El Renacimiento: Sandro Botticelli

Susana Gómez Nuño

Actualmente, el término Renacimiento designa el arte italiano del siglo XV y principios del XVI, así como sus versiones posteriores en el resto de Europa, marcando el final de la Edad Media y el inicio de un nuevo periodo histórico: la Edad Moderna. De las afirmaciones de Ghiberti y Vasari se desprende que esta época tuvo conciencia de su propia especificidad histórica, estableciéndose como una etapa donde una nueva civilización fuerte y poderosa sustituiría los pasados siglos medievales de oscuridad. 

Así pues, los antecedentes históricos del Renacimiento vienen caracterizados por la decadencia de la época anterior, provocados, principalmente, por el debilitamiento de la Iglesia católica, la gran crisis económica derivada del declive del sistema feudal y una teología escolástica escéptica que dará lugar a la decadencia de las artes y las ciencias. Frente a este ocaso, se buscó la regeneración mediante un regreso a los valores de la cultura clásica grecorromana. Los nuevos descubrimientos geográficos, los nuevos estados centralizados, el auge de la burguesía ciudadana en oposición a los privilegios del poder eclesiástico y la nobleza, los intercambios mercantiles y el progreso técnico y científico, contribuyeron al crecimiento económico que cimentó el recién instaurado capitalismo.

Fragmento de la obra pictórica «El nacimiento de Venus» de Sandro Botticelli

El capitalismo y el progreso técnico favorecerán los cambios sociales en los que una nueva manera de selección, basada en el criterio individual, ganará terreno a los antiguos criterios de nacimiento y tradición. La visión del mundo se desliga de la religión y el teocentrismo medieval, y sitúa al hombre como centro del universo, al tiempo que el humanismo y los nuevos conocimientos adquieren relevancia.

Los componentes básicos del Renacimiento respecto al arte pueden concretarse en los siguientes elementos: una consciencia de renovación que promoverá el establecimiento de teorías sobre las actividades artísticas. Se rescatan los temas de la antigüedad, no copiándolos, sino como bases para la recuperación del espíritu del clasicismo, utilizando una mimesis de la naturaleza en la pintura y una renovación de los modelos clásicos en arquitectura y escultura. Los temas cristianos conviven en armonía con los mitológicos mediante el neoplatonismo. Aparece el antropocentrismo y la medida humana, así como la idea de la belleza derivada de la naturaleza con el hombre en su centro. Destacarán, pues, el estudio de las proporciones del cuerpo y el movimiento del mismo. La representación del paisaje, la introducción de la perspectiva y el establecimiento del arte como ciencia liberal terminan el conjunto de los componentes artísticos característicos del Renacimiento.

Contexto histórico, social y cultural de Sandro Botticelli

Sandro Boticelli y su obra se enmarcan en el periodo inaugural del Renacimiento conocido como Quattrocento (siglo XV), situado entre el Trecento o prerrenacimineto (siglo XIV) y la época que conforma el siglo XVI o Cinquecento.

Durante el Trecento, el foco de atención pasa de Francia a Italia, concretamente a las ciudades de Florencia y Siena, cuyas figuras innovadoras son Giotto di Bondone y Duccio di Buoninsegna, respectivamente. Esta época se caracteriza, a grandes rasgos, por el auge del poder de una burguesía que, finalmente, ostentará la bandera de la racionalidad y mantendrá buenas relaciones con la iglesia, que gracias a un apoyo mutuo, consentirá la humanización de lo divino.   

Autorretrato de Sandro Botticelli en su obra «Adoración de los Magos» (1475)

El Quattrocento pondrá énfasis en la ideología y el arte de la alta burguesía, cuyo sentimiento nacionalista favorecerá su profundo interés en la antigüedad, que mezclará racionalismo y sobriedad puritana. Esta ideología neoplatónica fusionará sus principios con los dogmas cristianos, difuminando los límites entre lo sagrado y lo profano. Por su parte, el pensamiento humanista concebirá un nuevo espacio real introducido por la perspectiva. Se buscará, además, una comprensión científica, más que religiosa, de la naturaleza que dará lugar a nuevas composiciones, todo ello en un contexto que tiende a lo cortesano y aristocrático. En definitiva, una confluencia de elementos heterogéneos tales como antiguedad, neofeudalismo, naturaleza, emotividad y racionalismo, conformarán las características básicas de este periodo.

En el contexto social, el poder descansa en la oligarquía burguesa formada por familias adineradas pertenecientes a los grandes gremios, entre las que destacan los Albizzi, los Uzzao o los Strozzi. No obstante, hacia el 1434, los Médici se alzan con el poder gracias al apoyo de las clases populares y los gremios menores. Florencia alcanza, así, su más alto grado de prestigio político, a pesar de la incipiente decadencia económica.

Lorenzo de Médici

Uno de los factores más importantes del Quattrocento fue el Rinacimento dell’Antichità, es decir, un retorno a las fuentes clásicas mediante un cambio no evolutivo, sino mutacional, en un proceso de innovación o ars nova que implicó un retorno a la naturaleza en pintura, a la antigüedad clásica en arquitectura y un equilibrio entre ambos en la escultura. Respecto a la pintura, es destacable la dicotomía surgida entre el estilo clásico y no clásico de las figuras, que se mantendrá durante algunos decenios en esta época y se intentará superar con una superintensificación del movimiento lineal y una supercomplicación de los esquemas compositivos, que se materializarán en la obra de Botticelli, entre otros.

La pintura de Botticelli representa la exaltación de un esteticismo decorativo y aristocrático, en el que la estructura en arabescos y el preciosismo de los detalles son puesto al servicio de un concepto de arte válido en sí mismo, en un movimiento contrario a la reproducción fiel de la realidad característica de los pintores florentinos que le precedieron. El idealismo platónico del pintor se orienta hacia la belleza, que origina la paganización de lo sagrado, observable en las pinturas de sus Madonnas.

Al mismo tiempo los temas profanos, como el mito, adquieren una visión mística y rasgos del gótico que se configuran en una especie de neogoticismo, que manifiesta una verdad religiosa. El tema mitológico adquiere un significado al margen de la historia y del sentido literal del relato, reproduciendo la nueva moral. Muchas de las grandes obras de Botticelli estarán inspiradas en la temática de la mitología, como El nacimiento de Venus.

«El nacimiento de Venus» (1485) está considerada una de las obras maestras de Botticelli

Ya hacia finales del siglo XV, Florencia se impregna de melancolía al hacerse consciente de su inferioridad política y económica frente a los nuevos estados nacionales que se están formando en Europa. Botticelli refleja esta melancolía y pesimismo latentes en su última etapa, considerada mística, y que estuvo my influenciada por el predicador Savonarola.  

El siglo XVI abre una nueva etapa donde los valores del renacimiento humanista alcanzan su punto culminante: el Cinquecento. Si Florencia había sido la sede del Quattrocento, Roma será ahora el centro de esta nueva época, marcada por un clasicismo equilibrado, claro y sereno que busca formas severas y monumentales, rigor, plenitud y unidad frente al detallismo del periodo anterior. Las figuras más destacadas de esta etapa serán Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel Ángel. Más adelante, el agotamiento del clasicismo producirá una ruptura de los cánones formales y se buscarán nuevas formas de expresión, en un periodo conocido como Manierismo.


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