El preacuerdo y los riesgos de gobernar España

Alberto Vila

“La lógica española no puede fallar. El pillo delante del honrado; el ignorante encima del entendido; el funcionario probo debajo, siempre debajo.” Benito Pérez Galdós

Estos años recientes han permitido comprobar tres cosas. Una, la incapacidad de una clase política que convirtió a la gestión institucional en su fuente de ingresos, en lugar de transformarla en una actividad que mejore la vida de las personas. Otra, comprobar la redundante incapacidad de una mayoría de la población en advertir los riesgos que se ciernen sobre sus vidas. La tercera, la antipatriótica e inclusive anticonstitucional, reacción de los grupos financieros que se han lucrado del esfuerzo del conjunto de los españoles.

En cuanto a la primera, el equipo del gobierno en funciones persistió en mantener un relato suicida, que estaba terminando por hacer de su imagen una parodia. Esto, básicamente por incumplir sus promesas electorales. Desvinculaban las propuestas de campaña, con el consiguiente compromiso con los votantes, al posterior rumbo que imprimían a su gestión. En algunos círculos se llegó a afirmar que el acuerdo se hizo por influencia directa de la monarquía. Esto es, esa institución está sintiendo el riesgo creciente de una desafección ciudadana. No está por permitir que partidos definidamente anticonstitucionales sean parte del gobierno de España. Menos, si alientan otras líneas sucesorias.

En cualquier caso, retorcer la coherencia de la realidad puede terminar pasando una factura muy elevada al conjunto ciudadano. La suma de todas las izquierdas territoriales es mayoría en España. Por eso intentan dividirla por cuestiones territoriales.

El crecimiento de Vox, con unos cuadros que han mostrado una indigencia intelectual alarmante, seguramente se debe a la necesidad del statu quo de radicalizar esas posturas. En especial, para alentar que haya cambios constitucionales que modifiquen el estado de cosas de la Transición. Quizá por ello, la monumental cobertura mediática que se les otorgó a sus líderes. Incluida la difusión del grupo de medios de Radio y Televisión Española. Las servidumbres de los grupos mediáticos privados son de sobra conocidas. Sus preferencias también.

En relación a la segunda incompetencia, el resultado electoral demuestra que muchos colectivos sociales no relacionan el sentido de su voto con las consecuencias del mismo. Así, a pesar de los cuatro puntos menos de abstención, la corriente de votantes jubilados, educadores, sanitarios, funcionarios, estudiantes y demás colectivos afectados por las políticas neoliberales, sólo han dejado en evidencia su analfabetismo político y el escaso sentido que le asignan a la responsabilidad de votar. Han votado en contra de sus derechos, a los grandes privatizadores.

El tercer aspecto sumado a los anteriores, es que la elite económica española sigue creyendo que le asiste el derecho a seguir lucrándose, actuando bajo el manto de una legalidad que, un día sí  y otro también, termine por ser corregida desde Bruselas. En el fondo son incapaces de competir. Lo que los convierte en incompetentes. Además de ser fuente de corruptelas. Algunos podrían afirmar que lo que está sucediendo en este país es una crisis de legitimidad institucional. Asimismo, de la inmoralidad que supone la constante labor de los lobistas y comunicadores en nómina. En este momento en el que lees estas líneas, ya están iniciando una campaña de desestabilización del posible gobierno progresista. Recomiendo repasar el concepto de “Golpe de Estado Blando”. Utilizarán al Tribunal Supremo y al Tribunal Constitucional como su ariete y a la ultraderecha como su plataforma parlamentaria. Puro Lawfare.

Estamos ofreciendo al mundo la imagen de una sociedad que asimila al fascismo como natural en una democracia avanzada. Aclárese que el fascismo es enemigo de la democracia. Son anticonstitucionalistas. Ignorarlo es ser su cómplice. Aunque se los trate con deferencia desde las pantallas de los medios masivos de comunicación.

Sólo quedan unas pocas posibilidades para una salida progresista. Luego, si fracasa el intento, llegará la noche.

Menos mal que nos quedarán los toros, el futbol o Gran Hermano VIP. Advertidos estamos.


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