En Vladivostok no se necesita contraseña

Fiel retrato de la época de innovación y experimentación que se vivía en la Rusia de los años 1920, el libro muestra las tensiones internas y externas de la Revolución.

Por Jayro Sánchez | 18/10/2025

La Revolución bolchevique de octubre de 1917 cambió la historia de Rusia para siempre. El derrumbe del imperio de los zares dio paso a un proceso que, hasta entonces, nunca había tenido lugar en el mundo: la construcción de un Estado socialista. Durante una terrible guerra civil (1917-1922), y en un contexto de enorme complejidad a todos los niveles, los revolucionarios iniciaron el mayor sueño y el más difícil desafío de sus vidas.

Numerosos ensayistas y novelistas han escrito sobre este periodo tan interesante de la historia rusa y planetaria, pero pocos lo han hecho con la calidad literaria, el humanismo intelectual y la perspicacia política del que fue el mejor autor del género negro soviético: Yulián Semiónov (1931-1993).

El reputado lingüista, veterano periodista y talentoso escritor basó su novela No se necesita contraseña (Hoja de Lata, 2022) en los convulsos años en los que el recién nacido régimen leninista hubo de hacer frente a la hostilidad de potencias extranjeras como Japón, que llegó a ocupar parte de Siberia de manera ilegal y a respaldar a los rusos blancos con el objetivo de derrocar al «poder rojo» de Moscú.

En ella se dio vida al famoso espía Maxim Maximóvich Isáiev —el James Bond ruso—, quien se volvió conocido en todo el territorio soviético gracias a la posterior difusión de la obra Diecisiete instantes de una primavera (Hoja de Lata, 2015) y de su serie homónima.

Fiel retrato de la época de innovación y experimentación que se vivía en la Rusia de los años 1920, el libro muestra las tensiones internas y externas de la Revolución. También las duras condiciones en las que esta se tuvo que desarrollar y la heroica victoria de un pueblo que luchó por su independencia y el sueño de construir una sociedad mejor.

No obstante, Semiónov no debe ser confundido con un propagandista que enaltece los aspectos más siniestros e inquietantes de la dictadura del proletariado.

El uso del lenguaje poético y de otros recursos narrativos —propios de su profesión periodística y de la gran tradición literaria rusa— le permiten construir enrevesados personajes que son condicionados al límite por las dramáticas circunstancias de la guerra civil —el profesor Shirokij, el miliciano Filipovski o el redactor Vaniushin solo serían algunos ejemplos—.

En suma, No se necesita contraseña cumple con muchos papeles. Entre ellos están los de: novela de espionaje, crónica ficticia —aunque realista—, reflexión sobre la esencia y el fundamento del poder, crítica social y espejo de las contradicciones del tan quisquilloso ser humano.

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