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Gaza no es solo un objetivo militar, sino un trofeo territorial para un proyecto imperialista que busca redibujar el mapa de Oriente Medio.
Por Ernesto Vílchez | 18/09/2025
Las recientes declaraciones del ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, han destapado una vez más la verdadera cara del régimen sionista y su principal aliado, Estados Unidos. En un acto de cinismo sin precedentes, Smotrich ha afirmado que está en negociaciones con Washington para decidir cómo repartirse la Franja de Gaza, un territorio palestino que lleva décadas bajo asedio, bombardeos y una ocupación brutal.
Estas palabras no solo son bochornosas, sino que confirman lo que muchos han denunciado durante años: los planes imperialistas de Israel y EE.UU para anexarse territorio palestino a través de la violencia, el desplazamiento forzado y el genocidio.
El ministro israelí no se anda con rodeos. Habla de Gaza como si fuera un botín de guerra, un pastel a repartir entre colonos y sus patrocinadores estadounidenses, ignorando por completo los derechos, la dignidad y la vida de los millones de palestinos que han resistido décadas de opresión.
Este discurso no es nuevo, pero su descaro marca un punto de inflexión. Mientras Israel intensifica sus ataques contra civiles en Gaza, matando a miles y desplazando a cientos de miles, Smotrich y sus aliados en Washington ya están negociando cómo dividir las tierras empapadas de sangre palestina.
El papel de Estados Unidos en este crimen es innegable. Sin su apoyo militar, económico y político, el régimen sionista no podría sostener su maquinaria de guerra ni su proyecto colonial. Los miles de millones de dólares en ayuda militar, los vetos en la ONU y la complicidad mediática de Occidente han permitido que Israel actúe con total impunidad.
Las declaraciones de Smotrich no son un desliz, sino la confirmación de una estrategia conjunta: Gaza no es solo un objetivo militar, sino un trofeo territorial para un proyecto imperialista que busca redibujar el mapa de Oriente Medio a favor de los intereses de Washington y Tel Aviv.
Lo que está ocurriendo en Gaza es un genocidio a plena luz del día. Los bombardeos indiscriminados, la destrucción de hospitales, escuelas y hogares, y la expulsión sistemática de la población palestina no son «daños colaterales» de una guerra, como los propagandistas de Israel y EE.UU quieren hacernos creer. Son parte de un plan deliberado para limpiar étnicamente el territorio y anexarlo, ya sea para expandir los asentamientos ilegales o para explotar los recursos naturales de la zona, como los yacimientos de gas frente a las costas de Gaza.
La comunidad internacional no puede seguir tolerando este robo de tierras ni el genocidio que lo acompaña. Las palabras de Smotrich no son un mero exabrupto, sino la confirmación de una agenda colonial que viola el derecho internacional, pisotea los derechos humanos y perpetúa una de las mayores injusticias de nuestro tiempo. Es hora de que los gobiernos, las organizaciones y los pueblos del mundo alcen la voz y exijan responsabilidades. Boicot, desinversiones y sanciones al régimen sionista son más necesarios que nunca. La complicidad de EE.UU debe ser denunciada con la misma contundencia. No hay excusa para el silencio ante un crimen tan evidente. Gaza no es un trofeo. Es la tierra de un pueblo que resiste, que vive y que merece justicia. Es hora de actuar.
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