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España es un país que tras secularizarse tardíamente ha trasladado la tradicional y arraigada religiosidad propia de las creencias sobrenaturales al terreno de las creencias en los fundamentos políticos de las democracias liberales.
Por Lucio Martínez Pereda | 4/09/2025
El últimamente controvertido señor Rufián nos cuenta el resultado final de un largo idealismo ingenuo, muy arraigado en España, que no ve en los jueces personas motivadas por los mismos intereses que condicionan a todo tipo de profesiones.
La democracia liberal -levantada sobre un núcleo fundamentador de 3 o 4 idealismos decimonónicos- hace al menos un lustro que se ha resquebrajado en España. Uno de esos idealismos que confunde lo que “ debe ser” de la teoría política con la realidad de lo que “es” en la práctica cotidiana, es la independencia del poder judicial.
España es un país que tras secularizarse tardíamente ha trasladado la tradicional y arraigada religiosidad propia de las creencias sobrenaturales al terreno de las creencias en los fundamentos políticos de las democracias liberales. De esta ingenuidad asentada y difícil de detectar, se aprovecha hábilmente la derecha española. Una derecha que tiene una larga trayectoria de espertizaje realizado en el aprovechamiento electoral propio de los dobles lenguajes de los puritanismos: primero con el puritanismo religioso -nos vamos de putas pero rezamos a vírgenes- y después : el puritanismo político- constantemente vulneramos la independencia judicial pero clamamos escandalizados a favor de ella.
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