
La iniciativa impulsada desde una comisión del Bundestag se alinea con la creciente criminalización del comunismo en Europa.
Por Javier Guijarro | 11/12/2025
En el marco del 35 aniversario de la reunificación alemana, Evelin Zupke, comisionada del Bundestag para las «víctimas de la dictadura de la SED», ha lanzado una campaña para eliminar los nombres de calles que honran a líderes comunistas en los antiguos territorios de la RDA. Esta propuesta, presentada como un gesto para «honrar a las víctimas» del socialismo, se inscribe en un contexto más amplio de criminalización del comunismo en Alemania y Europa, donde se busca sistemáticamente borrar la memoria de aquellos que combatieron y derrotaron al nazismo, al tiempo que se ignora el legado de transformaciones sociales en favor de la clase trabajadora.
Zupke, una figura alineada con la narrativa anticomunista dominante en el establishment alemán, insta a los municipios de Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Sajonia-Anhalt a remover nombres como Lenin, Otto Grotewohl y Wilhelm Pieck, argumentando que estos representan «el sufrimiento de miles de víctimas» y no merecen reconocimiento en una «sociedad democrática moderna». Sin embargo, esta iniciativa no es más que una expresión de persecución ideológica que busca invisibilizar las contribuciones antifascistas y los avances sociales de la RDA.
Lenin, líder de la Revolución de Octubre, simboliza la lucha por la transformación social. Es importante destacar que la URSS fue determinante en la victoria sobre el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, donde el Ejército Rojo liberó a Europa del yugo hitleriano. Figuras como Wilhelm Pieck y Otto Grotewohl, fundadores de la RDA, fueron clave en la reconstrucción antifascista de Alemania Oriental tras la guerra, promoviendo una sociedad que se definía explícitamente como opuesta al nazismo y al capitalismo que lo engendró.
Esta «limpieza» urbana, en lugar de confrontar el legado fascista, ataca selectivamente a quienes contribuyeron a su derrota. Tras la reunificación de 1990, miles de calles y monumentos socialistas fueron renombrados en una oleada de anticomunismo que borró no solo símbolos, sino también la narrativa de la resistencia antifascista. Líderes como Ernst Thälmann, ejecutado por los nazis por su rol en el Partido Comunista Alemán, ven ahora sus homenajes amenazados, perpetuando un revisionismo histórico que equipara el comunismo con el nazismo –una falacia promovida por resoluciones del Parlamento Europeo en 2019.
En este sentido, la iniciativa de Zupke se alinea con la creciente criminalización del comunismo en Europa. Países como la República Checa han aprobado leyes en 2025 que penalizan la «propaganda comunista», mientras que en Polonia, Ucrania y los países bálticos se prohíben partidos y símbolos comunistas, equiparándolos a los nazis bajo la doctrina de «doble genocidio». En Alemania, esta tendencia se manifiesta en la persecución de partidos de izquierda y en campañas como la de Zupke, que responden a los intereses de la burguesía para disciplinar simbólicamente el espacio público.
Más allá del antifascismo, eliminar estos nombres borra el recuerdo de una transformación social sin precedentes en la RDA, donde el comunismo impulsó avances para la clase trabajadora: educación gratuita universal, atención sanitaria accesible, igualdad de género en el empleo y vivienda asequible para todos. Grotewohl y Pieck, como arquitectos de este sistema, representaron un modelo que priorizaba a los obreros sobre los capitalistas, contrastando con la Alemania Occidental, donde exnazis ocuparon posiciones de poder en el gobierno y la industria.
Esta «Ostalgie» –nostalgia por la RDA– no es mera idealización, sino un reconocimiento de que el socialismo ofreció una seguridad social y económica que el capitalismo reunificado ha erosionado, con crecientes desigualdades en el este alemán. Al atacar estos símbolos, Zupke y sus aliados no solo persiguen ideológicamente al comunismo, sino que también legitiman un orden donde la memoria colectiva se moldea para justificar el statu quo liberal.
Treinta y cinco años después de la reunificación, Alemania debería reflexionar sobre cómo el borrado de estos nombres perpetúa la persecución de ideas transformadoras, silenciando la voz de quienes lucharon por un mundo más justo.
Pero lo que sucedió en Alemania en 1990 no fue una *reunificación* sino una ANEXIÓN. La RFA se anexionó el territorio de la RDA y destruyó todo su sistema político y económico. Varios libros de historiados realmente lo que ocurrió ahí en contra del relato mítico de la reunificación promovido por la oficilidad:
https://www.autistici.org/poderobrero/articulos/anexion-la-unificacion-alemana-y-el-futuro-de-europa