Engaño

Por Jesus Ausín

De espaldas, frente a la ventana, el abad contempla los campos nevados. Algunos carros tirados por mulos salen por el camino real y los niños corren tras ellos intentando montarse. Es lo único que se mueve en un día helado en el que, hasta el chorro central de la fuente, ha sucumbido al frío del amanecer. Como todos los días del año, a esas horas, cuando el sol tibio del mes de diciembre rompe sobre el tejado del convento, el abad y sus hermanos en dios, ya llevan muchas horas de rezo y dedicación. Hoy, esperan que, por el camino por el que un paisano desenfunda el látigo para evitar que los chiquillos se suban a la parte trasera de su carro, aparezca de un momento a otro la comitiva que trae al obispo. Debe consagrar un gran trozo de madera que, según consta en el certificado que han encontrado junto a él, en la reforma del altar mayor, pertenece a la cruz con la que fue crucificado Jesús.

Sonríe el abad esperando tras la vidriera de su celda, la llegada de la comitiva. Lo hace porque, viendo a los niños correr tras el carro, se ve a sí mismo, años atrás, haciendo lo mismo. Está orgulloso de haber conseguido ser prior en aquel convento situado en la encrucijada de caminos que le había visto llegar, con apenas doce años, mendigando un mendrugo de pan. A esa temprana edad, ya tenía experiencia como asistente de carpintero, como ayudante de curtidor y como aprendiz en un taller de repujado y confección de cuero. Pero sobre todo era maestro en recibir palizas y en ser tratado como el desfogue de la ira de sus patrones. Sobre todo después de que estos se pasaran con el vino.

Al principio, a su llegada al convento pidiendo un trozo duro de pan con el que poder saciar el hambre, las cosas tampoco habían ido mucho mejor que con sus predecesores maestros artesanos. Los frailes no eran condescendientes con los mendigos a los que solían echar sin contemplaciones porque creían que de prestarles ayuda, se correría la voz y medio condado acabaría arremolinado en las puertas de la rábida. Tras haber sido expulsado hasta en siete ocasiones del pórtico de la iglesia, tuvo la fortuna de que a uno de los frailes se le cayera al suelo la bolsa con monedas que llevaba asida al cíngulo. Varios de los chiguitos que estaban al descuido junto a la gran fuente que se erigía en la plaza que daba acceso al cenobio, se tiraron a la bolsa como un perro hambriento a un trozo de tocino adobado. El ahora abad, entonces pedigüeño, también quería la bolsa y se la disputó a los tres zagales. Con el barullo, el fraile que no se había percatado de la pérdida, se giró justo en el momento en que Aporino, el actual abad, se hacía con la bolsa y se disponía a salir pitando en dirección al camino real por el que se encaminaba el fraile. No tuvo otro remedio que entregársela al monje y mentirle diciéndole que se había pegado con los otros niños para devolvérsela. Este, en agradecimiento le acogió bajo su protección y le enseñó a leer y a escribir. Durante toda su vida monástica, Aporino se había caracterizado por saber encontrar reliquias de diversos santos y santas. Todas certificadas y todas en lugares dónde antes, otros monjes no habían sabido ver nada.

Ahora, mientras espera al Obispo, Aporino repasa toda su trayectoria en el monasterio. Primero como novicio, dónde una vez aprendido el arte de las letras, con su experiencia en repujado del cuero y en el manejo de la gubia y el formón había confeccionado un sello con el que el mismo Santo Padre daba legalidad a todas aquellas reliquias que año tras año, iba encontrado o adquiriendo a viajeros que pasaban por la abadía. Eso le hizo muy popular entre los crédulos hermanos de la orden de San Benito. En pocos años su fama de santo, había traspasado los límites de la comarca y fue de tal importancia que, a la muerte del Abad anterior, los setenta y dos hermanos miembros del convento, lo habían elegido como Prior, saltándose una regla tradicional no escrita de elegir al más anciano de ellos. Aporino apenas contaba con treinta y cinco años cuando fue nombrado abad. Y ahora, con la llegada y bendición del obispo, quién sabía dónde podría llegar.

¿Quién iba a dudar de que la veintena de reliquias encontradas en el convento o adquiridas por un fiel y creyente monje, eran en realidad huesos del cementerio, trozos de espino o de madera de roble encontrada en los bosques del monasterio? ¿Cómo iba alguien a jugarse arder eternamente en el infierno?

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“Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”. JOSEPH GOEBBELS

 

“Si queremos que la gente crea algo, lo único que tenemos que hacer es organizar una encuesta que diga que tal cosa es así, y después darle publicidad, preferiblemente por televisión”. DANIEL ESTULIN

Las teorías de la conspiración son habituales en tiempos de crisis. Y también la mejor forma de llevarse algo sin que nadie se entere es haciéndolo a la vista de todos y sin disimular. Por una apuesta, yo he sido capaz de sacar unas sillas plegables de una caseta de feria, por la puerta y delante de un vigilante jurado. Ahora, tras la dudosa legalidad en la aplicación del 155 y los abusos cometidos por el gobierno central, desde Catalunya se ha levantado la liebre sobre un asunto que lleva en el candelero de las redes sociales, al menos desde las elecciones del 26 de junio del año pasado, en las que TODAS las encuestas a pie de urna daban como principal partido de la oposición a la coalición Unidos Podemos y sin embargo se quedó lejos y en tercera posición.

Pero, ¿hay base para desconfiar en el proceso electoral español? ¿Es un proceso limpio? El sistema juega con una baza esencial: el escaso pensamiento crítico del personal y la tendencia a creerse todo aquello que dicen los medios o, como en el caso de las reliquias de la historia que ilustra este artículo, todo aquello que viene del poder establecido aunque este sea meramente circunstancial. Por otra parte, los más crédulos aluden a lo establecido en la LREG, que en su artículo 103 establece que el recuento de la noche electoral es provisional y que el definitivo se realizará el tercer día después de las elecciones. Hecho que, como decía el diario “El Mundo” el 23 de mayo de 2015, ha dejado de realizarse en la práctica. En el 105 dice que en ese escrutinio definitivo, los miembros de la Junta electoral irán abriendo los sobres uno a uno y de forma sucesiva. En la práctica, no solo no se hace sino que incluso se ha negado la petición de abrir unos pocos (recordemos que debieran abrirse todos), de unas mesas determinadas, habiendo una petición expresa de partidos que han concurrido a los comicios. Véase, este artículo del ABC de Sevilla del 25 de marzo de 2015.

Por tanto, si lo que dice la LREG sobre el escrutinio no se cumple, debemos preguntarnos por qué. ¿Por vagancia? ¿Por dejadez? ¿Por confianza en los medios electrónicos? ¿Por confianza en el sistema? En un asunto tan importante como este , nuestro deber es desconfiar y sobre todo, exigir que se cumpla la ley. Y si además quién aglutina el recuento y establece la asignación provisional de escaños es una empresa a la que la UCO acusa de desviar 600 000 euros públicos al PP, principal supuesto beneficiario de lo que aquí estamos exponiendo, si además, esta empresa que se dedica sobre todo al armamento militar, se presenta a los concursos para una misión que no está relacionada con su actividad y gana esos concursos con lo que en la administración se llama “baja temeraria”, si para crear aun más dudas esta misma empresa ha tenido unas cuantas acusaciones de irregularidades y escándalos (Barcelona 2010, Argentina 2010 y 2013, España 2014 con Felipe González y la adquisición de la empresa de su hijo, Sevilla 2015 o Ecuador 2016), lo que en principio parece una paranoia y un caso de teoría de la conspiración, se convierte en plausible.

Una de las respuestas que dan los crédulos para desmontar la teoría de las posibles irregularidades de INDRA en la aglutinación de los distintos resultados de las meses electorales, es que esta empresa no cuenta votos. Y eso es cierto. INDRA no cuenta votos. Pero eso es como decir que un banco no te ha estafado con las preferentes porque no hace billetes. Si como dice mi experiencia en procesos electorales y refleja el artículo de El Mundo, el recuento definitivo no se hace y no se abren los sobres de las mesas, ¿es factible informáticamente la introducción, en el programa de aglutine de votos, de un algoritmo que redirija un porcentaje de esos votos a formaciones minoritarias o al voto nulo o en blanco?

Pero además a esto hay que sumarle la desconfianza general que a mí y o otros muchos millones de españoles nos genera el partido del Gobierno. Un partido del que la UCO a dicho que ha financiado ilegalmente diversas campañas electorales (Valencia 2011, España 2000 dirigida por el actual presidente del gobierno, …). Un partido que tiene en su haber el dudoso honor de contar con más de 60 procesos judicales por corrupción y más de 835 imputados. ¿Cómo confiar ciegamente un asunto tan serio a quién ha demostrado con creces que sus acciones no son de fiar? ¿Cómo confiar que no nos engañen cuando han sido capaces de desviar fondos de la lucha antiterrorista, que suponían poner en peligro a sus concejales, para adecentar su sede en Bilbao?

¿Confiarían ustedes las llaves de su casa a un tipo acusado de robar en cientos de domicilios? ¿Confiarían ustedes la conducción del autobús que lleva a sus hijos al colegio a quién está diagnosticado como alcohólico no recuperado? ¿Confiarían la administración de sus bienes a un estafador profesional?

La única forma de evitar rumores, teorías de conspiración y otras irregularidades es con la transparencia. Y en la era tecnológica en la que estamos, en la que se pueden informatizar las mesas electorales, lo lógico es que, en los informes electorales que da la web del Ministerio, se incluyera el resultado pormenorizado de todas las mesas y una imagen del acta de votación de cada una de ellas. Cualquiera podría revisarlas y confirmar o desmentir la validad de los resultados provisionales.

Solo cabe preguntarse ¿por qué no lo hacen?

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