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Roberto, quien trabaja en Alemania para una empresa vinculada a la producción de material bélico, nos explica cómo está viviendo en primera persona el proceso de militarización del país.
Por Oriol Sabata | 4/07/2026
Roberto (nombre ficticio para preservar su identidad) emigró desde España a Alemania hace 6 años por motivos laborales. Llegó a la ciudad de Hamburgo con un contrato de trabajo bajo el brazo firmado con una empresa que en aquel momento fabricaba piezas para el sector de la aviación. Sin embargo, con el paso de los años, Roberto está experimentando personalmente la reconversión industrial que se está produciendo en el país en el marco del proceso de militarización que se está dando tanto en Alemania como en otros países de la Unión Europea.
El caso alemán es de los más llamativos: la industria automovilística, hasta hace poco uno de los pilares fundamentales de la economía nacional, está atravesando una profunda crisis con miles de despidos y cierres de líneas y plantas. El tejido industrial alemán se está reconvirtiendo hacia el sector bélico a un ritmo vertiginoso con el impulso del dinero público y la enorme demanda de armamento por parte del Estado. Nunca antes, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, se había visto algo similar.
Conversamos con Roberto sobre cómo se viene desarrollando este fenómeno y de qué manera está afectando a las condiciones materiales de la clase trabajadora.
¿Por qué decidiste emigrar a Alemania y cómo fue tu llegada al país?
Llevaba más de una década trabajando en una empresa de Valencia y a pesar de la antigüedad y la experiencia que había adquirido, no me sentía valorado por la compañía. Las jornadas se me hacían cada vez más pesadas, y me veía obligado a realizar horas extra para poder asumir el pago de un alquiler desorbitado. La calidad de vida no era la mejor. Surgió la posibilidad de irme a trabajar a Alemania con unas mejores condiciones laborales y tras darle muchas vueltas, tomé la decisión de emigrar y probar suerte.
La llegada a Hamburgo la recuerdo muy dura, especialmente el clima gélido, ya que viajé en el mes de febrero. Unos meses antes había realizado unas clases de alemán para poder defenderme con un vocabulario básico y dominar terminología laboral que iba a usar a diario. El periodo de adaptación fue lento y me planteé en varias ocasiones regresarme a España, pero finalmente logré encontrar mi sitio aquí. Puedo decir que actualmente me siento relativamente cómodo con la vida que llevo, a pesar de sentir el desarraigo. Eso es imposible de salvar y se lleva como mejor se puede.
¿Qué tipo de trabajo desempeñabas inicialmente en la empresa?
La empresa para la que trabajo tiene una plantilla de más de una docena de empleados. Cuando entré, toda la producción estaba orientada a fabricar piezas para el sector de la aviación. Principalmente producíamos piezas para la empresa Airbus. Había una buena actividad y salía un buen volumen de piezas que eran enviadas en lotes a dicha compañía.
A partir de febrero de 2022, con la agudización de la guerra entre Rusia y Ucrania, ¿notas cambios importantes? ¿Cómo evoluciona la producción en la compañía desde entonces?
Bueno, no se trató de algo brusco, pero sí pude observar un cambio de tendencia a partir de los siguientes años. El tipo de pedidos comenzaron a cambiar. El sector de la aviación ha ido perdiendo peso hasta el punto de que actualmente, nuestra empresa solo produce para Rheinmetall, el gigante armamentístico alemán. Hoy, el 100% de los pedidos son de esta multinacional. El Estado está dedicando muchísimo dinero público para militarizar al país. Y el gran ganador en toda esta operación es Rheinmetall. Sus beneficios se han disparado.
El Estado está gastando muchísimo dinero en armamento. ¿Cómo crees que puede afectar esta burbuja bélica a la economía y al bienestar de los trabajadores del país?
El Estado alemán está llevando a cabo una transferencia millonaria de dinero público hacia los bolsillos del complejo militar privado. Esto, evidentemente, se sostiene a cambio de drásticos recortes sociales en materia de sanidad, educación, pensiones, etc. El gobierno alimenta el fantasma de la amenaza rusa para justificar el proceso de militarización que vive el país y el enorme gasto bélico que está haciendo. Los trabajadores estamos sosteniendo sobre nuestras espaldas esta deriva suicida. Y te lo dice alguien que está trabajando en el sector a pleno rendimiento e incluso con demanda de horas extra. Pero esta burbuja va a terminar estallando. Y ya se está llevando a mucha gente por delante. El sector de la automoción está destrozado. Y los recortes sociales provocarán un deterioro del bienestar y las condiciones materiales de la clase trabajadora. Lo que viene en estos próximos años va a ser duro. Y tenemos que estar preparados para afrontarlo.
¿Qué ambiente percibes entre la población en referencia al proceso de militarización que se está impulsando desde el gobierno?
Pues veo una sociedad bastante polarizada en ese sentido. Hay una campaña mediática brutal lanzada desde la Unión Europea y también desde el gobierno alemán que trata de generar en la población un estado de alarma. Quieren instalar entre la opinión pública la idea de que Rusia representa una amenaza existencial para Alemania y que en cualquier momento se puede dar una agresión militar. En Alemania se está fabricando un clima prebélico y un falso enemigo para justificar la militarización y los recortes sociales.
Una parte de la sociedad ha interiorizado esta narrativa, pero también existe una parte importante de la población que se opone a este proceso al considerar que llevará al país al desastre. En este sentido, se han dado ya algunas movilizaciones, sobre todo de carácter estudiantil, contra la pretensión del gobierno de llevar a cabo un gran reclutamiento de jóvenes en las filas de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas).
¿Estamos a las puertas de un gran conflicto bélico en Europa?
Hasta no hace mucho, pensaba que ese escenario era poco probable. Sin embargo, y por el hecho de estar trabajando en un sector vinculado a la producción de piezas para un gigante como Rehinmetall, estoy viendo que la situación puede agravarse. Toda esta producción de armamento inevitablemente va a tener una salida. Y esa salida pasa por un gran conflicto bélico. El gran enemigo que se está construyendo desde las instituciones europeas y alemanas es Rusia. Así que hay que estar muy atentos a como se desarrollan los acontecimientos. Los trabajadores debemos estar organizados para responder ante lo que probablemente sea la mayor amenaza a nuestros intereses y nuestras condiciones de vida desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Tenemos que evitar a toda costa que nos conviertan en carne de cañón del imperialismo y sus guerras.
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