los que tienen el negocio de la violencia. Porque a lo mejor, posible sea darle una oportunidad al imposible.

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1 Comment

  1. Sencillamente una opinión puede hacernos pensar, si, como en este caso, la leemos prestando atención. Esta es la ausencia de lo que fuimos, de lo que no volveremos a ser: seres auténticos, sin la necesidad de acudir a un «lugar» donde expresar nuestros sentimientos o volcar toda la basura que llevamos dentro. Acertada reflexión.

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