El periodismo pro bono

Por Alberto Vila

“La verdad nunca daña una causa que es justa”.

Mahatma Gandhi.

Pro bono es una expresión latina que significa “para el bien público” y que se usa para referirnos al trabajo voluntario que realizan distintos profesionales. Generalmente, se relaciona con el servicio que los abogados prestan de forma gratuita. Haciendo una analogía para los que nos dedicamos a la función periodística, se podría asimilar a lo que ocurre en los medios alternativos.

Esa actividad no remunerada, al menos directamente, tiene una finalidad de compensar la enorme potencia de las campañas de comunicación de los amos del dinero que pretenden mantener privilegios. Así, muchísimos colegas resisten las sucesivas oleadas de ataques de la máquina del fango, por parte de brigadas de sumisos buenos alumnos a merced de los operadores del sistema, que están en manos de los que controlan el poder.

Ya avanzada la segunda mitad del siglo pasado quedó verificado que, debido a la cantidad de horas que las personas pasan viendo televisión, la cultura común resulta ser más producto de lo que vemos que de lo que leemos. Al medio televisivo deberíamos añadirle el soporte de los terminales móviles, en los que las Redes Sociales tienen un papel determinante. En cualquier caso, a pesar que las personas son influenciadas por lo que ven más que por su afición a la lectura, los formadores de la opinión, los “influencers”, habitan en la palabra escrita. Esta se propaga por todos los soportes imaginables.

Los transmisores de valores, sean cuales sean, masivamente son visuales. Es decir, utilizan el medio televisivo y de Redes como YouTube o similares. Estas plataformas comunicadoras promueven el sesgo egoísta, vulgar y hedonista, que parecen dominar las conductas de las audiencias, y ellas alientan. Alimentan a rebaños sometidos a un estado de frustración constante, en búsqueda de culpabilizar a quienes a su juicio les impiden mantener un consumismo suicida y disfuncional. Ofrecen el debate entre salud o economía. Las víctimas no cuentan. La verdad tampoco. Es un espacio innoble en el que las fake news predominan. Del que los corruptores se valen para abonar sus acciones. En el que los corrompidos se desenvuelven a placer con las vestiduras del engaño y la falacia.

Es allí, desde dónde ha surgido esta contracorriente de personas que combate al predominante engaño mediático a cambio de ningún otro interés más que la búsqueda de la verdad. Ese es su propósito. Es decir, esclarecen las razones de para qué vivimos, para qué trabajamos, cuál es nuestro objetivo profundo, real, el que nos moviliza más allá del dinero, poco o mucho. Esa gente que está combatiendo la batalla de la opinión contra los mercenarios de la palabra. Esa gente merece atención. Defienden la dignidad.

Con mayor o menor fortuna publican en medios digitales alternativos, o en sus propios blogs, con el único fin de frenar el avance de la oscuridad. Para no hacer fácil el triunfo de la mentira. Lo hacen sin pedir nada a cambio. Es una manifestación colectiva de resilientes frente al deseo del poder de monopolizar la opinión publicada. Expresan la emoción genuina que se rebela ante la cotidiana ruidosa mentira absurda, del coro mediático bien alimentado.

Cuando desde esos medios hablan de libertad, en realidad quieren decir libertinaje. Cuando aluden al orden mágico del mercado, simplemente pretenden ocultar los excesos que los han beneficiado.

Es decir, los resistentes que publican sus análisis sobre la realidad diaria, que trabajan “pro bono”, han entendido que la pandemia ha desnudado las miserias del sistema. Son personas que no están sometidas a las servidumbres del dinero. Son los últimos defensores de la moral pública.

Mucho me temo que han venido para quedarse. No podrán callar sus voces. Están buscando la verdad. Escúchalos.

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