El planeta de los simios

Por Daniel Seixo

«Los animales existen en el mundo por sus propias razones. No fueron hechos para el ser humano, del mismo modo que los negros no fueron hechos para los blancos, ni la mujer para el hombre.»

Alice Walker

«En lo concerniente a la fidelidad, no hay animal más traicionero que el hombre.»

Michel Montaigne

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No me fio de las personas que no respetan a los animales, lo siento, pero es así. Me da igual la orientación política del elemento en cuestión, su nacionalidad o la simpatía que pueda mostrar con otros congéneres humanos. Si una persona se muestra capaz de maltratar a un animal o simplemente le resulta imposible desarrollar cierta empatía por ellos, sin duda eso hace que salten todas mis alarmas. Algo en mi interior me dice que  un personaje que congenia con los animales, no puede ser de fiar.

Con estas palabras, no quiero decir que los animales deban tener los mismos derechos que las personas, ni tampoco pretendo entrar en debates especistas o éticos en un estado en el que el antropocentrismo moral, es llevado a cabo a menudo hasta cuotas inimaginables en cualquier democracia mínimamente desarrollada. Cuando pongo sobre la mesa nuestra relación con los animales, lo hago plenamente consciente de la arcaica barbarie todavía presente en el estado español y de mis propias contradicciones personales y políticas. Porque sí, el animalismo en última instancia también es un movimiento de carácter claramente político.

Sigue resultando necesario comprender de una vez por todas que todos aquellos que muestran una carencia clara de valores éticos y humanos llegando a prolongar la más oscura lógica consumista hasta la explotación y abuso sobre otros seres vivos, nunca podrán ser de fiar

En el estado español las protectoras de animales llegan a recoger a un animal abandonado cada cinco minutos, lo que en el último año arrojó un balance demoledor de más de 138.000 perros y gatos abandonados a su suerte por sus «compañeros» humanos.  Más de cien mil animales abandonados quién sabe si tras un regalo de Navidad, un cumpleaños o simplemente por pasar a suponer un estorbo, para ese viaje soñado con una compañía de aviación cuyos billetes para mascotas son inasumibles para unos dueños ya por otra parte no tan encariñados con sus peludos amigos. Deshacerse de un animal resulta aparentemente sencillo en nuestras sociedades, porque por mucho que nos guste aparentar lo contrario, vivimos en un entorno de absoluta y continua dominación sobre ellos.

Esta muy bien eso de ponerle nombre a nuestras mascotas, llevarlos a pasear al parque o incluso subir alguna que otra foto a nuestras redes sociales con las que conseguir numerosos likes, pero cuando nuestra propia comodidad se nuestra perturbada por nuestra mascota, las cosas vuelven a su sitio, el animal regresa una vez más a la categoría de objeto de la que realmente nunca lo hemos logrado sacar en nuestras sociedades capitalistas. Están bien  esas teorías y mitos que nos cuentan procesos de lenta aclimatación entre el ser humano y el animal, nos complacen las historias de caballos guerreros junto a los grandes conquistadores, perros fieles en las grandes gestas de exploración de nuestro planeta o incluso compañeros animales que nos protegen en la lucha contra el terrorismo, pero cuando uno bucea un poco, cuando se quita las gafas con filtro Hollywood para alterar la realidad, pronto descubre que el papel de esos animales no dista mucho del de la espada, el trineo o cualquier otro objeto inanimado que pueda servirnos para nuestros propios intereses.

En realidad, para el conjunto social, aunque afortunadamente las tendencias cambian, los animales no son más que seres inferiores al servicio de un ser humano centro de la vida en nuestro planeta. Meros peones en un destino superior, en un entorno que nos pertenece.

No es de extrañar por tanto que el 33 por ciento de los abandonos de perros se den durante el primer cuatrimestre del año, la época festiva por excelencia, esa en la que un perro, una tortuga o un lindo gatito pueden suponer el mejor de los regalos para un cachorro de ser humano que en el mejor de los casos lo adoptará como un igual, un amigo inseparable y en el peor de los mismos, simplemente lo utilizará el tiempo necesario hasta que pueda descartarlo y pasar a otra cosa, tal y como se hace con tantos otros juguetes durante estas fechas. El capitalismo, aunado en sus formas y actuaciones con el especismo, propicia que miles de animales sean usados como un bien de consumo con el que agradar a otros seres humanos. Da igual si los beneficiarios de ese regalo no son apenas responsables de si mismos, si la economía familiar no es lo suficientemente segura para mantenerlo durante su vida o si las condiciones del animal no son las adecuadas. Cuando de reglar algo por navidad se trata, los cachorros continuarán siendo siempre los regalos estrella. En concreto, casi la mitad de los perros y más de una tercera parte de los gatos han llegado a su hogar en forma de obsequio, un obsequio que en más ocasiones de las necesarias terminará siendo una condena para esos animales.

En la actualidad vivimos inmersos en una sociedad con escasa conciencia animalista, un sociedad en la que la sangre del toro o la utilidad del animal, medida únicamente por su habilidad en la caza, sigue estando a la orden del día y en la que el número de detenidos e investigados por delitos relacionados con el maltrato o el abandono de animales domésticos fue de 308 el pasado año, un país en la que en ese mismo año se registraron 15.840 infracciones administrativas por maltrato animal o abandono y en el que la legislación para evitar este tipo de casos, sigue situándose entre las más laxas de Europa, ¿pero que esperar de un estado que es todavía a día de hoy congratula de maltratar y asesinar a su propio emblema nacional?

El 33 por ciento de los abandonos de perros se den durante el primer cuatrimestre del año, la época festiva por excelencia, esa en la que un perro, una tortuga o un lindo gatito pueden suponer el mejor de los regalos para un cachorro de ser humano

El maltrato y el abandono animal suponen únicamente el fiel reflejo de nuestra propia lógica social como especie, un reflejo fehaciente de nuestro egoísmo y nuestras más profundas disfunciones potenciadas por el sistema en el que nos vemos inmersos. Por todo esto y como seres aparentemente racionales, estas Navidades, cuando te dispongas a regalar un animal o simplemente a comprarlo, piensa en que existen opciones mejores, piensa en que la adopción o la participación en programas de cuidado y rehabilitación de animales abandonados, desarrollados por múltiples asociaciones en nuestro país, quizás sea una mejor alternativa al consumo desmedido e irracional de seres vivos sin ningún tipo de lógica.

Sigue resultando necesaria una mayor educación animalista en nuestro estado, sigue resultando necesaria una mayor participación de las instituciones públicas en la protección y el cuidado del resto de especies en nuestro país. Pero muy especialmente, sigue resultando necesario comprender de una vez por todas que todos aquellos que muestran una carencia clara de valores éticos y humanos llegando a prolongar la más oscura lógica consumista hasta la explotación y abuso sobre otros seres vivos, nunca podrán ser de fiar. Nunca pueden serlo, aquellos que sin compasión llegan a abusar sistemáticamente de los más débiles.


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