El reto a la vejez y a la dependencia

Por Victoria Portas


Es el momento de enfrentarnos a la situación real que estamos viviendo para así poder encontrar salidas basadas en el estado de bienestar social.

Nuestro estilo de vida cambia a pasos agigantados. En la actualidad las familias monoparentales son un número muy elevado, los avances médico-sanitarios logran que la esperanza de vida sea cada vez mayor, y los tecnológicos que cada vez necesitemos menos esfuerzo físico para llevar a cabo determinados trabajos. Todos ellos avances que aterrizaron demasiado deprisa en nuestra sociedad y que los gobiernos tildan de “problemas”, es increíble que un avance de la sociedad sea un problema para los gobiernos de turno, obviamente su asignatura pendiente.

Quiero centrarme en la esperanza de vida, que gracias a la combinación de diferentes avances aumentó considerablemente. Según datos del 2018 se sitúa en los 83,4 años frente a los 80 años de hace una década, pero esto conlleva que el número de personas dependientes también se eleve, siendo ya  1.329.829 personas reconocidas con ayuda.

Esta situación va pareja con lo que si es una realidad, en el 2018 unas 56.700 personas abandonaron el mercado laboral por ocuparse de un familiar dependiente o discapacitado. 1.200 son gallegos, superando así el medio millón de personas (595.700), un 10,5% más con respecto al 2017 y que en Galicia representó un 29% siendo el 94% mujeres. Ésta decisión no se toma de forma voluntaria. Es más, el 55% lo hace porque  su sueldo no cubre los servicios profesionales adecuados para el cuidado de su familiar.

El capitalismo lleva tiempo marcándonos un camino de individualismo y consumismo, una vida donde los mayores ya no tienen más que un papel residual como significado del estado de bienestar social cuando realmente son los principios para dinamitar los cimientos de nuestro pacto social. Derechos y cuidados que se puedan comprar con dinero mientras el resto de la sociedad caeremos en la mendicidad de implorar servicios mínimos que solo nos permitirán malvivir.

Que la realidad se ignore por más tiempo no va a implicar nunca encontrar una solución calmada y meditada a la situación, sino la creación de parches que en todo caso siempre son malas soluciones y a costa de los más vulnerables.

Ya empezamos a ver como los grandes capitales y lobbies están haciendo negocio de los cuidados, de los mayores, de la dependencia, de las discapacidades, de la salud, y solamente una sociedad que luche eficazmente contra la precariedad y la desigualdad puede hacer temblar los cimientos del capitalismo más atroz.

Debemos educar en la solidaridad local, para poder reforzar los vínculos sociales, vínculos sociales que pueden contribuir a conseguir fines como que las personas mayores se sientan útiles en su entorno, solidaridad de cuidados y viviendas compartidas, cuidados en el hogar, cuidados de las criaturas, mecanismos de conciliación real , desarrollo de un transporte adecuado para personas discapacitadas y mayor accesibilidad de todos los servicios públicos.  Nuestro objetivo como sociedad no puede ser otro que la de permitir que todas las personas envejezcan donde quieran, rodeadas de su entorno, médico, social y relaciones personales: la atención domiciliaria tiene que ser la política ambiciosa de apoyo personal por la que debemos luchar.

Invertir en el cuidado de las personas y facilitar la conciliación de las familias debe ser ya un asunto de Estado

Quiero que mi gente se convierta en actores da su vida diaria, deben ser actores políticos locales, que apuesten por el emprendimiento social y contra la inicitativa privatizadora del capitalismo. Las políticas sociales de cuidados deben ser un nicho de puestos de trabajo y profesionalidad que dé salida a la sociedad actual, una permuta de servicios donde el principio de solidaridad sea la premisa fundamental.

Pensemos que en la actualidad la paga por cuidados familiares no profesionales se incrementó en un 6.4% y un 10.3%. Si lo comparamos con el 2015, si en la actualidad de 1.329.829 prestaciones concedidas por dependencia, 408.384 son para los cuidadores familiares no profesionales, imaginaos que podrían hacer todas esas personas con formación, conseguiríamos revalorizar y profesionalizar sus conocimientos y experiencia para el día que decidan volver al mercado laboral.

Invertir en el cuidado de las personas y facilitar la conciliación de las familias debe ser ya un asunto de Estado. Señores gobernantes, no tengan miedo en invertir en políticas sociales, invertir en las personas es el mayor legado que podemos facer por la humanidad.

  • Los datos de este artículo fueron recogidos del Informe Discapacidad y Familia. Fundación Adecco.

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